El día en que Pedro Sánchez tomó posesión será recordado como una de las fechas más tristes de la historia de España.
Datos del gobierno hablan de un aumento del 45% en inversión sanitaria desde 2018, con transferencias de 300.000 millones de euros para fortalecer el estado del bienestar, pero la realidad es otra más dramática: la sanidad es un desastre, con listas de espera de muchos meses para entrar en un quirófano o visitar a un especialista, la educación pierde calidad cada año, la vivienda dispara sus precios y escasea y los transportes son un drama permanente, con trenes que no funcionan, muchos muertos en accidentes y carreteras destrozadas por falta de mantenimiento.
Además, las reformas e inversiones son prácticamente invisibles y no han resuelto las graves desigualdades regionales y la sobrecarga en todo el sistema público.
En educación, el gobierno Sánchez ha impulsado leyes como la LOMLOE y la de Formación Profesional, creando 400.000 plazas nuevas en FP y destinando 2.500 millones de euros a becas para un millón de estudiantes, pero la calidad de la enseñanza en lugar de subir sigue descendiendo.
Planes para reducir horas lectivas y ratios alumno-profesor buscan mejorar las condiciones, pero los indicadores internacionales señalan un declive en estándares democráticos y educativos desde 2018, cuando Sánchez llegó al poder.
El deterioro es cada día más visible, con protestas y un aumento en la pobreza laboral en sectores educativos, aunque el crecimiento económico general, casi en el 3 por ciento, y la reducción del desempleo al 11% sugieren algunos beneficios indirectos.
La vivienda representa uno de los mayores retos, con precios subiendo un 60% en 15 años y un mercado sobrecalentado que afecta a familias y jóvenes, que no tienen dinero para comprar o alquilar viviendas y que no pueden formar familias estables.
El gobierno ha implementado medidas como incentivos fiscales para arrendadores que no suban rentas, planes para nuevas viviendas públicas y una ley para combatir la especulación, pero las viviendas públicas prometidas hace años no se han hecho y el sector entero está en profunda crisis, sin que el gobierno sepa como resolver ese drama.
Una de las claves del problema habitacional está en la falta de seguridad jurídica para los propietarios y en la bajeza antidemocrática que demuestra el gobierno con sus leyes que protegen a los ladrones de viviendas (okupas), a los que resulta casi imposible desalojar.
En transportes, el gobierno habla del triple de inversión en infraestructuras ferroviarias desde 2018 y un 58% más en mantenimiento por km han impulsado un récord de 549 millones de pasajeros en 2024, pero nadie ve las mejoras y no se ha podido impedir el caos en los transportes, principalmente ferroviarios, con vías destrozadas, trayectos interrumpidos y trenes que bajan la velocidad o se detienen temiendo accidentes.
Mientras el "sanchismo" presume de avances en bienestar y economía, escándalos de corrupción, mal funcionamiento de los sectores vitales y desafíos persistentes cuestionan su efectividad, sugiriendo que es mucho más lo que se estropea que lo que avanza.
A pesar de los niveles récord de recaudación fiscal—alcanzando el 36.7% del PIB en 2024, por encima de la media OCDE de 34.1%—y la asignación de unos 163.000 millones de euros en fondos NextGenerationEU (equivalentes al 12% del PIB), la gestión de esos recursos ha sido brutalmente ineficaz bajo Sánchez y no ha generado el impacto esperado en el avance del país.
Los ingresos fiscales crecieron fuertemente en 2024 gracias a incrementos en IRPF, IVA e Impuesto de Sociedades, pero la ejecución lenta de los fondos europeos—con solo el 30-40% desembolsado a principios de 2026—ha llevado a renuncias a préstamos por 60.000 millones de euros debido a incumplimientos de hitos y capacidades administrativas limitadas, exacerbando desigualdades regionales y estructurales sin mejoras visibles en sectores clave
Esta desconexión entre recursos abundantes y resultados permite que los ciudadanos acusen al gobierno de fracaso, de haber perdido oportunidades irrepetibles para reformas profundas, de incumplir promesas electorales y de gastar el dinero en compra de votos, regalos a los amigos, lujos del poder y otros gastos opacos.
