Cada vez que ha gobernado, el PP ha mantenido intactas —o incluso ampliado— las estructuras que permiten al socialismo regenerarse tras cada debacle: desde la financiación autonómica que premia el despilfarro hasta las leyes de memoria histórica que blanquean el totalitarismo comunista. No es incompetencia; es complicidad estructural.
El PP no quiere derrotar al socialismo porque su supervivencia como partido depende de que el socialismo siga existiendo como enemigo domesticado. La prueba palpable es que el PP odia más a VOX, partido colega en la derecha, que al PSOE.
Las derechas tradicionales han demostrado ser incapaces de comprender la naturaleza esclavista del socialismo. No basta con decir que “gasta demasiado” o que “es ineficiente”. El socialismo es una ideología que convierte al individuo en propiedad del Estado, que legitima la violencia como herramienta de redistribución, que sustituye el mérito por la pertenencia tribal y que necesita permanentemente un enemigo (la burguesía, los ricos, los “fachas”, los “negacionistas”) para justificar su coerción.
El PP nunca ha tenido el coraje de enfrentarse abiertamente y nunca ha asumido que el socialismo no es un error económico corregible, sino un proyecto totalitario que tiene que ser derrotado en el plano moral e intelectual antes que en el electoral.
Nunca ha defendido de verdad la libertad, ni ha alzado la bandera de Dios con valentía, ni ha acorralado a los corruptos de la izquierda con la democracia y la ley en la mano. Nunca se ha atrevido a decirle al marxismo que es fabricante de pobres, de esclavos y de muertos vivientes. Jamás se atreve a exigir cárcel para los que aplastan al pueblo.
Por eso el PP fracasa una y otra vez, porque pelea en el terreno que el adversario ha elegido (la gestión), en vez de destruir el relato que lo sostiene.
Por eso los jóvenes y los que aún conservan capacidad de indignación se están yendo en masa hacia VOX y otras derechas sin complejos. No buscan un gestor más amable del mismo régimen, sino una fuerza que declare la guerra cultural e ideológica sin pedir permiso. Quieren alguien que llame totalitarismo al totalitarismo, que denuncie sin eufemismos la esclavitud moderna del intervencionismo asfixiante, que defienda sin vergüenza la libertad individual frente al igualitarismo coercitivo y que no se avergüence de decir que el socialismo, en cualquiera de sus versiones, es incompatible con una sociedad libre.
El PP ya no convence a nadie que piense. Se ha convertido en el último dique que protege al socialismo de una oposición real. Y cuanto más se prolongue su agonía como “alternativa moderada”, más rápido crecerá esa nueva derecha que sí está dispuesta a acabar con él.
Francisco Rubiales
El PP no quiere derrotar al socialismo porque su supervivencia como partido depende de que el socialismo siga existiendo como enemigo domesticado. La prueba palpable es que el PP odia más a VOX, partido colega en la derecha, que al PSOE.
Las derechas tradicionales han demostrado ser incapaces de comprender la naturaleza esclavista del socialismo. No basta con decir que “gasta demasiado” o que “es ineficiente”. El socialismo es una ideología que convierte al individuo en propiedad del Estado, que legitima la violencia como herramienta de redistribución, que sustituye el mérito por la pertenencia tribal y que necesita permanentemente un enemigo (la burguesía, los ricos, los “fachas”, los “negacionistas”) para justificar su coerción.
El PP nunca ha tenido el coraje de enfrentarse abiertamente y nunca ha asumido que el socialismo no es un error económico corregible, sino un proyecto totalitario que tiene que ser derrotado en el plano moral e intelectual antes que en el electoral.
Nunca ha defendido de verdad la libertad, ni ha alzado la bandera de Dios con valentía, ni ha acorralado a los corruptos de la izquierda con la democracia y la ley en la mano. Nunca se ha atrevido a decirle al marxismo que es fabricante de pobres, de esclavos y de muertos vivientes. Jamás se atreve a exigir cárcel para los que aplastan al pueblo.
Por eso el PP fracasa una y otra vez, porque pelea en el terreno que el adversario ha elegido (la gestión), en vez de destruir el relato que lo sostiene.
Por eso los jóvenes y los que aún conservan capacidad de indignación se están yendo en masa hacia VOX y otras derechas sin complejos. No buscan un gestor más amable del mismo régimen, sino una fuerza que declare la guerra cultural e ideológica sin pedir permiso. Quieren alguien que llame totalitarismo al totalitarismo, que denuncie sin eufemismos la esclavitud moderna del intervencionismo asfixiante, que defienda sin vergüenza la libertad individual frente al igualitarismo coercitivo y que no se avergüence de decir que el socialismo, en cualquiera de sus versiones, es incompatible con una sociedad libre.
El PP ya no convence a nadie que piense. Se ha convertido en el último dique que protege al socialismo de una oposición real. Y cuanto más se prolongue su agonía como “alternativa moderada”, más rápido crecerá esa nueva derecha que sí está dispuesta a acabar con él.
Francisco Rubiales








Inicio
Enviar
Versión para Imprimir













Comentarios: