El PSOE ya no discute su destino en los congresos: lo discute en los juzgados.
El Supremo ha condenado a 24 años a José Luis Ábalos y a 19 a Koldo García por organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. Eso no es un titular de trinchera. Es una sentencia. Es el corazón de un aparato podrido y criminal.
Santos Cerdán, secretario de Organización, aparece en los informes de la UCO como quien cobraba, repartía y sostenía la red delictiva del partido. Lo que hace el Secretario de Organización lo hace el partido.
Quien todavía hable de “manzanas podridas” miente. Las manzanas no dirigen Ferraz ni gobiernan ministerios y naciones.
Hay algo peor que robar: intentar doblegar y anular a quien juzga. La jueza Beatriz Biedma, que instruyó la causa del hermano del presidente, se ha personado en la Audiencia Nacional y afirma que la red de Leire Díez, con Cerdán señalado en esa investigación, tanteó un clan de narcotráfico de Badajoz para que actuara contra ella.
El solo hecho de que una magistrada española tenga que escribir que teme por su integridad, y que esa sospecha nazca del entorno de un partido que gobierna, ya es una humillación de Estado. Si se prueba, no será un escándalo: será podredumbre de régimen.
El fraude, cuando llega, no siempre revienta las urnas. En Argentina, la dirigente socialista Lorena Suárez aparece solicitando copias de documentos de fallecidos para que votaran el 23 de julio de 2023, en unas elecciones cada día más marcadas por el fraude que permitieron que Sánchez gobernada desde la trampa.
Millones de solicitudes de nacionalidad por la vía de la Ley de Nietos, muchas más de las que son lógicas. De ser ciertas esas cifras, la reproducción de los españoles del exilio habría sido portentosa: decenas de hijos cada uno de ellos, algunos hasta 50. Si se aplicara la misma proporción en la descendencia a los 26 millones de españoles que no emigraron en la postguerra, España tendría hoy en torno a 180 millones de habitante.
La búsqueda de un censo dócil entre extranjeros es obsesiva porque los socialistas son conscientes de que los españoles ya no les votan.
La preparación de un pucherazo socialista, inmoral, antidemocrático y delictivo, es ya más que una sospecha.
Zapatero está investigado y camino de la cárcel. La policía habla de estructura de influencias, contratos pantalla, Plus Ultra, gestiones en el extranjero y un registro con joyas tasadas en más de un millón.
Lo que ya no necesita sentencia es la costumbre del partido: algodón para el de casa, cadalso para el de enfrente. Presunción de inocencia selectiva. Así se fabrica la impunidad moral, que es la madre de la penal.
En Ceuta sobra el folletín y falta el honor. Un Gobierno que teme más el enfado de Mohamed VI que la integridad de una ciudad española ha invertido la jerarquía: primero quien chantajea, después el pedazo de España chantajeado. Eso no es realismo. Es falta de pundonor y decencia.
El PSOE de las escuelas y la dignidad obrera no es este que vemos en nuestros días. Este es el de las mordidas, los fontaneros, los chorizos en acción, los comunicados que niegan lo evidente y la idea de que el poder consiste en aguantar en el poder, aunque el país se parta.
Sin embargo, España no está enferma de un solo carné: está enferma de partidos que se creen dueños del Estado y de ciudadanos que, por miedo al adversario, perdonan al suyo y votan basura.
La regeneración no saldrá de Ferraz. Llegará, si llega, cuando España se canse de alimentar a quienes la desprecian y expolian.
El deterioro del PSOE nos ensucia a todos, los de derechas y los de izquierdas, hasta a los que se declaran ajenos a la política, porque ese partido corrupto esparce excrementos a toda la nación, sin excepción alguna, y su corrosión alcanza a Europa y a todo el mundo de la política y la ética.
Francisco Rubiales
El Supremo ha condenado a 24 años a José Luis Ábalos y a 19 a Koldo García por organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. Eso no es un titular de trinchera. Es una sentencia. Es el corazón de un aparato podrido y criminal.
Santos Cerdán, secretario de Organización, aparece en los informes de la UCO como quien cobraba, repartía y sostenía la red delictiva del partido. Lo que hace el Secretario de Organización lo hace el partido.
Quien todavía hable de “manzanas podridas” miente. Las manzanas no dirigen Ferraz ni gobiernan ministerios y naciones.
Hay algo peor que robar: intentar doblegar y anular a quien juzga. La jueza Beatriz Biedma, que instruyó la causa del hermano del presidente, se ha personado en la Audiencia Nacional y afirma que la red de Leire Díez, con Cerdán señalado en esa investigación, tanteó un clan de narcotráfico de Badajoz para que actuara contra ella.
El solo hecho de que una magistrada española tenga que escribir que teme por su integridad, y que esa sospecha nazca del entorno de un partido que gobierna, ya es una humillación de Estado. Si se prueba, no será un escándalo: será podredumbre de régimen.
El fraude, cuando llega, no siempre revienta las urnas. En Argentina, la dirigente socialista Lorena Suárez aparece solicitando copias de documentos de fallecidos para que votaran el 23 de julio de 2023, en unas elecciones cada día más marcadas por el fraude que permitieron que Sánchez gobernada desde la trampa.
Millones de solicitudes de nacionalidad por la vía de la Ley de Nietos, muchas más de las que son lógicas. De ser ciertas esas cifras, la reproducción de los españoles del exilio habría sido portentosa: decenas de hijos cada uno de ellos, algunos hasta 50. Si se aplicara la misma proporción en la descendencia a los 26 millones de españoles que no emigraron en la postguerra, España tendría hoy en torno a 180 millones de habitante.
La búsqueda de un censo dócil entre extranjeros es obsesiva porque los socialistas son conscientes de que los españoles ya no les votan.
La preparación de un pucherazo socialista, inmoral, antidemocrático y delictivo, es ya más que una sospecha.
Zapatero está investigado y camino de la cárcel. La policía habla de estructura de influencias, contratos pantalla, Plus Ultra, gestiones en el extranjero y un registro con joyas tasadas en más de un millón.
Lo que ya no necesita sentencia es la costumbre del partido: algodón para el de casa, cadalso para el de enfrente. Presunción de inocencia selectiva. Así se fabrica la impunidad moral, que es la madre de la penal.
En Ceuta sobra el folletín y falta el honor. Un Gobierno que teme más el enfado de Mohamed VI que la integridad de una ciudad española ha invertido la jerarquía: primero quien chantajea, después el pedazo de España chantajeado. Eso no es realismo. Es falta de pundonor y decencia.
El PSOE de las escuelas y la dignidad obrera no es este que vemos en nuestros días. Este es el de las mordidas, los fontaneros, los chorizos en acción, los comunicados que niegan lo evidente y la idea de que el poder consiste en aguantar en el poder, aunque el país se parta.
Sin embargo, España no está enferma de un solo carné: está enferma de partidos que se creen dueños del Estado y de ciudadanos que, por miedo al adversario, perdonan al suyo y votan basura.
La regeneración no saldrá de Ferraz. Llegará, si llega, cuando España se canse de alimentar a quienes la desprecian y expolian.
El deterioro del PSOE nos ensucia a todos, los de derechas y los de izquierdas, hasta a los que se declaran ajenos a la política, porque ese partido corrupto esparce excrementos a toda la nación, sin excepción alguna, y su corrosión alcanza a Europa y a todo el mundo de la política y la ética.
Francisco Rubiales








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