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EL MUNDO NUEVO QUE ESTÁ NACIENDO: Adiós globalización, empieza un mundo nuevo. O por qué esta crisis es un punto de inflexión en la historia


Nota

Reproduzco hoy el mejor artículo que he leído hasta ahora sobre los cambios que trae consigo la crisis del coronavirus. Es un análisis lúcido e inquietante del pensador británico John Gray (South Shields, Reino Unido, 1948), filósofo político y catedrático emérito de Pensamiento Europeo en la London School of Economics.

Su tesis central es que la hiperglobalización de las últimas décadas se acaba. El capitalismo liberal está en quiebra, asegura el prestigioso filósofo, para quien asistimos a un punto de inflexión histórico.

Es un artículo para disfrutar, para sentir nostalgia, para ser más sabios y, sobre todo, para entender lo que se nos viene encima.
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El mundo de las ciudades vacías es el claro anticipo de que el viejo mundo desaparece y nace otro nuevo
El mundo de las ciudades vacías es el claro anticipo de que el viejo mundo desaparece y nace otro nuevo
Las calles desiertas se volverán a llenar y saldremos de nuestras madrigueras iluminados por la luz de las pantallas parpadeando con alivio. Pero el mundo será diferente de como lo imaginábamos en lo que pensábamos que eran tiempos normales. Esto no es una ruptura temporal de un equilibrio que, de lo contrario, sería estable. La crisis por la que estamos pasando es un punto de inflexión en la historia.

La era del apogeo de la globalización ha llegado a su fin. Un sistema económico basado en la producción a escala mundial y en largas cadenas de abastecimiento se está transformando en otro menos interconectado, y un modo de vida impulsado por la movilidad incesante tiembla y se detiene. Nuestra vida va a estar más limitada físicamente y a ser más virtual que antes. Está naciendo un mundo más fragmentado, que, en cierto modo, puede ser más resiliente.

El otrora formidable Estado británico se está reinventando rápidamente y a una escala nunca vista. El Gobierno, actuando con poderes de emergencia autorizados por el Parlamento, ha tirado por la borda la ortodoxia económica. El Servicio Nacional de Salud, maltratado por años de estúpida austeridad —al igual que las Fuerzas Armadas, la policía, las prisiones, los bomberos, los cuidadores y los limpiadores—, está contra las cuerdas, pero, gracias a la noble dedicación de sus trabajadores, se mantendrá a raya el virus. Nuestro sistema político sobrevivirá intacto. No habrá muchos países tan afortunados. Los Gobiernos de todo el mundo se debaten en el estrecho callejón entre suprimir el virus y aplastar la economía. Muchos tropezarán y caerán.

Que un país elimine la agricultura y dependa de otros se desechará como el disparate que siempre fue

En la visión a la que se aferran los intelectuales progresistas, el futuro es una versión más bonita del pasado reciente. Sin duda, eso les ayuda a preservar cierta apariencia de cordura. Su visión también socava el que en estos momentos es nuestro atributo más vital: la capacidad de adaptarnos y crear modos de vida diferentes. La tarea que nos espera consiste en construir economías y sociedades más duraderas y humanamente habitables que las expuestas a la anarquía del mercado global.

Esto no significa pasar a un localismo a pequeña escala. La población humana es demasiado numerosa para que la autosuficiencia local sea viable, y la mayor parte de la humanidad no está dispuesta a regresar a las comunidades pequeñas y cerradas de un pasado más distante. Pero la hiperglobalización de las últimas décadas tampoco va a volver. El virus ha dejado al descubierto puntos débiles fatales del sistema económico parcheado tras la crisis financiera de 2008. El capitalismo liberal está en quiebra.

A pesar de toda su palabrería sobre la libertad y la elección, en la práctica el liberalismo era un experimento de disolución de todas las fuentes tradicionales de cohesión social y legitimidad política y su sustitución por la promesa de un aumento del nivel material de vida. Ahora este experimento ha llegado a su fin. Para acabar con el virus es imprescindible un cierre económico que solo puede ser temporal, pero cuando la economía vuelva a arrancar, será en un mundo en el que los Gobiernos actuarán para poner freno al mercado mundial.

Creer que la crisis se puede resolver con un estallido de cooperación internacional es pensamiento mágico

No se tolerará una situación en la que una parte tan importante de los suministros médicos mundiales más necesarios se produzca en China o en cualquier otro país exclusivamente. La producción en este y otros sectores delicados se devolverá a los territorios de los Estados por motivos de seguridad nacional. La idea de que un país como el Reino Unido pudiese eliminar poco a poco la agricultura y depender de las importaciones de alimentos se desechará como el disparate que siempre ha sido. El sector aéreo se contraerá porque la gente viajará menos y las fronteras duras se convertirán en un rasgo duradero del paisaje mundial. El mezquino objetivo de la eficacia económica ya no será viable para los Gobiernos.

La pregunta es qué va a sustituir al aumento del nivel material de vida como fundamento de la sociedad. Una respuesta ofrecida por los pensadores ecologistas es lo que ­John Stuart Mill, en sus Principios de economía política (1848), llamó “economía del Estado estacionario”. La producción y el consumo dejarían de ser un objetivo prioritario y el número de seres humanos descendería. A diferencia de la mayoría de los liberales actuales, Mill reconocía el peligro de la superpoblación. Un mundo lleno de seres humanos, decía, carecería de “parajes floridos” y de vida salvaje. El pensador también advirtió de los peligros de la planificación centralizada. El Estado estacionario sería una economía de mercado en la que se incentivaría la competencia. La innovación tecnológica continuaría y junto a ella se mejoraría el arte de vivir.

