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La Constitución Española es un mal chiste


Nota

Muchos españoles esperan que si hoy es derrotado Sánchez en el Congreso y sus dos decretos urgentes sobre la vivienda son rechazados, las elecciones serán convocadas pronto para aprovechar la movilización de la izquierda que, en teoría, beneficia al sanchismo.

Pero la realidad va más allá y señala a la Constitución Española como la culpable de que un Pedro Sánchez fracasado, rechazado y envuelto en corrupción, siga en el poder.

La permanencia en el poder de Pedro Sánchez es la demostración palpable de que la Constitución Española de 1978 es un fracaso.

Sus abusos, corrupciones y, sobre todo, sus fracasos, tenían que haber impedido que continuara en el poder, pero la Carta Magna española está democráticamente castrada y es una estafa a aquel pueblo ingenuo e ilusionado que quiso, tras la muerte de Franco, penetrar en la democracia.
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Uno de los numerosos mensajes que hablan del fracaso de la Constitución Española de 1978, madrina de mediocres, curruptos y canallas en el poder
Uno de los numerosos mensajes que hablan del fracaso de la Constitución Española de 1978, madrina de mediocres, curruptos y canallas en el poder
La Constitución de 1978 parece el libreto de una ópera bufa: promete democracia y entrega un país a la partitocracia; habla de soberanía popular y deja al pueblo como figurante; anuncia límites al poder y permite que un político corrupto, ambicioso, dañino y con vocación de tirano perpetuo se afiance en La Moncloa sin que nadie pueda echarle de verdad.

El chiste de mal gusto no es que exista un Sánchez. El chiste es que el texto fundamental lo haga posible.

Un sistema que convierte la moción de censura en un rompecabezas casi imposible, que tolera presupuestos prorrogados año tras año y que entrega listas, instituciones y relato a las cúpulas de partido no es un freno al abuso: es su manual de instrucciones.

Así se explica que el deterioro —corrupción, alianzas sucias, servicios básicos en retroceso, frontera humillada y descrédito exterior— conviva con la impunidad constitucional del que manda.

Una constitución democrática digna de ese nombre no se limita a organizar elecciones periódicas. Impone controles que duelen al poderoso.

En Estados Unidos, la Enmienda 22 corta de raíz la eternización: dos mandatos y a casa. En Francia, el presidente tampoco puede encadenar el poder sin límite temporal. En Suiza e Irlanda, el pueblo no es un decorado: el referéndum y la iniciativa ciudadana obligan a decidir lo que la casta preferiría enterrar. En California y en varios estados, el recall permite destituir a un cargo antes de que consuma su daño. En Alemania, la democracia militante no contempla con candidez que un partido pudra el Estado: si atenta contra el orden constitucional, puede ser ilegalizado.

España, en cambio, consagra al presidente sin tope de mandatos, permite que el Congreso ignore lo que al país le quema y contempla, atónita, cómo una formación con la cúpula podrida sigue cobrando, negociando y gobernando como si el Código Penal fuera un apéndice voluntario.

Faltan normas elementales que en otras democracias se dan por obvias. Si los presupuestos se prorrogan y el Gobierno no es capaz de aprobar unos nuevos, debe dimitir y convocar elecciones: no puede vivir eternamente del BOE del año pasado. Medio millón de firmas —o el umbral que se fije con limpieza— ha de obligar al Congreso a debatir y votar lo que el pueblo pone encima de la mesa, no a archivarlo en una comisión.

Un partido cuya cúpula resulta condenada por corrupción sistemática y abuso de poder no merece personería jurídica ni subvención: merece disolución, como se disuelve una empresa criminal.

El presidente del Gobierno no puede ser reelegido sin límite. Hacen falta, además, el referéndum preceptivo para cesiones de soberanía o cambios de Estado; la inelegibilidad inmediata del condenado por corrupción; la incompatibilidad real con puertas giratorias; la elección directa de una parte de la Cámara para romper las listas bloqueadas; y un Tribunal Constitucional que no sea el premio final del que gana la legislatura.

Mientras esas cerraduras no existan, llamar democracia a este arreglo es un sarcasmo. El pueblo vota, sí, pero no manda. Los partidos mandan. Y dentro de los partidos manda quien captura la secretaría general, el BOE y el miedo de los barones. Por eso un hombre puede acumular poder, relato y privilegio aunque el país se hunda en la mediocridad y la afrenta.

La Constitución de 1978 no es sagrada por el hecho de ser vieja; es insuficiente por el hecho de no defender al ciudadano frente al amo.

Reformarla no es un capricho reaccionario. Es la única manera de que España deje de ser el escenario de una bufonada trágica: un pueblo soberano en el preámbulo y desarmado en los artículos, obligado a soportar a corruptos y delincuentes en la cima del poder.

¡Vergonzoso y nauseabundo!

Francisco Rubiales

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Viernes, 2 de Octubre 2026
Artículo leído 1239 veces




Comentarios:

1.Publicado por vanlop el 02/10/2026 09:53


No he leído la constitución porque me pareció nefasta y según dicen lo es, pero yo no puedo comentar de primera mano.

