El rey Felipe ignora el Cuarto Mandamiento, el que exige honrar a tu padre y a tu madre y respetar, amar, obedecer y socorrer a los progenitores. Si su padre muere, abandonado y enfermo en el extranjero, ¿Quién perdonará al actual rey Felipe su cruel comportamiento con quien le dio la vida y la Corona?
El exilio forzado y el maltrato al viejo Rey no solo revela la falta de humanidad del Ejecutivo socialista, sino que también erosiona la Corona, convirtiéndola en rehén de un gobierno acosado por escándalos de corrupción.
Juan Carlos I abandonó España hace más de cinco años, en medio de controversias financieras que, aunque archivadas judicialmente, sirvieron de pretexto para su salida. No fue una decisión voluntaria, sino un exilio orquestado por presiones del gobierno de Sánchez.
Desde 2020, el emérito reside en Emiratos Árabes Unidos, y aunque ha realizado visitas esporádicas –como las regatas en Sanxenxo en 2022–, su retorno permanente sigue "en el limbo".
El gobierno de Sánchez, obsesionado con su agenda ideológica, ha convertido el exilio del Rey viejo en una herramienta para deslegitimar la monarquía tradicional.
Es el resultado de un cálculo político que prioriza la imagen del gobierno sobre la dignidad humana. Es inhumano permitir la muerte lejos de la patria de un anciano enfermo, un acto de crueldad impropio de una sociedad civilizada.
Juan Carlos I, artífice de la Transición democrática y símbolo de la unidad española durante 39 años de reinado, merece un final digno en su país. En cambio, se le condena a un exilio cruel, sin que su propio hijo y heredero lo remedie. Es una impiedad que trasciende lo político, una violación básica de la humanidad impulsada por un sanchismo inmerso en un "viacrucis judicial" con una decena de causas penales por corrupción y poder abusivo.
El exilio del viejo Rey revela la bajeza moral de Sánchez y de su hijo, los dos hombres más poderosos de la España del presente.
Felipe VI, como hijo, debería ser el primer defensor de su padre. En lugar de ello, Felipe ha optado por el distanciamiento, priorizando la "estabilidad" de la Corona sobre el vínculo filial. Esta sumisión al gobierno de Sánchez está "condenando a muerte" la monarquía.
La pérdida de popularidad del actual rey es palpable. Encuestas de 2025 muestran que solo el 43,7% aprueba a Felipe VI, con un 21,1% en contra, mientras los que defienden la Monarquía frente a la República descienden a marchas forzadas y ya son sólo el 50.8 por ciento.
El exilio forzado del viejo rey enfermo debilita la monarquía, convirtiéndola en títere de un Ejecutivo en crisis y un monumento a la ingratitud.
La muerte de Juan Carlos lejos de España, además de impío e inhumano es un error estratégico que acelera el declive monárquico y arroja cieno maloliente sobre el gobierno de Sánchez, atiborrado de bajeza moral.
España merece reconciliarse con su historia. Traigan de vuelta al emérito y déjenlo morir en paz. De lo contrario, la bajeza actual pasará factura a la nación entera.
Francisco Rubiales
El exilio forzado y el maltrato al viejo Rey no solo revela la falta de humanidad del Ejecutivo socialista, sino que también erosiona la Corona, convirtiéndola en rehén de un gobierno acosado por escándalos de corrupción.
Juan Carlos I abandonó España hace más de cinco años, en medio de controversias financieras que, aunque archivadas judicialmente, sirvieron de pretexto para su salida. No fue una decisión voluntaria, sino un exilio orquestado por presiones del gobierno de Sánchez.
Desde 2020, el emérito reside en Emiratos Árabes Unidos, y aunque ha realizado visitas esporádicas –como las regatas en Sanxenxo en 2022–, su retorno permanente sigue "en el limbo".
El gobierno de Sánchez, obsesionado con su agenda ideológica, ha convertido el exilio del Rey viejo en una herramienta para deslegitimar la monarquía tradicional.
Es el resultado de un cálculo político que prioriza la imagen del gobierno sobre la dignidad humana. Es inhumano permitir la muerte lejos de la patria de un anciano enfermo, un acto de crueldad impropio de una sociedad civilizada.
Juan Carlos I, artífice de la Transición democrática y símbolo de la unidad española durante 39 años de reinado, merece un final digno en su país. En cambio, se le condena a un exilio cruel, sin que su propio hijo y heredero lo remedie. Es una impiedad que trasciende lo político, una violación básica de la humanidad impulsada por un sanchismo inmerso en un "viacrucis judicial" con una decena de causas penales por corrupción y poder abusivo.
El exilio del viejo Rey revela la bajeza moral de Sánchez y de su hijo, los dos hombres más poderosos de la España del presente.
Felipe VI, como hijo, debería ser el primer defensor de su padre. En lugar de ello, Felipe ha optado por el distanciamiento, priorizando la "estabilidad" de la Corona sobre el vínculo filial. Esta sumisión al gobierno de Sánchez está "condenando a muerte" la monarquía.
La pérdida de popularidad del actual rey es palpable. Encuestas de 2025 muestran que solo el 43,7% aprueba a Felipe VI, con un 21,1% en contra, mientras los que defienden la Monarquía frente a la República descienden a marchas forzadas y ya son sólo el 50.8 por ciento.
El exilio forzado del viejo rey enfermo debilita la monarquía, convirtiéndola en títere de un Ejecutivo en crisis y un monumento a la ingratitud.
La muerte de Juan Carlos lejos de España, además de impío e inhumano es un error estratégico que acelera el declive monárquico y arroja cieno maloliente sobre el gobierno de Sánchez, atiborrado de bajeza moral.
España merece reconciliarse con su historia. Traigan de vuelta al emérito y déjenlo morir en paz. De lo contrario, la bajeza actual pasará factura a la nación entera.
Francisco Rubiales








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