En muchos sentidos, la idea es atractiva, pero también irreal. No existe una autoridad mundial que imponga el final del crecimiento, de la misma manera que no la hay para combatir el virus. Al contrario de lo que dice el mantra progresista que últimamente repite Gordon Brown, los problemas mundiales no siempre tienen soluciones mundiales. Las divisiones geopolíticas excluyen cualquier cosa que pueda guardar algún parecido con un Gobierno mundial y, si existiese, los Estados actuales competirían por controlarlo. La creencia de que la crisis se puede resolver con un estallido sin precedentes de cooperación internacional es pensamiento mágico en su forma más pura.

Por supuesto, la expansión económica no es sostenible indefinidamente. Para empezar, solo puede agravar el cambio climático y convertir el planeta en un vertedero. Ahora bien, dada la marcada desigualdad entre niveles de vida, el crecimiento demográfico y la intensificación de las rivalidades geopolíticas, el crecimiento cero también es insostenible. Si acabamos aceptando los límites del crecimiento, será porque los Gobiernos hagan de la protección de sus ciudadanos su objetivo más importante. Sean democráticos o autoritarios, los Estados que no pasen esta prueba ­hobbesiana fracasarán.

Cambios geopolíticos

La pandemia ha acelerado de golpe el cambio geopolítico. La propagación descontrolada del virus en Irán, sumada al desplome de los precios del petróleo, podría desestabilizar su régimen teocrático. Con la caída de sus ingresos, Arabia Saudí también está en peligro. Sin duda, no faltará quien se alegre de despedirse de ambos. Sin embargo, no hay garantías de que un colapso en el Golfo vaya a traer consigo algo que no sea un largo periodo de caos. A pesar de los años que llevan hablando de diversificación, los regímenes de la zona siguen siendo rehenes del petróleo, e incluso si los precios se recuperan algo, el impacto económico del cierre mundial será devastador.

En cambio, el este de Asia seguramente continuará avanzando. Hasta ahora, los países que han dado una respuesta más eficaz a la epidemia han sido Taiwán, Corea del Sur y Singapur. Cuesta pensar que sus tradiciones culturales, que otorgan más importancia al bienestar colectivo que a la autonomía personal, no hayan desempeñado un papel en sus buenos resultados. También han resistido el culto al Estado mínimo. No será de extrañar que se adapten a la desglobalización mejor que muchos países occidentales.

Si la Unión Europea sobrevive, puede que se parezca al Sacro Imperio Romano en sus años finales

La posición de China es más compleja. Dado su historial de encubrimientos y estadísticas opacas, es difícil evaluar su actuación durante la pandemia. Desde luego, el país no es un modelo que cualquier democracia pueda o deba emular. Como demuestra el nuevo hospital Nightingale del Servicio Nacional de Salud, los regímenes autoritarios no son los únicos capaces de construir hospitales en dos semanas. Nadie sabe cuál ha sido el coste humano total del cierre chino. Aun así, parece que el régimen de Xi Jinping se ha beneficiado de la pandemia; el virus ha proporcionado una serie de argumentos para ampliar la vigilancia estatal e implantar un control político todavía más estricto. En vez de desaprovechar la crisis, el presidente se está sirviendo de ella para incrementar la influencia de su país. China se está introduciendo en el lugar que corresponde a la Unión Europea con su ayuda a los Gobiernos nacionales en apuros, como el de Italia. Muchas de las mascarillas y los equipos de pruebas que ha suministrado han resultado defectuosos, pero no parece que esto haya hecho mella en la campaña de propaganda de Pekín.

La respuesta de la Unión Europea a la crisis ha revelado sus debilidades esenciales. Pocas ideas son tan menospreciadas por las mentes superiores como la soberanía. En la práctica, esta significa la capacidad de ejecutar un plan de emergencia completo, coordinado y flexible como los que han aplicado el Reino Unido y otros países. Las medidas que ya se han adoptado superan cualquiera de las tomadas durante la II Guerra Mundial, y en sus aspectos más importantes también son lo opuesto de lo que se hizo entonces, cuando la población británica fue objeto de una movilización sin precedentes y el paro descendió de manera espectacular. Actualmente, aparte de quienes prestan servicios esenciales, los trabajadores británicos han sido desmovilizados. Si la situación se prolonga muchos meses, el cierre exigirá una socialización de la economía aún mayor.

Es dudoso que las agostadas estructuras neoliberales de la Unión Europea sean capaces de llevar a cabo algo similar. Las reglas hasta ahora sacrosantas han sido contravenidas por el programa de compra de bonos por parte del Banco Central Europeo y la relajación de los límites de las ayudas estatales a la industria. Pero la resistencia de los países del norte de Europa, como Alemania y Holanda, a compartir la carga fiscal puede impedir el rescate de Italia, un país demasiado grande para ser aplastado como Grecia, pero posiblemente también demasiado caro para ser salvado. Como el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, dijo en marzo, “si Europa no está a la altura de este desafío sin precedentes, toda la estructura europea pierde su razón de ser para la ciudadanía”. El presidente serbio, Aleksandar Vucic, ha sido más directo y realista: “La solidaridad europea no existe… Eso era un cuento de hadas. El único país que puede ayudarnos en esta difícil situación es la República Popular de China. A los demás, gracias por nada”.

El principal defecto de la Unión Europea es que es incapaz de cumplir las funciones protectoras de un Estado. La descomposición de la zona euro se ha predicho tantas veces que puede parecer impensable. Sin embargo, con las tensiones a las que se enfrenta en la actualidad, la desintegración de las instituciones europeas no es algo exagerado. La libre circulación ya se ha suspendido. El reciente chantaje del presidente turco, Erdogan, amenazando a la UE con permitir que los emigrantes crucen las fronteras de su país y el desenlace en la provincia siria de Idlib podrían desembocar en la huida hacia Europa de centenares de miles, incluso millones, de refugiados. (Es difícil imaginar qué puede significar el “distanciamiento social” en los enormes campamentos de refugiados, abarrotados e insalubres). Otra crisis de emigración sumada a la presión sobre un euro disfuncional podría tener resultados nefastos.

