Ua de las cientos de imágenes contra la candidata socialista María Jesús Montero que circulan por las redes
Dos meses después del accidente de Adamuz, la línea de alta velocidad que une a Málaga con Madrid y el resto de España sigue cortada y no abrirá hasta el mes de abril. La Semana Santa será una ruina para la hostelería andaluza y las perdidas para la Costa del Sol superan los 2.000 millones de euros. ¿Quién votará a los ineptos socialistas en Andalucía? La candidata Montero, la de los regalos y privilegios para Cataluña y basura para los andaluces, debe estar temblando.
Montero, vicepresidenta primera del Gobierno, ministra de Hacienda y secretaria general del PSOE de Andalucía, fue proclamada candidata tras recabar el máximo de avales de la militancia andaluza en 2025.
Su designación representó un movimiento claro de Pedro Sánchez para blindar Andalucía como bastión socialista, a través de una figura de máximo peso orgánico y gubernamental. Pero esa cercanía al sanchismo se ha convertido en su cruz.
Las últimas encuestas son demoledoras para el PSOE andaluz. Sitúan al PP de Juanma Moreno con ventajas de hasta 20 puntos, rozando incluso la mayoría absoluta, mientras el PSOE se hunde.
VOX aparece en algunos barómetros como una fuerza capaz de sobrepasar al PSOE, colocándose en la segunda posición, lo que agravaría aún más el batacazo socialista.
El presente y el pasado de María Jesús Montero pesan como una losa de plomo. Los mimos y concesiones socialistas a catalanes y vasos irritan a los andaluces, que se sienten maltratados por la que ahora pide sus votos.
Su trayectoria como ministra de Hacienda la asocia con las decisiones más controvertidas del Gobierno central: subidas de impuestos, incremento del gasto público en niveles récord, déficits persistentes y una gestión que muchos andaluces perciben como alejada de las prioridades reales de una comunidad con altos niveles de desempleo estructural, precariedad y dependencia de sectores como el turismo y la agricultura.
A ello se suma el desgaste acumulado por casos de corrupción que han salpicado al PSOE andaluz en los últimos años (ERE, fondos COVID, tramas varias), que han minado la credibilidad del partido, incluso entre su electorado tradicional.
La llegada de Montero no ha supuesto una renovación, sino todo lo contrario. Muchos la ven como la encarnación del continuismo sanchista en su versión más dura y ortodoxa.
Si la derrota se confirma —y todo apunta a que será aplastante—, sería la derrota simbólica y política más grave del sanchismo como proyecto.
Andalucía, con sus más de ocho millones de habitantes y su peso electoral decisivo en cualquier ecuación nacional, ha sido tradicionalmente el gran granero de votos socialistas. La derrota contundente de la Montero enviaría un mensaje inequívoco: el sanchismo es un cadáver.
Las elecciones andaluzas serán el principio del fin de una era en el PSOE. La "Chiqui" Montero, aupada como salvadora por Ferraz, corre el riesgo de convertirse en el rostro visible de su mayor debacle. Y si cae con estrépito, el sanchismo no se recuperará en décadas de esa herida mortal.
Quedan meses por delante, pero el termómetro electoral ya marca temperaturas bajo cero para el PSOE en Andalucía.
Francisco Rubiales
Montero, vicepresidenta primera del Gobierno, ministra de Hacienda y secretaria general del PSOE de Andalucía, fue proclamada candidata tras recabar el máximo de avales de la militancia andaluza en 2025.
Su designación representó un movimiento claro de Pedro Sánchez para blindar Andalucía como bastión socialista, a través de una figura de máximo peso orgánico y gubernamental. Pero esa cercanía al sanchismo se ha convertido en su cruz.
Las últimas encuestas son demoledoras para el PSOE andaluz. Sitúan al PP de Juanma Moreno con ventajas de hasta 20 puntos, rozando incluso la mayoría absoluta, mientras el PSOE se hunde.
VOX aparece en algunos barómetros como una fuerza capaz de sobrepasar al PSOE, colocándose en la segunda posición, lo que agravaría aún más el batacazo socialista.
El presente y el pasado de María Jesús Montero pesan como una losa de plomo. Los mimos y concesiones socialistas a catalanes y vasos irritan a los andaluces, que se sienten maltratados por la que ahora pide sus votos.
Su trayectoria como ministra de Hacienda la asocia con las decisiones más controvertidas del Gobierno central: subidas de impuestos, incremento del gasto público en niveles récord, déficits persistentes y una gestión que muchos andaluces perciben como alejada de las prioridades reales de una comunidad con altos niveles de desempleo estructural, precariedad y dependencia de sectores como el turismo y la agricultura.
A ello se suma el desgaste acumulado por casos de corrupción que han salpicado al PSOE andaluz en los últimos años (ERE, fondos COVID, tramas varias), que han minado la credibilidad del partido, incluso entre su electorado tradicional.
La llegada de Montero no ha supuesto una renovación, sino todo lo contrario. Muchos la ven como la encarnación del continuismo sanchista en su versión más dura y ortodoxa.
Si la derrota se confirma —y todo apunta a que será aplastante—, sería la derrota simbólica y política más grave del sanchismo como proyecto.
Andalucía, con sus más de ocho millones de habitantes y su peso electoral decisivo en cualquier ecuación nacional, ha sido tradicionalmente el gran granero de votos socialistas. La derrota contundente de la Montero enviaría un mensaje inequívoco: el sanchismo es un cadáver.
Las elecciones andaluzas serán el principio del fin de una era en el PSOE. La "Chiqui" Montero, aupada como salvadora por Ferraz, corre el riesgo de convertirse en el rostro visible de su mayor debacle. Y si cae con estrépito, el sanchismo no se recuperará en décadas de esa herida mortal.
Quedan meses por delante, pero el termómetro electoral ya marca temperaturas bajo cero para el PSOE en Andalucía.
Francisco Rubiales







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