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¿QUÉ HACE EXTRAORDINARIO A OCCIDENTE?


Nota

Occidente más que un espacio geográfico es una cultura, una forma de entender la vida, una exaltación de la libertad y los derechos de la persona que ha influido e influye poderosamente en todo el mundo y que generó conquistas como la libertad, el derecho y la democracia, entre otras muchas cosas.

Es una amalgama de valores y rasgos que mezcla lo griego, lo romano, lo judío y lo cristiano, impulsada por países que se convirtieron en potencias, como España, Francia y Gran Bretaña, y por miles de pensadores y filósofos, escritores, artistas y políticos.

La bajeza de los políticos y la cobardía de las instituciones y del pueblo en la actualidad están acabando con Occidente, después de dos milenios largos de hegemonía mundial. La actual clase dirigente es la principal culpable de que Occidente y su cultura estén en decadencia y avancen hacia la derrota.

Publicamos hoy en Voto en Blanco el artículo "¿Qué hace extraordinario a Occidente?", firmado por Carlos Aurelio Caldito y publicado en "Voz ibérica", donde se analizan las razones de la hegemonía occidental y su actual decadencia, un tema crucial para entender nuestro mundo.
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En 2011, Nial Ferguson publicó Civilización. Occidente y el resto. Nial Ferguson es un polémico historiador británico, profesor tanto en Harvard como en Oxford…

La pregunta, para algunos políticamente incorrecta en estos tiempos y fundamentalmente debido a las corrientes de opinión dominantes, y que resume el ensayo de N. Ferguson es: ¿por qué se impuso la civilización europea a las otras civilizaciones existentes en el mundo?

Hay un momento cercano al año 1400 en el que la civilización china estaba en pleno apogeo, los turcos otomanos habían cercado a una débil Constantinopla y era tan solo cuestión de tiempo que cayera lo que aún quedaba del Imperio Romano de Oriente. Y, mientras todo ello sucede Europa Occidental estaba fracturada en multitud de reinos en continuas disputas y guerras, acosados por epidemias y con un nivel de desarrollo tecnológico y científico relativo, más bien tirando a bajo. Al mismo tiempo, lo que hoy llamamos Estados Unidos de Norteamérica era un territorio casi despoblado, habitado por tribus que no eran comparables a los imperios Inca o Azteca de América del Sur y Centroamérica enormemente desarrollados en comparación con el norte…

Y, casi de pronto, a lo largo de unas pocas décadas la balanza se inclina enormemente hacia Occidente. ¿Cuál fue la razón de su sorprendente éxito?

¿Los factores que lo hicieron posible siguen siendo patrimonio exclusivo de los occidentales? ¿O la civilización occidental ha ingresado en un proceso de inevitable decadencia?

Niall Ferguson afirma en su libro que el éxito occidental se debió primordialmente al desarrollo de la ciencia, la fuerza de la ley, la medicina, la sociedad de consumo y la ética del trabajo. La conjunción de dichos factores hizo que Occidente fuera radicalmente diferente al resto del mundo; pero la pregunta que debemos hacernos en este primer cuarto del siglo XXI es si después de quinientos años la situación sigue siendo la misma y el mundo occidental sigue conservando la ventaja desde entonces conseguida.

Niall Ferguson afirma con rotundidad que existe y ha existido una superioridad de occidente sobre el resto del mundo. Pero, después de su afirmación no tiene dudas de que la hegemonía de occidente está en crisis. En la actualidad son las sociedades asiáticas las que tienen ventajas claras en todo aquello que define los procesos civilizatorios.

Aprovecho para animarlos a que lean un texto a mi entender fundamental, un libro que nos obliga a preguntarnos sobre quiénes somos, cuáles son nuestras posibilidades como sociedad…

Como pueden suponer, Ferguson atribuye la superioridad de la civilización occidental a factores tales como que el aprendizaje y la instrucción (basados, obviamente, en actuar, ensayar, unas veces acertar y otras errar…) empujaron a los pueblos de las ciudades-estado (Venecia, Nápoles, Génova…) y las naciones que surgieron hace más de 500 años en Europa Occidental, a competir de una forma no violenta, por lo que las disputas entre vecinos se canalizaron a través del comercio. Esto supuso dar prioridad al derecho de propiedad y a crear situaciones de seguridad jurídica, al mismo tiempo que se le daba una especial importancia a la libertad individual. La sociedad de consumo empujó a su vez Europa Occidental hacia la Revolución Industrial, y la ética del trabajo aportó el cemento, la argamasa necesaria para unir a una sociedad basada en la sana rivalidad.

Evidentemente, en el libro de Ferguson vuelve a plantearse aquello de ¿Por qué algunas naciones tienen éxito y otras fracasan?

