El crecimiento de VOX acorrala a Sánchez, cuyo socialismo podría ser pronto la tercera fuerza del país, desplazado por la nueva derecha.
Pedro Sánchez se presenta como un baluarte socialista frente al auge de las derechas emergentes en España y el mundo, pero la realidad electoral revela un panorama opuesto. Mientras el PSOE pierde todas las elecciones y languidece con alrededor del 26-27% de intención de voto, VOX experimenta un crecimiento exponencial, alcanzando casi el 20% a nivel nacional y duplicando sus escaños en regiones como Aragón y Extremadura.
VOX capitaliza el descontento con un socialismo percibido como decadente y corrupto y con un PP demasiado blando y complaciente.
Sánchez aspira a la gloria histórica resistiendo tendencias conservadoras, pero su estrategia parece fallida ante un electorado que premia la combatividad de VOX, impulsado por su fuerte defensa de la soberanía y su oposición a la inmigración ilegal masiva, propiciada por el sanchismo.
En lugar de liderar una resistencia ideológica, Sánchez se opone a corrientes globales como el rearme europeo, las posturas de la OTAN o el rechazo a la inmigración masiva, posicionándose en contra de un resurgir de democracias liberales y la condena al socialismo en declive.
Sin embargo, su imagen se asocia cada vez más con la corrupción y el abuso de poder, con una aprobación personal que ronda el 34% favorable frente a un 65% desfavorable, y un rechazo creciente entre los españoles, que lo vinculan a la ruina de servicios básicos como la sanidad, la educación, la vivienda y los transportes, despilfarro y arbitrariedad en la gestión estatal.
Los candidatos socialistas temen que Sánchez intervenga en sus demarcaciones porque resta votos y potencia a las derechas. Es un gafe perdedor al que ningún candidato se atreve a rechazar, por miedo a las represalias.
Escándalos como las investigaciones a su esposa por malversación y a su hermano por tráfico de influencias, sumados a procesamientos de aliados cercanos, refuerzan esta percepción de opresión y codicia, alejándolo de la figura heroica que anhela y convirtiéndolo en símbolo de un gobierno rechazado con virulencia por amplios sectores de la sociedad.
La coalición de Sánchez integra a independentistas catalanes y vascos, incluyendo herederos del terrorismo etarra como EH Bildu, y comunistas a través de Sumar y el PCE, ignorando el legado sangriento del comunismo histórico. Esta alianza con tiranos, golpistas y separatistas no solo viola principios constitucionales, sino que agrava la imagen de un líder rodeado de procesados y encarcelados.
Lejos de la salvación nacional, este entramado refleja cobardía ante el miedo a perder poder, priorizando pactos controvertidos que atacan libertades y dividen al país, mientras VOX capitaliza el descontento con un discurso de firmeza que gana terreno día a día.
Francisco Rubiales
VOX capitaliza el descontento con un socialismo percibido como decadente y corrupto y con un PP demasiado blando y complaciente.
Sánchez aspira a la gloria histórica resistiendo tendencias conservadoras, pero su estrategia parece fallida ante un electorado que premia la combatividad de VOX, impulsado por su fuerte defensa de la soberanía y su oposición a la inmigración ilegal masiva, propiciada por el sanchismo.
En lugar de liderar una resistencia ideológica, Sánchez se opone a corrientes globales como el rearme europeo, las posturas de la OTAN o el rechazo a la inmigración masiva, posicionándose en contra de un resurgir de democracias liberales y la condena al socialismo en declive.
Sin embargo, su imagen se asocia cada vez más con la corrupción y el abuso de poder, con una aprobación personal que ronda el 34% favorable frente a un 65% desfavorable, y un rechazo creciente entre los españoles, que lo vinculan a la ruina de servicios básicos como la sanidad, la educación, la vivienda y los transportes, despilfarro y arbitrariedad en la gestión estatal.
Los candidatos socialistas temen que Sánchez intervenga en sus demarcaciones porque resta votos y potencia a las derechas. Es un gafe perdedor al que ningún candidato se atreve a rechazar, por miedo a las represalias.
Escándalos como las investigaciones a su esposa por malversación y a su hermano por tráfico de influencias, sumados a procesamientos de aliados cercanos, refuerzan esta percepción de opresión y codicia, alejándolo de la figura heroica que anhela y convirtiéndolo en símbolo de un gobierno rechazado con virulencia por amplios sectores de la sociedad.
La coalición de Sánchez integra a independentistas catalanes y vascos, incluyendo herederos del terrorismo etarra como EH Bildu, y comunistas a través de Sumar y el PCE, ignorando el legado sangriento del comunismo histórico. Esta alianza con tiranos, golpistas y separatistas no solo viola principios constitucionales, sino que agrava la imagen de un líder rodeado de procesados y encarcelados.
Lejos de la salvación nacional, este entramado refleja cobardía ante el miedo a perder poder, priorizando pactos controvertidos que atacan libertades y dividen al país, mientras VOX capitaliza el descontento con un discurso de firmeza que gana terreno día a día.
Francisco Rubiales







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