2026 será un año de lucha, en el PSOE y en la derecha, donde el PP se siente amenazado por el ascenso imparable de VOX
Sánchez está acosado por casos como el de Koldo, con ex altos cargos del PSOE ya en prisión o imputados por tramas de mordidas y contratos amañados; las investigaciones a su esposa Begoña Gómez por tráfico de influencias y malversación; el juicio inminente contra su hermano David por prevaricación; y piezas separadas sobre pagos irregulares en Ferraz que apuntan a financiación opaca del partido, conforman un cerco judicial que se intensificará con vistas orales y posibles nuevas ramificaciones.
Este tsunami de corrupción, agravado por denuncias de acoso sexual en las filas socialistas, erosiona irreversiblemente la credibilidad del Gobierno y del PSOE, que encadena mínimos históricos en encuestas, mientras la mayoría de españoles clama por elecciones anticipadas.
Pero el nuevo año también reserva sombras para Alberto Núñez Feijóo, líder de la oposición, cuya hegemonía en el espacio conservador se ve seriamente amenazada por el ascenso imparable de VOX.
Las últimas encuestas confirman una debilidad inquietante del PP, incapaz de cosechar lo lógica lluvia de votos que debería producirse tras el fracaso del socialismo sanchista, cada día más rechazado y despreciado. Pero es VOX quien se está beneficiando del drama del socialismo corrupto.
La tendencia ascendente de Abascal roza ya el 20% de intención de voto nacional, atrayendo cientos de miles de exvotantes del PP y del PSOE, especialmente entre jóvenes y clases trabajadoras descontentas.
Este crecimiento frena al Partido Popular, que pierde terreno en sus caladeros tradicionales y ve cómo la suma de la derecha, aunque mayoritaria, depende cada vez más de un socio llamado VOX, que condiciona cualquier alternativa de gobierno.
Feijóo, angustiado por esta hemorragia, enfrenta un 2026 donde su proyecto quizás sea moderado en exceso para una España que es ya un frente de guerra infectado de corrupción y polarización.
En definitiva, 2026 será un año crucial para España, una palestra feroz donde chocarán izquierdas y derechas, sinvergüenzas y personas ansiosas de decencia, gobiernos asediados por la corrupción y oposiciones fragmentadas por el radicalismo, gente decente que quiere resurgir y socios corrompidos de Sánchez, catalanes y vascos, con delincuentes en su cúspide y corruptos que sólo saben robar y cavar la fosa de España.
Consigan entradas en primera fila para este duro espectáculo: un capítulo más del suplicio de esta España a la que sus dirigentes alejan de Dios y del bien común, una ópera trágica don luchan el bien y el mal y donde la regeneración o el caos definirán el futuro de la nación.
Francisco Rubiales
Este tsunami de corrupción, agravado por denuncias de acoso sexual en las filas socialistas, erosiona irreversiblemente la credibilidad del Gobierno y del PSOE, que encadena mínimos históricos en encuestas, mientras la mayoría de españoles clama por elecciones anticipadas.
Pero el nuevo año también reserva sombras para Alberto Núñez Feijóo, líder de la oposición, cuya hegemonía en el espacio conservador se ve seriamente amenazada por el ascenso imparable de VOX.
Las últimas encuestas confirman una debilidad inquietante del PP, incapaz de cosechar lo lógica lluvia de votos que debería producirse tras el fracaso del socialismo sanchista, cada día más rechazado y despreciado. Pero es VOX quien se está beneficiando del drama del socialismo corrupto.
La tendencia ascendente de Abascal roza ya el 20% de intención de voto nacional, atrayendo cientos de miles de exvotantes del PP y del PSOE, especialmente entre jóvenes y clases trabajadoras descontentas.
Este crecimiento frena al Partido Popular, que pierde terreno en sus caladeros tradicionales y ve cómo la suma de la derecha, aunque mayoritaria, depende cada vez más de un socio llamado VOX, que condiciona cualquier alternativa de gobierno.
Feijóo, angustiado por esta hemorragia, enfrenta un 2026 donde su proyecto quizás sea moderado en exceso para una España que es ya un frente de guerra infectado de corrupción y polarización.
En definitiva, 2026 será un año crucial para España, una palestra feroz donde chocarán izquierdas y derechas, sinvergüenzas y personas ansiosas de decencia, gobiernos asediados por la corrupción y oposiciones fragmentadas por el radicalismo, gente decente que quiere resurgir y socios corrompidos de Sánchez, catalanes y vascos, con delincuentes en su cúspide y corruptos que sólo saben robar y cavar la fosa de España.
Consigan entradas en primera fila para este duro espectáculo: un capítulo más del suplicio de esta España a la que sus dirigentes alejan de Dios y del bien común, una ópera trágica don luchan el bien y el mal y donde la regeneración o el caos definirán el futuro de la nación.
Francisco Rubiales







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