Por supuesto, Ferguson coincide con otros economistas y expertos en ciencias sociales en que la razón de la prosperidad está en las instituciones de cada país, las reglas que los propios humanos crean y que influyen en sus incentivos y oportunidades.

Los seres humanos respondemos a los incentivos, pero creamos reglas en la sociedad que generan diferentes patrones de incentivos y eso marca la diferencia.

Los países ricos, los más prósperos, los más desarrollados poseen instituciones que funcionan, como parlamentos o tribunales honestos y reglas que rigen los derechos de propiedad y fomentan la competencia empresarial. Y esas reglas tienden a ser justas, predecibles y se aplican a todos.

No está de más, señalar que Ferguson peca de anglofilia, deja un tanto a un lado la herencia grecolatina y se deja llevar demasiado por la leyenda negra antiespañola y hace hincapié en la superioridad de la religión protestante.

Por supuesto, Ferguson hace mención al hecho de que el olvido de nuestras raíces y valores fundamentales amenaza con derribar los cimientos de nuestra sociedad.

El ocaso de la grandeza

A lo largo de los siglos, Occidente ha disfrutado de un dominio sin precedentes en los campos de la ciencia, la tecnología y la innovación. Sin embargo, esta supremacía no surgió de la nada, sino que fue el fruto de una combinación única de libertad de expresión, capitalismo -economía de mercado- y gobiernos de consenso. Estos pilares fundamentales fomentaron un entorno propicio para el florecimiento del pensamiento crítico, el intercambio de ideas y la recompensa por la creatividad y el mérito.

Desafortunadamente, en las últimas generaciones, hemos sido testigos de un peligroso giro hacia el olvido de estos principios rectores. En lugar de celebrar, mostrar orgullo y transmitir nuestro legado, hemos permitido que se propague un discurso, un relato distorsionado que denigra nuestros logros y fomenta el sentimiento de culpa. Esta amnesia histórica amenaza con erosionar todo lo que hizo que occidente llegara a lo máximo.

El culto del cargo fantasma

En un giro irónico, hemos caído en la trampa del culto del cargo fantasma del que habla Marvin Harris en «Vacas, cerdos, guerras y brujas». Como afirma Harris, hay diferentes culturas que se aferran la idea de la existencia del cargo, pero ¿qué es el cargo? Dependiendo de la época, los nativos de un determinado lugar esperaban la llegada de sus antepasados traídos por buques, aviones… cargados de riquezas y con ello esperaban iniciar una vida nueva ya que esperaban una mejoría global en su nivel de vida. Para ellos el cargo significa el inicio del cielo en la tierra… Son muchos los actuales occidentales que no comprenden el verdadero significado del éxito de occidente y hacen como algunas tribus del Pacífico que construyeron torres de radio de bambú y pistas de aterrizaje falsas, esperando que los aviones acudieran con suministros… Sn muchos en la actualidad los profetas del cargo que insisten en que la riqueza material se crea realmente en algún lugar lejano, no mediante medios naturales, sino sobrenaturales, de forma mágica, o algo parecido.

En la civilización occidental actualmente, en lugar de nutrir y celebrar los valores que nos llevaron a la cima, nos hemos conformado con repetir vacíamente conceptos como «libertad» y «democracia» sin profundizar en su verdadero significado y aplicación práctica. Esta superficialidad amenaza con impedirnos comprender lo que realmente nos hizo prosperar en un tiempo no tan lejano.

La importancia de la propiedad privada y los incentivos

Uno de los pilares fundamentales que hemos pasado por alto es el concepto de propiedad privada y su papel en fomentar la innovación. En gran parte del mundo, la riqueza y los bienes pueden ser confiscados arbitrariamente por regímenes autoritarios, socavando el incentivo para crear y prosperar. En contraste, Occidente ha fomentado un sistema donde la recompensa por el mérito y la creación de valor para los demás es el camino hacia el éxito.

Sin embargo, esta visión ha sido reemplazada por una mentalidad que demoniza al capitalismo, a la economía de mercado, a los empresarios, a la libre empresa, a quienes crean empleo y riqueza y, en suma, prosperidad. Al perder de vista los incentivos que impulsan la innovación, corremos el riesgo de ahogar el mismo espíritu emprendedor que nos llevó a la vanguardia del progreso.

¿Es posible que Occidente renazca?

A pesar de los desafíos a los que nos enfrentamos, no todo está perdido. Tenemos la oportunidad de renacer y reclamar nuestro legado, pero para ello debemos emprender un viaje de redescubrimiento y reafirmación de nuestros valores fundamentales. Debemos reemplazar el discurso de la vergüenza por una celebración orgullosa de nuestros logros, reconociendo que ninguna civilización es perfecta, pero que Occidente ha sido un faro de progreso y libertad en un mundo a menudo sumido en la oscuridad.

