Una pancarta enorme que denuncia en varias ciudades de España la inmensa corrupción del gobierno de Sánchez.
¡España apesta a corrupción! El hedor es tan denso que hasta el aire se ha vuelto irrespirable. Un pantano moral donde la podredumbre lo impregna todo, desde los despachos ministeriales hasta el último rincón de la Administración.
Altos cargos y ministros encarcelados por tramas de comisiones y mordidas, familiares del líder con un pie en la cárcel por negocios turbios, clanes enteros de socialistas colocados a sueldo del Estado como si fuera un cortijo familiar, contratos amañados, subvenciones compradas, sobreprecios escandalosos y comisiones que engordan cuentas en paraísos fiscales, amnistías para delincuentes, impunidad para corruptos.
Hace pocos días, Pedro Sánchez cortó el tráfico, ordenó revisar las alcantarillas y movilizó 9 coches de escolta y 30 policías para ir a jugar al ajedrez a un bar de Malasaña.
No es un Gobierno; es una mafia con escaño en el Congreso. Y lo peor es que lo hacen con la cara lavada, vendiéndolo como “progreso”, mientras el pueblo paga la factura con impuestos y miseria. La izquierda ha convertido España en un supermercado de favores donde todo tiene precio y nada tiene honor.
Familias de ministros y altos cargos del PSOE aterrizan en chiringuitos públicos con sueldos de escándalo, sin currículum ni mérito, solo por tener el apellido correcto.
El líder, con su entorno salpicado de investigaciones judiciales, sigue al frente como si nada, blindado y sonriente y rodeado de guardaespaldas y coches oficiales.
Contratos públicos se reparten entre amigos y familiares, subvenciones se otorgan a dedo a ONGs afines y empresas amigas inflan facturas con total descaro. La justicia, maniatada; la Fiscalía, politizada; los medios, comprados o silenciados. Es el festín de los impunes, mientras millones de españoles luchan por llegar a fin de mes. Esto no es gobernar; es saquear a plena luz del día.
España se ha vuelto un asco moral y económico que ya resulta casi imposible de limpiar. La corrupción es el ADN del régimen. Ha destruido la confianza en las instituciones y ha convertido la política en un circo de malabaristas inmunes.
Los ciudadanos decentes miran con asco cómo se dilapidan sus impuestos en enchufes, fiestas. lujos y despilfarros.
Tengo un amigo abogado que bromea diciendo que hasta el mismo Dios ha prohibido a sus ángeles que sobrevuelen España, temeroso de que hasta los espíritus puros del Cielo se infecten con la mugre española.
Otro amigo dijo hace días en un bar de Sevilla que cuando el papa visite España, en el mes de junio, debería traer mascarillas y mucho desinfectante.
La cohesión social se rompe, la moral pública se pudre y el futuro se esfuma. ¿Cuánto más vamos a tolerar?
Pero lo peor de España no son sus ladrones y corruptos instalados en el poder, sino aquellos que han jurado defender la nación y no hacen nada por acabar con la muerte moral que nos impregna a todos. El Rey, la milicia, la Justicia, el periodismo y los ciudadanos demócratas y limpios son lo peor de la nación por su pasividad, cobardía y complicidad con lo que hiede.
Hay que limpiar España ya, sin piedad y sin complejos. No basta con cambiar un partido por otro. Hace falta una cirugía profunda que barra a la casta corrupta y entregue el poder a lo que queda de decente.
Basta de amnistías y pactos con delincuentes. Basta de familias colocadas, robos disfrazados y contratos amañados. España merece un renacimiento moral donde el mérito prime sobre el compadreo y la ley sea igual para todos. El aire está podrido, pero aún hay tiempo para abrir las ventanas y echar a los que lo han ensuciado todo.
O lo hacemos ahora, o España se hunde para siempre en su propia inmundicia.
Francisco Rubiales
Altos cargos y ministros encarcelados por tramas de comisiones y mordidas, familiares del líder con un pie en la cárcel por negocios turbios, clanes enteros de socialistas colocados a sueldo del Estado como si fuera un cortijo familiar, contratos amañados, subvenciones compradas, sobreprecios escandalosos y comisiones que engordan cuentas en paraísos fiscales, amnistías para delincuentes, impunidad para corruptos.
Hace pocos días, Pedro Sánchez cortó el tráfico, ordenó revisar las alcantarillas y movilizó 9 coches de escolta y 30 policías para ir a jugar al ajedrez a un bar de Malasaña.
No es un Gobierno; es una mafia con escaño en el Congreso. Y lo peor es que lo hacen con la cara lavada, vendiéndolo como “progreso”, mientras el pueblo paga la factura con impuestos y miseria. La izquierda ha convertido España en un supermercado de favores donde todo tiene precio y nada tiene honor.
Familias de ministros y altos cargos del PSOE aterrizan en chiringuitos públicos con sueldos de escándalo, sin currículum ni mérito, solo por tener el apellido correcto.
El líder, con su entorno salpicado de investigaciones judiciales, sigue al frente como si nada, blindado y sonriente y rodeado de guardaespaldas y coches oficiales.
Contratos públicos se reparten entre amigos y familiares, subvenciones se otorgan a dedo a ONGs afines y empresas amigas inflan facturas con total descaro. La justicia, maniatada; la Fiscalía, politizada; los medios, comprados o silenciados. Es el festín de los impunes, mientras millones de españoles luchan por llegar a fin de mes. Esto no es gobernar; es saquear a plena luz del día.
España se ha vuelto un asco moral y económico que ya resulta casi imposible de limpiar. La corrupción es el ADN del régimen. Ha destruido la confianza en las instituciones y ha convertido la política en un circo de malabaristas inmunes.
Los ciudadanos decentes miran con asco cómo se dilapidan sus impuestos en enchufes, fiestas. lujos y despilfarros.
Tengo un amigo abogado que bromea diciendo que hasta el mismo Dios ha prohibido a sus ángeles que sobrevuelen España, temeroso de que hasta los espíritus puros del Cielo se infecten con la mugre española.
Otro amigo dijo hace días en un bar de Sevilla que cuando el papa visite España, en el mes de junio, debería traer mascarillas y mucho desinfectante.
La cohesión social se rompe, la moral pública se pudre y el futuro se esfuma. ¿Cuánto más vamos a tolerar?
Pero lo peor de España no son sus ladrones y corruptos instalados en el poder, sino aquellos que han jurado defender la nación y no hacen nada por acabar con la muerte moral que nos impregna a todos. El Rey, la milicia, la Justicia, el periodismo y los ciudadanos demócratas y limpios son lo peor de la nación por su pasividad, cobardía y complicidad con lo que hiede.
Hay que limpiar España ya, sin piedad y sin complejos. No basta con cambiar un partido por otro. Hace falta una cirugía profunda que barra a la casta corrupta y entregue el poder a lo que queda de decente.
Basta de amnistías y pactos con delincuentes. Basta de familias colocadas, robos disfrazados y contratos amañados. España merece un renacimiento moral donde el mérito prime sobre el compadreo y la ley sea igual para todos. El aire está podrido, pero aún hay tiempo para abrir las ventanas y echar a los que lo han ensuciado todo.
O lo hacemos ahora, o España se hunde para siempre en su propia inmundicia.
Francisco Rubiales







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