Si la Unión Europea sobrevive, puede que se parezca al Sacro Imperio Romano en sus años finales, un fantasma que subsiste durante generaciones mientras el poder se ejerce en otro lugar. Las decisiones perentorias ya las están tomando los Estados nacionales. Dado que el centro político ha dejado de ser una fuerza de liderazgo, y con gran parte de la izquierda aferrada al fallido proyecto europeo, muchos Gobiernos estarán dominados por la extrema derecha.

Rusia ejercerá una influencia creciente sobre la Unión Europea. En la batalla con los saudíes que actuó como detonante del hundimiento del precio del petróleo en marzo de 2020, Putin llevaba la mejor baza. Mientras que para los saudíes el umbral de rentabilidad fiscal —el precio necesario para pagar los servicios públicos y mantener la solvencia del Estado— es de unos 80 dólares por barril, para Rusia puede ser menos de la mitad. Al mismo tiempo, Putin está consolidando la posición de su país como potencia energética. Los gasoductos submarinos Nord Stream que atraviesan el Báltico aseguran el abastecimiento fiable de gas natural a Europa, al mismo tiempo que la hacen dependiente de Rusia y permiten a esta utilizar la energía como arma política. Al igual que China, Rusia ha entrado en escena para sustituir a la vacilante Unión Europea enviando médicos y equipo a Italia.

En Estados Unidos, Donald Trump claramente considera que reflotar la economía es más importante que contener el virus. Una caída de la Bolsa similar a la de 1929 y unos niveles de paro peores que los de la década de 1930 supondrían una amenaza existencial a su presidencia. James Bullard, consejero delegado del Banco de la Reserva Federal de San Luis, ha insinuado que en Estados Unidos la tasa de desempleo podría alcanzar el 30%, superando a la de la Gran Depresión. Por otra parte, teniendo en cuenta el sistema de gobierno descentralizado del país, su sistema de salud desastrosamente caro, las decenas de millones de personas sin seguro médico, una población penitenciaria descomunal con gran número de ancianos y enfermos, y unas ciudades en las que vive una cantidad considerable de personas sin hogar y que ya sufren una extendida epidemia de opioides, restringir el cierre podría suponer que el virus se propagase sin control con efectos devastadores. (Trump no es el único que asume este riesgo. Hasta ahora, Suecia no ha impuesto nada similar al confinamiento obligatorio de otros países).

A diferencia del programa británico, los dos billones de dólares del plan de estímulo de Trump son en su mayor parte otro rescate a las empresas. Sin embargo, si damos credibilidad a los sondeos, cada vez más estadounidenses aprueban su gestión de la epidemia. ¿Qué pasará si el presidente sale de esta catástrofe con el apoyo de una mayoría de estadounidenses?

Tanto si Trump conserva su poder como si no, la posición de Estados Unidos en el mundo ha cambiado de manera irreversible. Lo que se está desmoronando a toda velocidad no es solo la hiperglobalización de las últimas décadas, sino el orden mundial implantado tras el final de la II Guerra Mundial. El virus ha roto un equilibrio imaginario y ha acelerado un proceso de desintegración en marcha desde hace años.

En su trascendental obra Plagas y pueblos (Siglo XXI, 2016), el historiador de Chicago William H. McNeill afirmaba:

“Siempre es posible que algún organismo parásito hasta entonces desconocido escape de su habitual nicho ecológico y exponga a las densas poblaciones humanas que han llegado a ser una característica tan llamativa de la Tierra a alguna nueva y tal vez devastadora mortalidad”.

Todavía no sabemos cómo escapó el coronavirus de su nicho, aunque existe la sospecha de que los mercados de Wuhan en los que se venden animales salvajes, hayan tenido algo que ver. En 1976, año original de publicación del libro de McNeill, la destrucción de los hábitats de las especies exóticas no había alcanzado ni mucho menos las dimensiones de hoy en día. A medida que la globalización ha ido avanzando, también ha crecido el riesgo de propagación de enfermedades infecciosas. La [denominada] gripe española de 1918-1920 se convirtió en una pandemia global en un mundo sin transporte aéreo de masas. En un comentario sobre la visión que los historiadores tienen de las plagas, ­McNeill señala: “Desde su punto de vista, al igual que desde el de otros, los ocasionales brotes catastróficos de enfermedades infecciosas seguían siendo interrupciones repentinas e impredecibles de la norma que, en esencia, escapaban a cualquier explicación histórica”. Muchos estudios posteriores han llegado a conclusiones similares.

Sin embargo, persiste la idea de que las pandemias son incidentes pasajeros más que una parte integral de la historia. Detrás de ella está la creencia de que los seres humanos ya no formamos parte del mundo natural y podemos crear un ecosistema autónomo, separado del resto de la biosfera. La Covid-19 nos dice que no es así. Solo podremos defendernos de esta peste sirviéndonos de la ciencia; los análisis masivos de anticuerpos y la vacuna serán decisivos, pero, si en el futuro queremos ser menos vulnerables, tendremos que hacer cambios permanentes en nuestro modo de vida.

La textura de la vida cotidiana ya ha cambiado. En todas partes existe un sentimiento de fragilidad

La textura de la vida cotidiana ya ha cambiado. En todas partes existe un sentimiento de fragilidad. Además, la sensación de inestabilidad no afecta solo a la sociedad; lo mismo sucede con la posición de los seres humanos en el mundo. Imágenes virales muestran la ausencia humana de distintas maneras. Los jabalíes se pasean por las ciudades del norte de Italia, mientras que en la ciudad tailandesa de ­Lopburi manadas de monos a los que los turistas ya no dan de comer se pelean en las calles. La belleza no humana y una feroz lucha por la vida han brotado rápidamente en las urbes vaciadas por el virus.

