Si no se entienden y echan a Sánchez, el pueblo soberano se volverá contra ellos y les castigará severamente
Las dos derechas españolas, PP y VOX, tienen un mandato que cumplir: entenderse para expulsar al sanchismo del poder. Las urnas de las últimas elecciones autonómicas en Extremadura, Aragón y Castilla y León han hablado con claridad meridiana.
En estas tres comunidades, los ciudadanos otorgaron a las fuerzas del centro-derecha y la derecha los escaños necesarios para formar mayorías alternativas al PSOE, rechazando de forma explícita la continuidad de un proyecto político basado en la corrupción, la mentira institucionalizada y la erosión de la convivencia.
Los dos partidos unidos tienen una sólida mayoría absoluta, lo que equivale a tener poder suficiente para cambiar el país y borrar las marranadas sanchistas.
No se trata de un capricho ni de una opción táctica: es una orden directa del pueblo soberano, que exige unidad para restaurar la dignidad de las instituciones y poner fin al saqueo moral y económico que define al sanchismo. Este mandato no admite excusas ni matices. PP y VOX representan, cada una en su legítimo espacio, el rechazo mayoritario a un Gobierno que ha convertido la mentira en método de Estado y la corrupción en práctica habitual.
Los votantes no piden debates estériles ni egos personales. Han pedido pactos estables que garanticen gobiernos eficaces, presupuestos responsables y políticas que prioricen el interés nacional sobre los caprichos separatistas o los experimentos woke. Obedecer ese mandato no es traición a los principios, sino fidelidad al único principio que realmente importa en democracia: la voluntad popular expresada en las urnas.
Si PP y VOX ignoran esta orden ciudadana, cometerán un error histórico de consecuencias devastadoras.
El sanchismo, acorralado por sus propios escándalos y por la evidencia de su mendacidad, solo puede sobrevivir si la derecha se fragmenta y se devora a sí misma. Cada día que pasa sin acuerdos sólidos es un día regalado a Sánchez para seguir comprando voluntades con dinero público, indultando golpistas y destruyendo el Estado de Derecho.
La historia juzgará sin piedad a quienes, pudiendo solucionar el drama del sanchismo, prefirieron mantenerlo por orgullo o cálculo corto.
El pueblo español, harto ya de tanto engaño y de tanto desgobierno, no perdonará una nueva traición. Si las dos derechas anteponen sus diferencias secundarias al mandato recibido, las próximas elecciones les pasarán factura sin contemplaciones. Los ciudadanos castigarán con el mismo rigor con el que antes les premiaron, devolviendo el poder a los corruptos sanchistas.
No hay tercera vía posible. Entenderse o desaparecer: esa es la disyuntiva que las urnas han impuesto y que PP y VOX tienen el deber inexcusable de cumplir.
Francisco Rubiales
En estas tres comunidades, los ciudadanos otorgaron a las fuerzas del centro-derecha y la derecha los escaños necesarios para formar mayorías alternativas al PSOE, rechazando de forma explícita la continuidad de un proyecto político basado en la corrupción, la mentira institucionalizada y la erosión de la convivencia.
Los dos partidos unidos tienen una sólida mayoría absoluta, lo que equivale a tener poder suficiente para cambiar el país y borrar las marranadas sanchistas.
No se trata de un capricho ni de una opción táctica: es una orden directa del pueblo soberano, que exige unidad para restaurar la dignidad de las instituciones y poner fin al saqueo moral y económico que define al sanchismo. Este mandato no admite excusas ni matices. PP y VOX representan, cada una en su legítimo espacio, el rechazo mayoritario a un Gobierno que ha convertido la mentira en método de Estado y la corrupción en práctica habitual.
Los votantes no piden debates estériles ni egos personales. Han pedido pactos estables que garanticen gobiernos eficaces, presupuestos responsables y políticas que prioricen el interés nacional sobre los caprichos separatistas o los experimentos woke. Obedecer ese mandato no es traición a los principios, sino fidelidad al único principio que realmente importa en democracia: la voluntad popular expresada en las urnas.
Si PP y VOX ignoran esta orden ciudadana, cometerán un error histórico de consecuencias devastadoras.
El sanchismo, acorralado por sus propios escándalos y por la evidencia de su mendacidad, solo puede sobrevivir si la derecha se fragmenta y se devora a sí misma. Cada día que pasa sin acuerdos sólidos es un día regalado a Sánchez para seguir comprando voluntades con dinero público, indultando golpistas y destruyendo el Estado de Derecho.
La historia juzgará sin piedad a quienes, pudiendo solucionar el drama del sanchismo, prefirieron mantenerlo por orgullo o cálculo corto.
El pueblo español, harto ya de tanto engaño y de tanto desgobierno, no perdonará una nueva traición. Si las dos derechas anteponen sus diferencias secundarias al mandato recibido, las próximas elecciones les pasarán factura sin contemplaciones. Los ciudadanos castigarán con el mismo rigor con el que antes les premiaron, devolviendo el poder a los corruptos sanchistas.
No hay tercera vía posible. Entenderse o desaparecer: esa es la disyuntiva que las urnas han impuesto y que PP y VOX tienen el deber inexcusable de cumplir.
Francisco Rubiales







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