Este renacimiento no debe ser un ejercicio de superioridad arrogante, sino una reconciliación con nuestras raíces y una comprensión profunda de lo que nos ha hecho grandes y libres. Sólo al abrazar y transmitir estos valores a las actuales generaciones y a las futuras podremos asegurar que Occidente continúe siendo un faro de esperanza y progreso para el mundo.

A lo largo de la Historia de la Humanidad, las civilizaciones surgen, crecen, se desarrollan y mueren, y la Civilización Occidental Judeo-Cristiana-Greco-Romana se encuentra en un punto de inflexión, en un momento en que puede acabar cambiando su trayectoria vital debido a los acontecimientos que nos han tocado en suerte vivir.

Pero, podemos optar, elegir y mover nuestra voluntad para regresar a nuestras raíces, celebrar nuestros logros y transmitir nuestros valores fundamentales a nuestros contemporáneos y estos a su vez a quienes vengan después de nosotros, o podemos sucumbir al olvido, aplicar la damnatio memoriae y convertirnos en una reliquia de algo remoto, una sociedad oscura de la que nadie o apenas nadie recuerde que su pasado fue realmente de prosperidad y de grandeza.

De nosotros depende el futuro de nuestra civilización, el futuro de nuestros hijos y nietos…


Carlos Aurelio Caldito Aunión

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Viernes, 19 de Abril 2024
Artículo leído 1088 veces




Comentarios:

1.Publicado por vanlop el 19/04/2024 09:11


Es una interesante reflexión que muy poca gente hace: ¿qué tiene de diferente la civilización occidental para haberse impuesto en el mundo? Porque la mayoría de la gente damos por supuesto que las cosas son así y siempre lo han sido. Sin embargo, de no darse una serie de circunstancias especiales, Occidente podría no haber existido y el espacio geográfico estar ocupado por una serie de pueblos más o menos desarrollados sin ninguna proyección en el mundo.

La clave es la forma de pensar procedente de un poso cultural que a lo largo de los siglos ha conducido a ese aspecto del individuo libre que es capaz de todo y que para funcionar mejor ha creado unas normas.

Como dice, hacia el siglo XV había tres focos de civilización: China, el mundo musulmán, representado por el imperio turco y un conjunto de países, bastante precarios, en Europa. También en la India había una serie de estados, muchos de ellos potentes, pero que ni siquiera intentaron la expansión ni siquiera el comercio fuera de sus fronteras.

Puesto que estos imperios eran mucho más potentes que Europa, la única explicación que hay para la expansión europea y el anquilosamiento de los otros es la mentalidad colectiva basada en la libertad.

Por supuesto todas las civilizaciones terminan por caer cuando se anquilosan y eso nos está pasando a nosotros en Occidente: hay un cierto anquilosamiento. Sin embargo, la cosa no es tan simple. Por una parte tenemos un aparente hundimiento, mientras otros actores se muestran pujantes y eso nos puede hacer abandonar la lucha.

Sin embargo, si nos fijamos, las culturas emergentes intentan, con mayor o menor fortuna, imitar los logros occidentales, sin embargo, eso debería tener poco recorrido porque son imitación, no es una cultura propia basada en sus valores tradicionales, se limitan a imitar los valores occidentales pero en sus sociedades. Eso no creo que sea capaz de imponerse al resto del mundo.

Nuestro gran problema es que, aparte de un agotamiento de la civilización, que se acaba superando pues las bases son muy sólidas, existe un interés interno en degradad la sociedad, atacando y destruyendo los valores que nos impulsaron a dominar el mundo, porque aunque físicamente Occidente no haya dominado completamente el mundo y haya zonas que nunca fueron ocupadas, la mentalidad occidental se ha impuesto en todas partes, pero como digo, al ser algo extraño a esas culturas, no creo que prospere.

Así que o bien Occidente renace, venciendo principalmente a sus enemigos internos o el mundo se sumirá en una era de languidez, en la que puede que tecnológicamente las cosas avancen mucho, pero la cultura se estancará al no existir ese empuje característico de la cultura occidental.

2.Publicado por francisco.lopez.roma@gmail.com el 19/04/2024 10:11
En relación al tema del escrito de hoy, les transcribo este texto:

Hace 3000 años Aquiles, un joven guerrero de cabellos rubios, se plantó ante el Rey Agamenon en la cubierta de una nave anclada en la playa de Troya.

Le plantó cara, le dijo NO.