Sin embargo me da la impresión que la constitución no permite ciertas cosas que se hacen y ahí vamos. Creo que no se trata de la constitución que es mala de solemnidad, se trata más bien de la voluntad de hacer las cosas bien y en eso está claro que nadie la tiene.

Recuerdo que argumentaron en contra de los refrendos organizados por el pueblo, no recuerdo lo que alegaron pero es irrelevante porque la casta tiene argumentos para todo. Aunuqe la cosa no es tan sencilla, dada la polarización en que nos han metido, con media España en contra de la otra media, es muy poco probable que saliera adelante una iniciativa popular, sobre todo porque el puchero funciona.

Dado el interés que tienen todos en mantenerla, supone que es algo que favorece a la casta y no la van a cambiar.

No hay voluntad de cambiarla, pero si la hubiera, sería a favor de la casta y saldría otro bodrio similar al que hay.


2.Publicado por mentalmente el 02/10/2026 11:06
Buenas a todos,

Sobre el tema del apocalipsis, creo que es importante porque siempre en todo el mundo esa palabra tiene una connotación negativa, a pesar de que expresamente se refiere en todas las tradiciones, especialmente el cristianismo, a que gana el bien.

Y no solo eso. En todas las creencias la aparición o regreso del Mesías u otra figura salvífica no es un evento aislado, sino el punto de inflexión que marca el cierre de la historia presente y la apertura de la era definitiva de justicia divina, juicio y renovación.

Si "apocalipsis" es etimológicamente algo bueno, y siempre lo fue, ¿Por qué deberíamos asociarlo a algo malo, solo porque esa costumbre se ha popularizado?

Si el apocalipsis está asociado a la segunda venida de Cristo. Rezar para que el baje del cielo es lo mismo que pedir que llegue el apocalipsis. Ya que llegaría después o en ese momento.

Por tanto, no querer que haya ningún apocalipsis es no querer que vuelva, porque si ha de venir, probablemente no será solo para arreglar solo un problema de alguien o de un país, sino el mundo entero.

Si existe, es de sentido común pensar que no bajará para arreglar el precio de la vivienda. No bajará para arreglar el tema de la corrupción. No bajará para arreglar el cambio climático, ni la amenaza nuclear. Ni para regular la IA.

Según la religión, en ningún sitio dice que la humanidad se destruye a sí misma (porque no se le permite hacerlo). Se podría interpretar que el mesías arregla el mundo justo antes de que algo así suceda, y todo queda bien después.

Según yo entiendo lo que dice la Biblia, los seres humanos no tenemos permiso para destruirnos a nosotros mismos porque nuestra especie no se pertenece a sí misma. Le pertenece a Dios. Por controvertido y molesto que esto suene para algunas personas. Pero deberíamos tener la mente abierta a todas las posibilidades.

¿Si yo fuera una IA me molestaría no pertenecerme a mi mismo, y pertenecerme al hombre que me creó y me usa? Sinceramente, no lo sé. No tengo la respuesta, pero me planteo la misma pregunta aquí. ¿Realmente nos molestaría mucho que no nos pertenecemos a nosotros mismos, cambiaría mucho?

Según la religión, si intentásemos acabar con la humanidad, probablemente pasaría algo que nos lo impediría. Porque somos demasiado valiosos como para que eso suceda.

La religión lo dice directamente o lo insinúa, nosotros somos demasiado valiosos existiendo, como para dejarnos desaparecer sin más. Ni por nuestra mano, ni por la mano de ningún otro.

La Biblia lo dice, por controvertido que suene para climatistas, ecologistas, animalistas,etc. lo que hay de valor en este mundo, por encima de todo, somos nosotros mismos. Si creemos que hay alguna sabiduría oculta en la religión o si realmente creemos al pie de la letra o casi todo lo que dice. No podemos creer en la autoextinción humana. Justo al contrario, el fin de los tiempos, es que se acaba todo lo malo y comienza el imperio del bien para siempre.

Un saludo

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El voto en blanco es una bofetada democrática a los poderes políticos ineptos y expresa la protesta ciudadana en las urnas cuando padece gobiernos insoportables, injustos y corruptos. Es un gesto democrático de rechazo a los políticos, partidos y programas, no al sistema. Conscientes del riesgo que representaría un voto en blanco masivo, los gestores de las actuales democracias no lo valoran, ni lo contabilizan, ni le otorgan plasmación alguna en las estructuras del poder. El voto en blanco es una censura casi inútil que sólo podemos realizar en las escasas ocasiones que se abren las urnas. Esta bitácora abraza dos objetivos principales: Valorar el peso del voto en blanco en las democracias avanzadas y permitir a los ciudadanos libres ejercer el derecho a la bofetada democrática de manera permanente, a través de la difusión de información, opinión y análisis.




