La imbécil política de confrontación con Europa, ordenada por Trump, impulsa de nuevo viejos sentimientos como el fin de la alianza atlántica y el cierre de las bases americanas en suelo europeo.
¿Qué le pasa al loco presidente Trump que está rompiendo con los mejores amigos de Estados Unidos y empujándolos a que se alíen con Rusia y China? Ya empiezan a surgir en el Congreso y el Senado numerosos adversarios indignados con Trump, tanto republicanos como demócratas, que le recriminan su afán por destruir la alianza atlántica (OTAN).
Cuando un pueblo elige como gobernante a un demente, termina pagándolo muy caro.
Trump parece un niñato inmaduro que está acelerando, con su ego desmesurado y caprichoso, la decadencia del imperio americano.
Durante su presidencia de 2017 a 2021, Donald Trump adoptó un enfoque "America First" que priorizaba intereses nacionales sobre alianzas tradicionales, lo que generó tensiones con socios clave de Estados Unidos.
Aquella estrategia aislacionista y hostil empujó a países como Alemania, Canadá y Corea del Sur hacia una mayor cooperación con rivales como Rusia y China.
Las disputas comerciales imbéciles de Trump con la Unión Europea y las demandas de mayores contribuciones a la OTAN crearon fisuras en el bloque occidental, permitiendo que Pekín y Moscú expandieran su influencia en regiones como Europa del Este y Asia-Pacífico. Esta dinámica no solo debilitó la cohesión transatlántica, sino que aceleró un realineamiento geopolítico donde antiguos aliados buscaron alternativas para contrarrestar el alejamiento de Washington.
Internamente, la administración Trump enfrenta críticas profundas por manejar las crisis con un estilo autoritario que exacerbó divisiones sociales. En eventos como las protestas en Minneapolis tras la muerte de George Floyd en 2020, el despliegue de fuerzas federales y el discurso polarizante fueron vistos por muchos como un retroceso en derechos civiles, evocando comparaciones con tácticas represivas.
El actual enfoque violento y represor de Trump en las calles de Mineapolis no solo ha intensificado tensiones raciales y políticas dentro de EE.UU., sino que levantó acusaciones de "represión nazi" en la policía de federal y dañó la imagen global de Estados Unidos como faro de democracia.
Países aliados expresan alarma ante lo que perciben como un giro hacia el nacionalismo extremo que facilita narrativas propagandísticas de Rusia y China sobre la decadencia estadounidense.
Utilizando el poder económico y militar de EE.UU. como herramienta coercitiva –a través de aranceles y amenazas–, Trump se enemistó con sus aliados sin lograr nada. Muchas naciones antes próximas a Estados Unidos huyeron de la volatilidad de Washington y se acercaron unieron a bloques alternativos.
La Historia demuestra que los imperios en declive comenten ese tipo de errores que aceleran el hundimiento. El error consiste en priorizar el corto plazo sobre la sostenibilidad estratégica. Ha quedado demostrado por la Historia que elegir líderes como Trump, impulsores de cambios histéricos para frenar la decadencia, suele tener costos elevados para la nación. Si bien Trump logró algunos avances, como acuerdos de paz en Oriente Medio, su legado incluye una aceleración de la multipolaridad global, donde Rusia y China ganan terreno.
La imbecilidad estratégica de Trump obliga a Estados Unidos a pagar un alto precio en forma de alianzas erosionadas y una influencia disminuida, olvidando que el liderazgo eficaz requiere equilibrio entre fuerza y diplomacia, no solo confrontación.
Por este camino, el precipicio de la irrelevancia parece más cercano que la gloria.
Francisco Rubiales
Cuando un pueblo elige como gobernante a un demente, termina pagándolo muy caro.
Trump parece un niñato inmaduro que está acelerando, con su ego desmesurado y caprichoso, la decadencia del imperio americano.
Durante su presidencia de 2017 a 2021, Donald Trump adoptó un enfoque "America First" que priorizaba intereses nacionales sobre alianzas tradicionales, lo que generó tensiones con socios clave de Estados Unidos.
Aquella estrategia aislacionista y hostil empujó a países como Alemania, Canadá y Corea del Sur hacia una mayor cooperación con rivales como Rusia y China.
Las disputas comerciales imbéciles de Trump con la Unión Europea y las demandas de mayores contribuciones a la OTAN crearon fisuras en el bloque occidental, permitiendo que Pekín y Moscú expandieran su influencia en regiones como Europa del Este y Asia-Pacífico. Esta dinámica no solo debilitó la cohesión transatlántica, sino que aceleró un realineamiento geopolítico donde antiguos aliados buscaron alternativas para contrarrestar el alejamiento de Washington.
Internamente, la administración Trump enfrenta críticas profundas por manejar las crisis con un estilo autoritario que exacerbó divisiones sociales. En eventos como las protestas en Minneapolis tras la muerte de George Floyd en 2020, el despliegue de fuerzas federales y el discurso polarizante fueron vistos por muchos como un retroceso en derechos civiles, evocando comparaciones con tácticas represivas.
El actual enfoque violento y represor de Trump en las calles de Mineapolis no solo ha intensificado tensiones raciales y políticas dentro de EE.UU., sino que levantó acusaciones de "represión nazi" en la policía de federal y dañó la imagen global de Estados Unidos como faro de democracia.
Países aliados expresan alarma ante lo que perciben como un giro hacia el nacionalismo extremo que facilita narrativas propagandísticas de Rusia y China sobre la decadencia estadounidense.
Utilizando el poder económico y militar de EE.UU. como herramienta coercitiva –a través de aranceles y amenazas–, Trump se enemistó con sus aliados sin lograr nada. Muchas naciones antes próximas a Estados Unidos huyeron de la volatilidad de Washington y se acercaron unieron a bloques alternativos.
La Historia demuestra que los imperios en declive comenten ese tipo de errores que aceleran el hundimiento. El error consiste en priorizar el corto plazo sobre la sostenibilidad estratégica. Ha quedado demostrado por la Historia que elegir líderes como Trump, impulsores de cambios histéricos para frenar la decadencia, suele tener costos elevados para la nación. Si bien Trump logró algunos avances, como acuerdos de paz en Oriente Medio, su legado incluye una aceleración de la multipolaridad global, donde Rusia y China ganan terreno.
La imbecilidad estratégica de Trump obliga a Estados Unidos a pagar un alto precio en forma de alianzas erosionadas y una influencia disminuida, olvidando que el liderazgo eficaz requiere equilibrio entre fuerza y diplomacia, no solo confrontación.
Por este camino, el precipicio de la irrelevancia parece más cercano que la gloria.
Francisco Rubiales







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