Mientras el país se hunde en la corrupción, la división y la decadencia moral, el periodismo independiente, junto con un puñado de jueces honrados, se erige como la única voz que aún osa denunciar la podredumbre. Sin ese periodismo de combate, España sería una dictadura blanda con máscara de democracia.
El periodismo crítico no sólo informa, ¡desenmascara!; No sólo opina; ¡desafía! Y en esta hora oscura, su valor es incalculable, porque ilumina lo que el régimen quiere ocultar y despierta a una ciudadanía anestesiada por la propaganda oficial.
El sanchismo es un proyecto autoritario que avanza hacia la tiranía con pasos premeditados, corrompiendo la Justicia, comprando al Parlamento con indultos y separatismos, y dejando al Jefe del Estado y a las Fuerzas Armadas como meros espectadores mudos.
Sánchez pretende mantenerse en el poder cueste lo que cueste, pactando con comunistas, ex terroristas, golpistas y radicales que desprecian la Constitución.
Cuando la Jefatura del Estado guarda silencio cómplice, la Milicia permanece neutral por disciplina, la Justicia se politiza y el Parlamento se convierte en un circo de aplausos pagados, ¿Quién queda para frenar al déspota? Solo el periodismo democrático, ese que no se arrodilla ante subvenciones ni amenazas, y la ciudadanía libre y decente que aún cree en la verdad por encima de las urnas manipuladas.
¡Ellos son la última línea de defensa!
El periodismo libre no pide permiso ni subsidios: denuncia, investiga y grita lo que los demás callan por miedo o conveniencia. En esta España subyugada, donde el sanchismo ha convertido los medios públicos en megáfonos del régimen y persigue a los independientes con inspecciones fiscales y campañas de descrédito, el valor de un periodismo crítico radica en su capacidad para mantener viva la llama de la ética política y la rendición de cuentas.
Sin el periodismo libre, el sátrapa gobernaría en la oscuridad total, sin oposición real, sin memoria histórica.
Los periodistas honestos no son enemigos del Estado. Son los guardianes de la democracia cuando los demás la traicionan. Y la ciudadanía decente, esa que rechaza la mentira institucionalizada, debe ampararlos, compartirlos y defenderlos como se defiende la propia libertad.
Si las instituciones fallan después de haber sido castradas, el periodismo democrático y la ciudadanía libre son los únicos que pueden parar esta deriva tiránica. España no se salvará con pactos de pasillo ni con esperas electorales eternas; se salvará cuando el periodismo crítico exponga sin piedad la corrupción sanchista y la ciudadanía decente se levante con indignación y votos.
El valor de esa prensa libre es la diferencia entre una nación esclavizada y un pueblo que recupera su dignidad. El periodismo honesto y la gente de bien no se rinden y son la voz que el sanchismo teme, porque saben que la verdad, cuando se grita sin cadenas, derriba imperios de mentira.
Francisco Rubiales
El periodismo crítico no sólo informa, ¡desenmascara!; No sólo opina; ¡desafía! Y en esta hora oscura, su valor es incalculable, porque ilumina lo que el régimen quiere ocultar y despierta a una ciudadanía anestesiada por la propaganda oficial.
El sanchismo es un proyecto autoritario que avanza hacia la tiranía con pasos premeditados, corrompiendo la Justicia, comprando al Parlamento con indultos y separatismos, y dejando al Jefe del Estado y a las Fuerzas Armadas como meros espectadores mudos.
Sánchez pretende mantenerse en el poder cueste lo que cueste, pactando con comunistas, ex terroristas, golpistas y radicales que desprecian la Constitución.
Cuando la Jefatura del Estado guarda silencio cómplice, la Milicia permanece neutral por disciplina, la Justicia se politiza y el Parlamento se convierte en un circo de aplausos pagados, ¿Quién queda para frenar al déspota? Solo el periodismo democrático, ese que no se arrodilla ante subvenciones ni amenazas, y la ciudadanía libre y decente que aún cree en la verdad por encima de las urnas manipuladas.
¡Ellos son la última línea de defensa!
El periodismo libre no pide permiso ni subsidios: denuncia, investiga y grita lo que los demás callan por miedo o conveniencia. En esta España subyugada, donde el sanchismo ha convertido los medios públicos en megáfonos del régimen y persigue a los independientes con inspecciones fiscales y campañas de descrédito, el valor de un periodismo crítico radica en su capacidad para mantener viva la llama de la ética política y la rendición de cuentas.
Sin el periodismo libre, el sátrapa gobernaría en la oscuridad total, sin oposición real, sin memoria histórica.
Los periodistas honestos no son enemigos del Estado. Son los guardianes de la democracia cuando los demás la traicionan. Y la ciudadanía decente, esa que rechaza la mentira institucionalizada, debe ampararlos, compartirlos y defenderlos como se defiende la propia libertad.
Si las instituciones fallan después de haber sido castradas, el periodismo democrático y la ciudadanía libre son los únicos que pueden parar esta deriva tiránica. España no se salvará con pactos de pasillo ni con esperas electorales eternas; se salvará cuando el periodismo crítico exponga sin piedad la corrupción sanchista y la ciudadanía decente se levante con indignación y votos.
El valor de esa prensa libre es la diferencia entre una nación esclavizada y un pueblo que recupera su dignidad. El periodismo honesto y la gente de bien no se rinden y son la voz que el sanchismo teme, porque saben que la verdad, cuando se grita sin cadenas, derriba imperios de mentira.
Francisco Rubiales








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