Como han señalado diversos expertos, un futuro posapocalíptico como el proyectado en las obras de ficción de J. G. Ballard se ha convertido en nuestra realidad presente. Pero es importante entender lo que este “apocalipsis” revela. Ballard veía a las sociedades humanas como decorados de un escenario que se pueden derribar en cualquier momento. Las normas que se creían parte de la naturaleza del ser humano desaparecían al abandonar el teatro. Las experiencias más terribles del autor durante su infancia en el Shanghái de la década de 1940 no fueron las que vivió en el campamento de prisioneros de guerra, donde muchos de los reclusos conservaban la entereza y trataban a los demás amablemente. Ballard era un chico ingenioso y audaz y disfrutó gran parte del tiempo que pasó allí. Él mismo me contó que fue cuando la guerra se acercaba a su fin y el campamento se desmanteló cuando fue testigo de los peores ejemplos de egoísmo despiadado y crueldad gratuita.

La lección que aprendió fue que todo aquello no era el fin del mundo. Lo que se suele calificar de apocalipsis es el curso normal de la historia. Muchos salen de él con traumas duraderos, pero el animal humano es demasiado fuerte y versátil para que esos trastornos lo quiebren. La vida sigue, aunque diferente de como era antes. Quienes describen el momento actual como ballardiano no se han fijado en cómo se adaptan los seres humanos a las situaciones extremas que él narra, e incluso se realizan como personas en ellas.

La tecnología nos ayudará a adaptarnos en nuestras presentes condiciones extremas. La movilidad física se puede reducir trasladando muchas de nuestras actividades al ciberespacio. Es posible que las oficinas, los colegios, las universidades, las consultas médicas y otros centros de trabajo cambien para siempre. Las comunidades virtuales organizadas durante la epidemia han hecho posible que la gente llegue a conocerse mejor que nunca.

Cuando la pandemia remita habrá celebraciones, pero puede que no se distinga con claridad en qué momento ha desaparecido el riesgo de contagio. Es posible que mucha gente migre a entornos en la Red, como en Second Life, un mundo virtual en el que las personas se conocen, comercian e interactúan en el cuerpo y el mundo que ellas eligen. Puede que haya otras adaptaciones incómodas para los moralistas: es probable que la pornografía vía Internet experimente un auge, y muchas de las citas en la Red consistirán en relaciones eróticas en las que los cuerpos nunca lleguen a entrar en contacto. La tecnología de la realidad aumentada tal vez se utilice para simular encuentros físicos y el sexo virtual podría normalizarse pronto. Preguntarse si todo esto será un paso hacia una buena vida tal vez no sea lo más útil. El ciberespacio depende de unas infraestructuras que pueden resultar dañadas o destruidas por una guerra o una catástrofe natural. Internet nos sirve para evitar el aislamiento que acompañó a las epidemias en el pasado, pero no permite que los seres humanos escapemos de nuestra carne mortal ni que esquivemos las ironías del progreso.

El progreso es reversible

El virus nos enseña no solo que el progreso es reversible —un hecho que parece que hasta los progresistas han entendido—, sino que puede socavar sus propias bases. Por citar el ejemplo más obvio, la globalización ha traído consigo grandes avances; gracias a ella, millones de personas han salido de la pobreza. Ahora este logro está en peligro. La desglobalización en marcha es hija de la globalización.

Al mismo tiempo que se desvanece la perspectiva de un nivel de vida que aumente sin cesar, vuelven a emerger otras fuentes de autoridad y legitimidad. Ya sea liberal o socialista, el pensamiento progresista detesta la identidad nacional con apasionada intensidad. La historia está llena de episodios que muestran cómo se puede hacer mal uso de ella. No obstante, el Estado nacional se está reafirmando como la fuerza más poderosa para conducir la acción a gran escala. Enfrentarse al virus exige un esfuerzo colectivo que no se movilizará por el bien de la humanidad.

¿Qué parte de su libertad querrá la gente que se le devuelva pasado el pico de la pandemia?
Al igual que el crecimiento, el altruismo también tiene límites. Veremos muestras de extraordinaria abnegación antes de que pase lo peor de la crisis. En el Reino Unido, un ejército de ANI. Con todo, sería una imprudencia depender exclusivamente de la compasión humana para superar la situación. La bondad con extraños es tan valiosa que hay que racionarla.

Aquí es donde entra en juego el Estado protector. En esencia, el Estado británico siempre ha sido hobbesiano. La paz y un Gobierno fuerte han sido sus prioridades fundamentales. Al mismo tiempo, este Estado hobbe­siano ha descansado sobre el consentimiento, sobre todo en épocas de emergencia nacional. La protección contra el peligro se ha impuesto a la libertad frente a las injerencias del Gobierno.

Qué parte de su libertad querrá la gente que se le devuelva pasado el pico de la pandemia es un interrogante aún sin respuesta. No parece que la solidaridad obligatoria del socialismo sea muy de su gusto, pero tal vez acepte de buen grado un régimen de biovigilancia en aras de una mejor protección de su salud. Para salir del agujero vamos a necesitar más intervención estatal, no menos, y además muy creativa. Los Gobiernos tendrán que incrementar considerablemente su respaldo a la investigación científica y a la innovación tecnológica. Aunque es posible que el tamaño del Estado no aumente en todos los casos, su influencia será omnipresente y, de acuerdo con los criterios del viejo mundo, más intrusiva. El gobierno posliberal será la norma en el futuro próximo.

Solo si reconocemos las debilidades de las sociedades liberales podremos preservar sus valores más esenciales. Entre ellos figura, junto con la legitimidad, la libertad individual, que, además de ser valiosa en sí misma, constituye un control necesario al Gobierno. Sin embargo, quienes creen que la autonomía personal es la necesidad humana más profunda revelan su ignorancia en psicología, empezando por la suya propia. Prácticamente para cualquiera, la seguridad y la pertenencia son igual de importantes, y a veces más. El liberalismo, en efecto, ha sido una negación sistemática de este hecho.

