Sánchez y Maduro, una alianza corrupta y antidemocrática
El socialismo, en retroceso en todo el mundo, ha recibido un mazazo terrible con la detención de Maduro con el agravante de que quizás el drama apenas ha comenzado si empezaran a descubrirse las suciedades, negocios mafiosos y otras barbaridades y complicidades del hediondo matrimonio entre socialistas y chavistas.
El dinero del chavismo ha servido también para comprar medios de comunicación que escondan fracasos y corrupciones ante la opinión pública, parte de la cual sigue creyendo que el socialismo redistribuye la riqueza y genera justicia, cuando la realidad es justo la contraria.
Maduro es el producto de un ecosistema ideológico que mezcla victimismo, retórica social, control del Estado y alianzas con el crimen organizado. Durante años, ese sistema ha sido blanqueado por intelectuales, políticos, ONG y medios occidentales que prefirieron ignorar la realidad a cambio de mantener vivo un relato que beneficiaba a la izquierda.
Miles de millones de dólares, sustraídos al pueblo venezolano por los tiranos socialistas chavistas, han servido para financiar revueltas y revoluciones, para mantener a regímenes criminales como el cubano y el nicaragüense, para pagar armamento a Irán y para enriquecer a corruptos socialistas en todo el mundo, entre ellos algunos miembros destacados del PSOE.
La detención de Maduro amenaza con desatar una cascada de revelaciones que podrían desmantelar redes globales de corrupción, tejidas bajo la bandera del socialismo. Con Maduro enfrentando cargos por narcotráfico y terrorismo, las investigaciones judiciales en Nueva York podrían destapar cómo miles de millones robados del petróleo venezolano financiaron no solo a regímenes aliados como Cuba y Nicaragua, sino también a campañas políticas y lobbies en Europa y América Latina.
Este flujo de dinero sucio, muchas veces clandestino y otras disfrazado de solidaridad ideológica, ha permitido que figuras del PSOE y otros partidos socialistas ignoren los horrores del chavismo, desde la represión masiva y la tortura hasta la hambruna inducida, a cambio de beneficios personales y electorales.
El colapso de este castillo de naipes será el principio del fin para un socialismo que ha mutado en cleptocracia transnacional.
Regímenes como el cubano, dependiente de subsidios petroleros venezolanos, y el nicaragüense, sostenido por la retórica antiimperialista compartida, enfrentan ahora un vacío de poder que podría precipitar su propia implosión.
En España, las sombras de escándalos como los vínculos de Zapatero y su familia con negocios chavistas, o los pagos sospechosos a través de PDVSA, podrían salpicar al PSOE y revelar cómo el socialismo europeo ha sido cómplice silencioso de tiranías por conveniencia económica.
Esta detención de Maduro es el detonante que podría enterrar para siempre la ilusión de un socialismo "progresista" que en realidad ha sido sinónimo de opresión y latrocinio. El socialismo, una vez idealizado como salvación de los oprimidos, ha demostrado ser un vehículo para el enriquecimiento ilícito de dirigentes corruptos y la perpetuación de dictaduras.
Si Occidente actúa con determinación, cortando los lazos con estos remanentes del mal, podría inaugurar una era de verdadera democracia liberal, donde el victimismo socialista sea expuesto como la farsa que siempre fue. De lo contrario, mutaciones de este virus ideológico resurgirán y el mundo seguirá empeorando.
Francisco Rubiales
El dinero del chavismo ha servido también para comprar medios de comunicación que escondan fracasos y corrupciones ante la opinión pública, parte de la cual sigue creyendo que el socialismo redistribuye la riqueza y genera justicia, cuando la realidad es justo la contraria.
Maduro es el producto de un ecosistema ideológico que mezcla victimismo, retórica social, control del Estado y alianzas con el crimen organizado. Durante años, ese sistema ha sido blanqueado por intelectuales, políticos, ONG y medios occidentales que prefirieron ignorar la realidad a cambio de mantener vivo un relato que beneficiaba a la izquierda.
Miles de millones de dólares, sustraídos al pueblo venezolano por los tiranos socialistas chavistas, han servido para financiar revueltas y revoluciones, para mantener a regímenes criminales como el cubano y el nicaragüense, para pagar armamento a Irán y para enriquecer a corruptos socialistas en todo el mundo, entre ellos algunos miembros destacados del PSOE.
La detención de Maduro amenaza con desatar una cascada de revelaciones que podrían desmantelar redes globales de corrupción, tejidas bajo la bandera del socialismo. Con Maduro enfrentando cargos por narcotráfico y terrorismo, las investigaciones judiciales en Nueva York podrían destapar cómo miles de millones robados del petróleo venezolano financiaron no solo a regímenes aliados como Cuba y Nicaragua, sino también a campañas políticas y lobbies en Europa y América Latina.
Este flujo de dinero sucio, muchas veces clandestino y otras disfrazado de solidaridad ideológica, ha permitido que figuras del PSOE y otros partidos socialistas ignoren los horrores del chavismo, desde la represión masiva y la tortura hasta la hambruna inducida, a cambio de beneficios personales y electorales.
El colapso de este castillo de naipes será el principio del fin para un socialismo que ha mutado en cleptocracia transnacional.
Regímenes como el cubano, dependiente de subsidios petroleros venezolanos, y el nicaragüense, sostenido por la retórica antiimperialista compartida, enfrentan ahora un vacío de poder que podría precipitar su propia implosión.
En España, las sombras de escándalos como los vínculos de Zapatero y su familia con negocios chavistas, o los pagos sospechosos a través de PDVSA, podrían salpicar al PSOE y revelar cómo el socialismo europeo ha sido cómplice silencioso de tiranías por conveniencia económica.
Esta detención de Maduro es el detonante que podría enterrar para siempre la ilusión de un socialismo "progresista" que en realidad ha sido sinónimo de opresión y latrocinio. El socialismo, una vez idealizado como salvación de los oprimidos, ha demostrado ser un vehículo para el enriquecimiento ilícito de dirigentes corruptos y la perpetuación de dictaduras.
Si Occidente actúa con determinación, cortando los lazos con estos remanentes del mal, podría inaugurar una era de verdadera democracia liberal, donde el victimismo socialista sea expuesto como la farsa que siempre fue. De lo contrario, mutaciones de este virus ideológico resurgirán y el mundo seguirá empeorando.
Francisco Rubiales







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