Homero, que escribió la historia siglos después, eligió ese momento para comenzar La Ilíada.

Pudo elegir otros hechos, pero ese momento le pareció vital. Homero intuía su importancia.

Porque en ese momento nace Occidente.

Occidens significaba ocaso, porque hacia allí se pone el sol.

No es un lugar geográfico, es una forma de ser en el mundo. Es lo que hizo Aquiles, plantarse ante el poder, incluso ante los dioses, como individuo.

En la historia hubo miles de casos de rebeliones para deponer a un rey y poner otro. No es lo que quería Aquiles, no ambicionaba el trono de Agamenon, quería seguir siendo un hombre íntegro.

Eso diferencia a Occidente de Oriente, el culto a la libertad.

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El voto en blanco es una bofetada democrática a los poderes políticos ineptos y expresa la protesta ciudadana en las urnas cuando padece gobiernos insoportables, injustos y corruptos. Es un gesto democrático de rechazo a los políticos, partidos y programas, no al sistema. Conscientes del riesgo que representaría un voto en blanco masivo, los gestores de las actuales democracias no lo valoran, ni lo contabilizan, ni le otorgan plasmación alguna en las estructuras del poder. El voto en blanco es una censura casi inútil que sólo podemos realizar en las escasas ocasiones que se abren las urnas. Esta bitácora abraza dos objetivos principales: Valorar el peso del voto en blanco en las democracias avanzadas y permitir a los ciudadanos libres ejercer el derecho a la bofetada democrática de manera permanente, a través de la difusión de información, opinión y análisis.




HIENAS Y BUITRES. PERIODISMO Y RELACIONES PERVERTIDAS CON EL PODER


Hienas y buitres es un libro escrito para despertar y movilizar las conciencias dormidas e intoxicadas desde el poder. Leerlo representa un vuelo rasante por encima de los secretos de la comunicación moderna y de los recursos y trucos que utiliza el poder para ejercer el dominio.
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DEMOCRACIA SEVERA. MÁS ALLÁ DE LA INDIGNACIÓN


Lo que hoy llamamos "democracia" es un triste remedo de lo que fue ese sistema en sus orígenes. Los políticos han aprendido a violarla y la han desnaturalizado y desarmado. "Democracia Severa, mas allá de la indignación" (Tecnos 2015), de Francisco Rubiales Moreno y Juan Jesús Mora Molina, es un libro que denuncia la degradación de la democracia y señala las reformas que el sistema necesita para que sea justo y decente y para que los políticos estén bajo control.
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Democracia Severa, que ya está en las librerías, aporta lucidez, libertad y solvencia ciudadana. Es una reflexión de denuncia que señala los puntos débiles de nuestro sistema y ayuda a la regeneración y a construir un mundo mejor.
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Este libro, publicado por Francisco Rubiales Moreno, Las Revelaciones de Onakra, el escriba de Dios, no es, como los tres anteriores del mismo autor (Democracia Secuestrada, Políticos, los Nuevos Amos y Periodistas sometidos), un ensayo de pensamiento político, sino una original narración que recoge misteriosas revelaciones sobre la llegada de los primeros ángeles a la Tierra, sus relaciones con las especies vivientes del planeta, el nacimiento de la inteligencia humana y el inicio de esa lucha a muerte entre el bien y el mal que domina la existencia humana, desde el principio hasta el final de los tiempos.
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Periodistas Sometidos. Los perros del poder (Editorial Almuzara, 2009), el último libro publicado por Francisco Rubiales, ha sido acogido con gran interés por políticos, periodistas y ciudadanos interesados en conocer con detalle la profunda crisis del periodismo en España, el sometimiento al poder de miles de periodistas y de redacciones completas, la agonía del periodismo libre, independiente y crítico y la rotura de la vieja alianza entre periodistas y ciudadanos, sin la cual la democracia deja de existir.
Es el tercer y último libro de la trilogía de pensamiento político que comenzó con Democracia Secuestrada (Almuzara 2005) y continuó con Políticos, los nuevos amos (Almuzara 2007).
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Políticos, los nuevos amos es el nuevo libro de Francisco Rubiales, publicado tras el éxito de Democracia secuestrada.

Como afirma el ex ministro Manuel Pimentel en el Prólogo,"Políticos, los nuevos amos afronta el problema de la degradación del poder con extraordinaria valentía, claridad y profundidad".
Pimentel, que recomienda la lectura del libro a los presidentes, ministros, altos cargos políticos, militantes y a cualquier ciudadano inquieto y preocupado por la democracia, lo define como un libro "duro, libre, alejado de lo políticamente correcto, capaz de provocar reflexiones y golpes de conciencia muy dolorosos".
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