Una ventaja de la cuarentena es que se puede utilizar para renovar las ideas. Hacer limpieza mental y pensar cómo vivir en un mundo alterado es la tarea que nos corresponde ahora. Para quienes no estamos sirviendo en primera línea, esto debería bastarnos mientras dure el confinamiento.

John Gray (South Shields, Reino Unido, 1948), filósofo político, es catedrático emérito de Pensamiento Europeo en la London School of Economics. Su último ensayo publicado es ‘Siete tipos de ateísmo’ (2019, editorial Sexto Piso).


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Martes, 21 de Abril 2020
Artículo leído 5185 veces




Comentarios:

1.Publicado por Julia Herrero el 21/04/2020 09:53
Interesante artículo que intenta responder a muchas de nuestras preguntas, pero la respuesta la encontraremos a partir de ahora con nuestras acciones futuras. Ojalá sirva este alto en el camino para que muchos de nosotros retomemos nuestras vidas aprendiendo a priorizar el sentido común, no dejándonos guiar por lo accesorio, lo que no es importante para la vida. Está muy bien pertenecer a un grupo o rebaño que nos protege. Así somos aceptados y pensamos que integrados en el grupo somos los mejores pero el problema es que nunca más podremos pensar diferente, porque discrepar te expulsa y eso se convierte en fracaso y el ser humano es feliz con el éxito, con lo ideal, con lo "guay". Nuestra vida era ideal antes del Coronavirus. Aceptados en el grupo, solo teníamos que hacer lo que el grupo dicta (eso les encanta a los Comunistas) y año tras año ejecutábamos el mismo guión sin pararnos a meditar la incongruencia de muchas de nuestras acciones. Nos permitíamos mirar por encima del hombro al diferente porque el grupo hacía lo mismo y eso no se cuestionaba, no era necesario. Ahora empieza una nueva etapa, una nueva oportunidad para corregir muchas de nuestras incongruencias, nuestro cinismo. Todavía no ha empezado la nueva etapa porque necesitamos de un largo proceso de adaptación que se promete interesante. El peligro será, Sr Vanlop, que "la cabra que siempre tira al monte" no haya aprendido nada de nada de esta gran lección. No puedo extenderme más porque no soy una profesional de la sociología, de la sicología, etc. Solo soy una simple trabajadora que está deseando volver al trabajo.

2.Publicado por vanlop el 21/04/2020 09:54

Estoy liado otra vez y tengo que ir al hospital, si luego puedo, leeré con detenimiento el artículo y comentaré con más extensión.

Sin duda que le mundo va a cambiar. El artículo menciona un accidente el causante de la epidemia, pero no parece que el accidente sea natural, se trataría más bien de un accidente por negligencia en un laboratorio donde no tenían que estar jugando a dioses. Si no ha sido directamente una suelta para cambiar la sociedad. El tiempo lo dirá, de la misma manera que el surgimiento natural ha quedado descartado, dentro de poco veremos si ha sido liberado o ha sido un accidente.

Pienso que la idea no era la globalización con economía liberal, la idea siempre fue la globalización a la china, es decir gobiernos opresores con capitalismo salvaje. Lo estamos viendo en España donde el capitalismo se ha disparado y el gobierno, tal como vamos viendo, se convierte en tiránico.

Las oportunidades son para los que están preparados y ya sabemos que había algunos que estaban más preparados que otros. Si esto fue una operación de los que mandan, no cabe duda que gobiernos serviles, como el español, estaban muy preparados, mientras que otros están un poco fuera de juego.

Porque cada vez está más claro que al gobierno no le importa la epidemia, le importa su agenda para llevarnos a la república bolivariana con el inestimable apoyo de las demás fuerzas de la casta, tal como vimos ayer con la declaración del Sr Casado, que en lugar de pedir que se fuera, le ofreció colaborar, en el parlamento, pero colaboración. Recordemos aquel "váyase Sr González" de Aznar.

Sin embargo, a la gente no le gusta demasiado lo que ocurre y hay cierta resistencia. Veremos que ocurre. Lo cierto es que estamos en un cambio de sociedad, falta saber hacia donde.

Luego sigo, si puedo.



Pasmao y los demás (claro)

Aquí le dejo lo del ascenso del coronel:

https://www.hispanidad.com/confidencial/nombramiento-santiago-sanchez-aseguro-guardia-civil-sumisa_12017871_102.html

Los ascensos a general son potestativos del gobierno. Cualquier militar llega a coronal por antigüedad y otros méritos, ya que muchos se jubilan de comandantes o incluso de capitanes, pero para llegar a general es por invitación del gobierno. Esto lo sabía desde hace mucho, se ha hecho siempre, al menos desde que el ejército se profesionalizó en sus mandos y dejaron de ser designados por el rey, como lo eran en los tercios.

Pero lo que me contó el hijo de un coronel hace unos meses es que la invitación se hace y deben pasar cuatro años para que le ascenso sea efectivo, supongo que en esos cuatro años, el coronel debe hacer varios cursos que le capaciten para el puesto.

La biografía que enlazo no dice nada de esos cuatro años.

3.Publicado por francisco.lopez.roma@gmail.com el 21/04/2020 10:24
No estoy a favor en nada de lo predica el escrito de hoy. Hay mucha defensa del Estado, incluso pretende un superestado europeo, dice que el comercio internacional tiene que dejar de ser "la anarquía del mercado global", es decir, la vuelta a las fronteras económicas, a los aranceles y casi a la autarquía. Puede que sea cierto que a partir de ahora el mundo sea otro, sí, pero no comparto que tiene que ser con un Estado más "protector" y "paternalista", incluso parece que defiende la censura, si acaso dice algo que tiene que seguir y es necesaria la "competencia económica", pero poca competencia va a existir si las empresas no pueden comerciar libremente en todo el mundo.