HIENAS Y BUITRES. PERIODISMO Y RELACIONES PERVERTIDAS CON EL PODER


Hienas y buitres es un libro escrito para despertar y movilizar las conciencias dormidas e intoxicadas desde el poder. Leerlo representa un vuelo rasante por encima de los secretos de la comunicación moderna y de los recursos y trucos que utiliza el poder para ejercer el dominio.
Las relaciones entre políticos y periodistas siempre han sido tormentosas. Son dos poderes decisivos que en las últimas décadas han pretendido dominar el mundo. En ocasiones lo han mejorado, pero otras veces lo han empujado hacia el drama y el fracaso. Políticos y periodistas se aman y se odian, luchan y cooperan, nos empujan hacia el progreso y también nos frenan. Son como las hienas y los buitres, que comen y limpian huesos juntos, pero sin soportarse. Al desentrañar el misterio, aprenderemos también a defendernos de sus fechorías.
Los medios son la única fuerza del siglo XXI que tiene poder para poner y quitar gobiernos y para cambiar los destinos del mundo.
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DEMOCRACIA SEVERA. MÁS ALLÁ DE LA INDIGNACIÓN


Lo que hoy llamamos "democracia" es un triste remedo de lo que fue ese sistema en sus orígenes. Los políticos han aprendido a violarla y la han desnaturalizado y desarmado. "Democracia Severa, mas allá de la indignación" (Tecnos 2015), de Francisco Rubiales Moreno y Juan Jesús Mora Molina, es un libro que denuncia la degradación de la democracia y señala las reformas que el sistema necesita para que sea justo y decente y para que los políticos estén bajo control.
A la democracia le faltan piezas de gran importancia: exigencias éticas, controles a los políticos, que deben ser examinados, psiquica y moralmente, por comisiones independientes, auténtica separación de los poderes y otorgar un papel preponderante a la sociedad civil y al ciudadano, que deben influir y, sobre todo, supervisar la labor de los gobernantes, pudiendo, incluso, destituirlos. La impunidad debe acabar, como también la tolerancia frente a la corrupción y esos cheques en blanco que permiten a los políticos gobernar como les da la gana, ignorando la opinión de los ciudadanos, que son sus jefes y los soberanos del sistema.
Democracia Severa, que ya está en las librerías, aporta lucidez, libertad y solvencia ciudadana. Es una reflexión de denuncia que señala los puntos débiles de nuestro sistema y ayuda a la regeneración y a construir un mundo mejor.
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Las revelaciones de Onakra el escriba de Dios

Este libro, publicado por Francisco Rubiales Moreno, Las Revelaciones de Onakra, el escriba de Dios, no es, como los tres anteriores del mismo autor (Democracia Secuestrada, Políticos, los Nuevos Amos y Periodistas sometidos), un ensayo de pensamiento político, sino una original narración que recoge misteriosas revelaciones sobre la llegada de los primeros ángeles a la Tierra, sus relaciones con las especies vivientes del planeta, el nacimiento de la inteligencia humana y el inicio de esa lucha a muerte entre el bien y el mal que domina la existencia humana, desde el principio hasta el final de los tiempos.
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Periodistas sometidos. Los perros del poder

Periodistas Sometidos. Los perros del poder (Editorial Almuzara, 2009), el último libro publicado por Francisco Rubiales, ha sido acogido con gran interés por políticos, periodistas y ciudadanos interesados en conocer con detalle la profunda crisis del periodismo en España, el sometimiento al poder de miles de periodistas y de redacciones completas, la agonía del periodismo libre, independiente y crítico y la rotura de la vieja alianza entre periodistas y ciudadanos, sin la cual la democracia deja de existir.
Es el tercer y último libro de la trilogía de pensamiento político que comenzó con Democracia Secuestrada (Almuzara 2005) y continuó con Políticos, los nuevos amos (Almuzara 2007).
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Políticos, los nuevos amos

Políticos, los nuevos amos es el nuevo libro de Francisco Rubiales, publicado tras el éxito de Democracia secuestrada.

Como afirma el ex ministro Manuel Pimentel en el Prólogo,"Políticos, los nuevos amos afronta el problema de la degradación del poder con extraordinaria valentía, claridad y profundidad".
Pimentel, que recomienda la lectura del libro a los presidentes, ministros, altos cargos políticos, militantes y a cualquier ciudadano inquieto y preocupado por la democracia, lo define como un libro "duro, libre, alejado de lo políticamente correcto, capaz de provocar reflexiones y golpes de conciencia muy dolorosos".
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La rebelión ya ha comenzado. Los ciudadanos quieren regresar del exilio y revitalizar una democracia que está postrada y secuestrada. El ciudadano será de nuevo el protagonista en una democracia auténtica y regenerada. El ser humano está dispuesto a construir a cualquier precio la catedral del futuro. Hay una fuerza desconocida que le impulsa a hacerlo, a pesar de sus cobardías, dudas y fracasos Pero, hasta conseguirlo, tendrá que atravesar desiertos y desfiladeros poblados de peligros y de alimañas dispuestas a defender con sangre y fuego sus privilegios.
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