Pero lo más grave del presente español es la inquietud y el desasosiego de los ciudadanos ante la realidad cotidiana, marcada por el miedo, la inseguridad, la falta de liderazgo sólido, la pelea entre partidos, la desunión y una terrible sensación de hundimiento general.
Francisco Rubiales
Además, las reformas e inversiones son prácticamente invisibles y no han resuelto las graves desigualdades regionales y la sobrecarga en todo el sistema público.
En educación, el gobierno Sánchez ha impulsado leyes como la LOMLOE y la de Formación Profesional, creando 400.000 plazas nuevas en FP y destinando 2.500 millones de euros a becas para un millón de estudiantes, pero la calidad de la enseñanza en lugar de subir sigue descendiendo.
Planes para reducir horas lectivas y ratios alumno-profesor buscan mejorar las condiciones, pero los indicadores internacionales señalan un declive en estándares democráticos y educativos desde 2018, cuando Sánchez llegó al poder.
El deterioro es cada día más visible, con protestas y un aumento en la pobreza laboral en sectores educativos, aunque el crecimiento económico general, casi en el 3 por ciento, y la reducción del desempleo al 11% sugieren algunos beneficios indirectos.
La vivienda representa uno de los mayores retos, con precios subiendo un 60% en 15 años y un mercado sobrecalentado que afecta a familias y jóvenes, que no tienen dinero para comprar o alquilar viviendas y que no pueden formar familias estables.
El gobierno ha implementado medidas como incentivos fiscales para arrendadores que no suban rentas, planes para nuevas viviendas públicas y una ley para combatir la especulación, pero las viviendas públicas prometidas hace años no se han hecho y el sector entero está en profunda crisis, sin que el gobierno sepa como resolver ese drama.
Una de las claves del problema habitacional está en la falta de seguridad jurídica para los propietarios y en la bajeza antidemocrática que demuestra el gobierno con sus leyes que protegen a los ladrones de viviendas (okupas), a los que resulta casi imposible desalojar.
En transportes, el gobierno habla del triple de inversión en infraestructuras ferroviarias desde 2018 y un 58% más en mantenimiento por km han impulsado un récord de 549 millones de pasajeros en 2024, pero nadie ve las mejoras y no se ha podido impedir el caos en los transportes, principalmente ferroviarios, con vías destrozadas, trayectos interrumpidos y trenes que bajan la velocidad o se detienen temiendo accidentes.
Mientras el "sanchismo" presume de avances en bienestar y economía, escándalos de corrupción, mal funcionamiento de los sectores vitales y desafíos persistentes cuestionan su efectividad, sugiriendo que es mucho más lo que se estropea que lo que avanza.
A pesar de los niveles récord de recaudación fiscal—alcanzando el 36.7% del PIB en 2024, por encima de la media OCDE de 34.1%—y la asignación de unos 163.000 millones de euros en fondos NextGenerationEU (equivalentes al 12% del PIB), la gestión de esos recursos ha sido brutalmente ineficaz bajo Sánchez y no ha generado el impacto esperado en el avance del país.
Los ingresos fiscales crecieron fuertemente en 2024 gracias a incrementos en IRPF, IVA e Impuesto de Sociedades, pero la ejecución lenta de los fondos europeos—con solo el 30-40% desembolsado a principios de 2026—ha llevado a renuncias a préstamos por 60.000 millones de euros debido a incumplimientos de hitos y capacidades administrativas limitadas, exacerbando desigualdades regionales y estructurales sin mejoras visibles en sectores clave
Esta desconexión entre recursos abundantes y resultados permite que los ciudadanos acusen al gobierno de fracaso, de haber perdido oportunidades irrepetibles para reformas profundas, de incumplir promesas electorales y de gastar el dinero en compra de votos, regalos a los amigos, lujos del poder y otros gastos opacos.
Pero lo más grave del presente español es la inquietud y el desasosiego de los ciudadanos ante la realidad cotidiana, marcada por el miedo, la inseguridad, la falta de liderazgo sólido, la pelea entre partidos, la desunión y una terrible sensación de hundimiento general.
Francisco Rubiales







Inicio
Enviar
Versión para Imprimir