Y ya el colmo es cuando dice "...quienes creen que la autonomía personal es la necesidad humana más profunda revelan su ignorancia en psicología, empezando por la suya propia. Prácticamente para cualquiera, la seguridad y la pertenencia son igual de importantes, y a veces más. El liberalismo, en efecto, ha sido una negación sistemática de este hecho.".

Creo que por muy filósofo político o catedrático emérito que sea no defiende a plenitud la libertad personal, individual y única de cada ser humano, al que creo no valora suficientemente. Está más bien por, como dice, por el sentimiento de "pertenencia", es decir, por sentirse masa, por ser únicamente un miembro más de un colectivo cualquiera; sea una clase, un país o lo que sea. También hay que decir que este señor es inglés, y parece que muy patriota, y por tanto ve las cosas desde dos puntos de vistas: el patriota y el laborista anglosajón.

Lo dicho, no comparto casi nada de sus planteamientos.

4.Publicado por Blogger el 21/04/2020 10:32
Sr. López Roma:

Hay un párrafo que salva el valor de la libertad individual: "Solo si reconocemos las debilidades de las sociedades liberales podremos preservar sus valores más esenciales. Entre ellos figura, junto con la legitimidad, la libertad individual, que, además de ser valiosa en sí misma, constituye un control necesario al Gobierno.".

Yo creo que esa libertad es primordial, pero hasta ahora no hemos sabido defenderla y hemos dejado que nos la arrebaten. Yo entiendo que lo que el artículo proclama es que esa libertad debe encuadrarse en conceptos más sólidos para que sea defendida mejor en el futuro. Aunque de esto podríamos hablar durante días y delante de muchas botellas de Rioja o Ribera.

F. Rubiales

5.Publicado por francisco.lopez.roma@gmail.com el 21/04/2020 12:34
En primer lugar, Sr. Rubiales, gracias por el ofrecimiento vitivinícola. El escrito habla de muchas cosas, otras cosas, y que no comenté anteriormente, es que dice que "tendremos que hacer cambios permanentes en nuestro modo de vida". Esta frase es una palanca para aquellos "ecologistas", esos del tan cacareado "cambio climático" del que ya no se habla tanto, para que "ellos" aprovéchen la situación y nos retrotraigan a una nueva Edad Media en cuanto al transporte se refiere, porque como también dice el escrito "Es posible que las oficinas, los colegios, las universidades, las consultas médicas y otros centros de trabajo cambien para siempre. Las comunidades virtuales organizadas durante la epidemia han hecho posible que la gente llegue a conocerse mejor que nunca.". Es defensor a ultranza de la "sociedad tecnológica" que pretende el control de las personas, donde todo queda grabado y registrado. No se puede comparar una cita médica con contacto personal médico-paciente que una cita a través de teléfono o vídeoconferencia.

Hay que intentar volver como sea al mundo anterior en muchas cosas, no podemos olvidarlo del todo. Porque también dice el escrito:

"Cuando la pandemia remita habrá celebraciones, pero puede que no se distinga con claridad en qué momento ha desaparecido el riesgo de contagio. Es posible que mucha gente migre a entornos en la Red, como en Second Life, un mundo virtual en el que las personas se conocen, comercian e interactúan en el cuerpo y el mundo que ellas eligen. Puede que haya otras adaptaciones incómodas para los moralistas: es probable que la pornografía vía Internet experimente un auge, y muchas de las citas en la Red consistirán en relaciones eróticas en las que los cuerpos nunca lleguen a entrar en contacto. La tecnología de la realidad aumentada tal vez se utilice para simular encuentros físicos y el sexo virtual podría normalizarse pronto."

NO, por favor, simular encuentros físicos y el sexo real no tienen comparación alguna con lo virtual. NO.

6.Publicado por Ángel Blanco el 21/04/2020 13:03
Vamos, vamos, la que estáis liando por un par de millones de muertos como mucho al final, esto pronto pasará y las elites seguirán con sus métodos de extracción , seguirá el mismo capitalismo con algunos parches y no cambiará absolutamente nada que los extractores crean necesarios, olvidamos muy pronto y somos reemplazables como cualquier borrego en su manada. No es el fin de nada y sino tiempo al atiempo.

7.Publicado por francisco.lopez.roma@gmail.com el 21/04/2020 13:45
...Y continúo Sr. Rubiales:

Todas estas ideas de eliminar el sexo real entre los seres humanos tienen un fín: La limitación de la natalidad en el mundo, la gran mayoría de la élite mundial, incluso puede que éste del escrito de hoy, son eugenistas, partidarios de la eugénesia, que es una filosofía social que defiende la mejora de los rasgos hereditarios humanos mediante diversas formas de intervención manipulada y métodos selectivos de humanos. Más claro agua, es decir, nazismo puro y duro.

8.Publicado por vanlop el 21/04/2020 15:35

Vayamos por partes.

Habla de un país que elimine la agricultura. Ciertamente, Europa ha eliminado en mayor o menor medida la agricultura, sobreviven los viejos, porque ya solo esperan la jubilación, pero a esta paso, dentro de veinte años, la agricultura europea será testimonial. Y eso es un disparate y lo mismo pasa con las industrias básicas y nos vamos a enterar de lo que vale un peine. Que 400 millones de personas dependan de los transportes internacionales para poder comer, es un disparate. El mismo disparate que poner en manos extranjeras las industrias básicas. Pero todo sea por la pasta.

La agricultura es onerosa, porque para que alguien viva con el mismo nivel de renta y servicios que se vive en la ciudad, los precios en origen deben ser mucho más altos y eso hace que los precios en destino se disparen y eso crea inflación y hace que los ciudadanos estén molestos con los precios y acusen al gobierno de ineficacia. en cambio los agricultores no protestan, aceptan más o menos sumisamente el abandono de la actividad, como se ha visto durante estos últimos 60 años, que no todos los males vienen de la democracia, pero sí que el régimen no ha hecho nada por mejorar el campo y peor que se va a poner.

