Dos estilos opuestos: crispación y fracaso en Sánchez, eficaia amable en Moreno Bonilla
Este estilo sereno y dialogante no es debilidad, sino la demostración más clara de que la derecha puede gobernar con eficacia, sin necesidad de bajar al fango de la polarización.
Mientras Sánchez y sus aliados convierten cada tribuna en un campo de batalla ideológico, Moreno ha convertido Andalucía —región históricamente castigada por el clientelismo socialista— en un ejemplo de gestión responsable: bajada de impuestos, atracción de inversión extranjera, simplificación administrativa y defensa sin complejos de la unidad de España.
Algunos expertos señalan a Moreno Bonilla como un eficaz antídoto frente a VOX, partido que cree sin parar y al que las estrategias desplegadas por el PP hasta, basadas en la hostilidad y el ataque agrio, ahora no le han servido para derrotarlo.
Sus adversarios le acusan de ser débil frente a la dictadura de Sánchez y de no haber eliminado radicalmente la influencia del PSOE en Andalucía, pero los datos y resultados de su mandato hablan en su favor.
Los datos no mienten: el PP andaluz ha ampliado su ventaja electoral en cada consulta, captando votantes moderados y desencantados que huyen del ruido y la división. Es precisamente esa normalidad constructiva la que lo convierte en un referente nacional, capaz de seducir más allá de su feudo y de desmontar el relato de que solo el grito y la confrontación funcionan en política.
El horizonte es inapelable. Cuando el sanchismo quede reducido a cenizas en las urnas andaluzas, Moreno no solo habrá consolidado su bastión, sino que habrá demostrado al conjunto de España que existe una derecha moderna, ganadora y sin traumas.
Frente a la hiperliderazgo mediático de Ayuso, la proyección del dirigente andaluz es sólida porque nace de resultados tangibles y de un mensaje inclusivo que une en lugar de enfrentar.
Ese liderazgo sin estridencias será el que reconstruya el país después del desastre sanchista, el que recupere la concordia y el que devuelva al PP su vocación de mayoría absoluta.
Juan Manuel Moreno Bonilla más que una opción regional es el futuro indiscutible de la derecha española.
Francisco Rubiales
Mientras Sánchez y sus aliados convierten cada tribuna en un campo de batalla ideológico, Moreno ha convertido Andalucía —región históricamente castigada por el clientelismo socialista— en un ejemplo de gestión responsable: bajada de impuestos, atracción de inversión extranjera, simplificación administrativa y defensa sin complejos de la unidad de España.
Algunos expertos señalan a Moreno Bonilla como un eficaz antídoto frente a VOX, partido que cree sin parar y al que las estrategias desplegadas por el PP hasta, basadas en la hostilidad y el ataque agrio, ahora no le han servido para derrotarlo.
Sus adversarios le acusan de ser débil frente a la dictadura de Sánchez y de no haber eliminado radicalmente la influencia del PSOE en Andalucía, pero los datos y resultados de su mandato hablan en su favor.
Los datos no mienten: el PP andaluz ha ampliado su ventaja electoral en cada consulta, captando votantes moderados y desencantados que huyen del ruido y la división. Es precisamente esa normalidad constructiva la que lo convierte en un referente nacional, capaz de seducir más allá de su feudo y de desmontar el relato de que solo el grito y la confrontación funcionan en política.
El horizonte es inapelable. Cuando el sanchismo quede reducido a cenizas en las urnas andaluzas, Moreno no solo habrá consolidado su bastión, sino que habrá demostrado al conjunto de España que existe una derecha moderna, ganadora y sin traumas.
Frente a la hiperliderazgo mediático de Ayuso, la proyección del dirigente andaluz es sólida porque nace de resultados tangibles y de un mensaje inclusivo que une en lugar de enfrentar.
Ese liderazgo sin estridencias será el que reconstruya el país después del desastre sanchista, el que recupere la concordia y el que devuelva al PP su vocación de mayoría absoluta.
Juan Manuel Moreno Bonilla más que una opción regional es el futuro indiscutible de la derecha española.
Francisco Rubiales







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