Es más rentable invertir en agricultura en países emergentes, que aquí. Y así tenemos invernaderos de capital español en Marruecos y tendremos, que ya se ah empezado, un millón de hectáreas de olivos en Marruecos. Cuando dentro de cinco años esos olivos produzcan ¿cuanto valdrá un kilo de aceitunas en Jaén? Pero todo por la pasta.

Y lo de las industrias ya es de cine. Tomemos el caso de Endesa. El plan era comprarla por menos de su valor y hacer el negocio del siglo. Tuvieron que pagar su precio y ahora la están desmantelando. Un buen día dirán que ya no producen más electricidad y el gobierno de turno, con nuestro dinero tendrá que comprarla para que media España no se quede sin luz.

Y eso al fin y al cabo ha sido dentro de Uropa, pero ¿qué pasará cuando los chinos compren a precio de saldo las grandes fábricas europeas? Se quedarán con las patentes, montarán las fábricas en China y cerrarán estas y será el llanto y el rechinar de dientes de una Uropa terminada. Pero y lo bien que lo hemos pasado ganando dinero con unos gobiernos a nuestro servicio, dicen los que mandan. Y luego ellos, simplemente invertirán en China y seguirán ganando, incluso mejor, porque el gobierno chino no permite obreros protestones.

Respecto a lo que dice sobre los suministros médicos, hay que extenderlo a todo. Tenemos el caso del material defectuoso, que según dice el País, que es el boletín oficioso, no se sabe si se recuperará el dinero, especialmente si ha habido jugosas comisiones.

Tendremos que tener una industria básica y eso va a salir caro, pero tendremos que vivir con eso y adaptarnos. Eso va a suponer que ya no podremos viajar al Caribe ni siquiera a la playa de ahí al lado, pero lo que no puede ser es vivir por encima de nuestras posibilidades.

Esta Uropa no puede sobrevivir, tal vez, unos años como resto del imperio, algo simbólico, con cierta libertad de movimientos de personas y mercancías, pero que a medida que vuelvan las monedas nacionales, se irá perdiendo.

El artículo señala la insolidaridad alemana y holandesa, pero es de más antiguo. La insolidaridad vino cuando no fueron capaces de meter en cintura a los gobiernos que hacían lo que querían y no sólo en lo económico, sino también en lo político. Se aceptó la entrada de España, que es lo que conocemos, sin sanear las estructuras políticas, que era lo importante, no la economía, que se saneó a costa de quitar renta a otros sectores. Pero gobiernos corruptos venían bien a los países del norte, ellos daban migajas y a cambio se llevaban el pan entero. Tenemos el ejemplo de los ERES o los cursos de formación. ¿Alguien cree que los alemanes no sabían de sobra donde iba el dinero? Pero era mejor callar y otorgar. Tú chorizas tres y yo me llevo veinte. Lo de siempre.

Entonces, ¿quién es más corrupto, el que se lleva las migajas o el que lo permite para lograr ventajas más tarde? La diferencia es que unos lo hacer para llevarse el dinero a sus cuentas en paraísos fiscales y los otros para mejorar sus países. Pero la corrupción es la misma o peor.

Siempre se discutió si había límite al crecimiento. Ahora ya sabemos que sí. Al menos a este crecimiento salvaje. La oportunidad que se nos presenta y que siendo optimista nos vendrá bien, pero pienso que nadie se lo cree, es un crecimiento de tipo espiritual y cultural, sin olvidar el crecimiento material, pero este será secundario.

Si somos capaces de evitar la sinización de Occidente, las perspectivas son buenas, si nos convertimos en una mala copia de China, habrá que esperar que el imperio Chino se hunda para comenzar de nuevo. ¿Europa tiene los líderes necesarios? Lo dudo. Lo que sí tengo claro es que España no los tiene ni los va a tener.

Fco López

Lo del sexo virtual, aunque dentro de los planes de los que mandan, como una forma de reducir la población, no deja de ser una anécdota ante la inmensidad de lo que nos espera.

9.Publicado por pasmao el 21/04/2020 16:23
Buenas tardes Don Francisco

Interesante link, con el que estoy mayoritariamente en desacuerdo. Lo que no obvia que sea interesante porque será una de las bases del "argumentario" pro Britsh en el pero sentido de la palabra que nos caiga en los próximos tiempos.

Tiene grandes verdades, de las que si el españolito medio tuviera capacidad de reflexión.. pero están mezcladas con verdades convenientes y completas falsedades, y usa la misma "lógica" con la que se ha vendido el feminazismo, la calentología, la cosa LGTBi.. la memez histérica, etc etc,

Toma una verdad, evidentemente y obvia, Vg: mujeres asesinadas/maltratadas por sus parejas/esposos, problemas con el medio ambiente (que no tienen nada que ver con el CO2), personas marginadas (comenzando en los colegios) porque no se adaptan a un estandard de gustos, personas que no saben donde están sus deudos fallecidos durante la Guerra Civil.. y su dolor; y partir de eso se construye un argumentario FALSO, del que se deriva una okupación del PODER.

El desmontar uno a uno todas las mentiras (verdades retorcidas) que nos comenta ese señor me llevaría horas y páginas y páginas. Y no tengo ni tiempo y ni ganas.. ni creo que ustedes pudieran soportar tata lectura.

Simplemente voy a poner unas muestras:

Lo que ese señor llama liberalismo es mentira. La libertad sobre la que descansa el verdadero liberalismo es la que permite la libre competencia entre las partes. Y lo que ha ocurrido en el mundo, con las enormes economías de escala del mundo chino es la promoción de oligopolios.

Oligopolios donde los amigos del ponente (no usted) se han puesto las botas, mientras mandaban, pero que han resultado severamente damnificados cuando resultó que los chinos no resultaron tan idiotas, dándole la vuelta a la tortilla y dejándoles con el mercado, con el *ulo, al aire.

Lo que comenta acerca del escaso peso que tiene el estado en paises cómo Korea del Sur o Taiwan es grotesco. Lo que pasa es que es un Estado que mira por los intereses de su nación, son lo mas parecido que hay a lo que teníamos con Franco. Al que ése señor supongo que debe detestar (porque plantó cara a lo peor de ese mundo anglo con indudable éxito) . Pero que el Estado pesaba, y mucho en España con Franco, es algo tan obvio que no merece explicarse. Sólo que ese estado no rea un enemigo de la nación, que es lo que ocurre ahora. Y que esa España de Franco es lo mas parecido que hay a Taiwan y Korea es tan de cajón de pino que no considero necesario explicarlo mas.

Lo que comenta sobre Rusia y los países del Éste, y mucho de la UE es simplemente mentira. Así como su defensa de Arabia Saudí, el gran promotor tanto de la radicalización del islam cómo del terrorismo islamista.

Uno de los grandes errores de la UE fe la incorporación de los países del Este. Lo mismo que con Grecia. Y ahí la influencia de UK fue determinante. Sin el lastre de los países del Este, y de Grecia la historia de la UE y su relación con Rusia, para que esta fuera un aliado, precisamente contra China, pero liderado desde el continente, no desde las islas de su graciosa majestad, nos habría proporcionado un mundo muy diferente. Donde obviamente el poder anglo pesaría mucho menos.

En toda su parte geoestratégica el artículo bebe de la filosofía de Churchill respecto a la necesidad de existencia de la NATO, invento de UK no de USA. Otra cosa es que luego en USA el "Consorcio" hiciera de la "necesidad" virtud y tengamos lo que tenemos ahora. O lo que tuvimos hasta ayer: ese "globalismo liberal" que el ponente, de manera demoniza y echa en falta al mismo tiempo.

La famosa frase "mantener a la Unión Soviética fuera, a los estadounidenses dentro y a los alemanes abajo", que dijo Lord Hastings Ismay, el primer secretario general de la OTAN planea sobre todo el artículo.

La pregunta es porque una persona tan inteligente como el ponente ha soltado semejantes "perlas".

Mi idea es que:

1/ Él sabe, que en efecto, muchas cosas van a cambiar.
2/ Él está buscando un "acomodo" en ese nuevo mundo. Y quiere hacerlo en función de tener un copyright sobre un "argumentario" que nos van a tratar de vender como un pack sobre el que no se podrá opinar ni disentir.

Exactamente de la misma manera que los Soros, pero de a la british way.

Un cordial saludo

10.Publicado por pasmao el 21/04/2020 16:56
Apreciado VANLOP

muchas gracias por el link que ha aduntado.

Guárdelo cómo oro en paño, porque desaperecerá.

Un muy cordial saludo

11.Publicado por francisco.lopez.roma@gmail.com el 21/04/2020 17:41
vanlop:

Pues así no se reduce la población, favoreciendo el sexo virtual, que sólo se practicaría en los países desarrollados. En África, Iberoamérica, y los países musulmanes no tiene futuro esa forma de "hacerlo". Quizás el plan sea sustituir a la población más desarrollada (y por tanto más preparada) por analfabetos...y con perdón...negros, sudacas, y moros. Y los chinos mandando. Pero la élite mundial seguirá siendo anglosajona. Pues que se reduzcan ellos (la élite), y si tenemos que hacerlo habrá que hacerlo: Acabar con la élite mundial.

Sí, es así,como dices, y es lo que pretenden. Quizás una revolución mundial que le de pie a esa élite a justificar más represión, no solo el "confinamiento". Y entonces..."Lo del sexo virtual,...no dejará de ser una anécdota ante la inmensidad de lo que nos espera."

Dios no lo quiera.

12.Publicado por francisco.lopez.roma@gmail.com el 21/04/2020 17:43
vanlop:

Sí, es cierto, así no se reduce la población, favoreciendo el sexo virtual, que sólo se practicaría en los países desarrollados. En África, Iberoamérica, y los países musulmanes no tiene futuro esa forma de "hacerlo". Quizás el plan sea sustituir a la población más desarrollada (y por tanto más preparada) por analfabetos...y con perdón...negros, sudacas, y moros. Y los chinos mandando. Pero la élite mundial seguirá siendo anglosajona. Pues que se reduzcan ellos (la élite), y si tenemos que hacerlo habrá que hacerlo: Acabar con la élite mundial.

Sí, es así,como dices, y es lo que pretenden. Quizás una revolución mundial que le de pie a esa élite a justificar más represión, no solo el "confinamiento". Y entonces..."Lo del sexo virtual,...no dejará de ser una anécdota ante la inmensidad de lo que nos espera."

Dios no lo quiera.

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Este blog no es una plataforma de promoción del Voto en Blanco, sino un medio de castigo al mal gobierno y a la política antidemocrática que utiliza el termino “Voto en Blanco” por lo que conlleva de protesta y castigo al poder inicuo.

El voto en blanco es una bofetada democrática a los poderes políticos ineptos y expresa la protesta ciudadana en las urnas cuando padece gobiernos insoportables, injustos y corruptos. Es un gesto democrático de rechazo a los políticos, partidos y programas, no al sistema. Conscientes del riesgo que representaría un voto en blanco masivo, los gestores de las actuales democracias no lo valoran, ni lo contabilizan, ni le otorgan plasmación alguna en las estructuras del poder. El voto en blanco es una censura casi inútil que sólo podemos realizar en las escasas ocasiones que se abren las urnas. Esta bitácora abraza dos objetivos principales: Valorar el peso del voto en blanco en las democracias avanzadas y permitir a los ciudadanos libres ejercer el derecho a la bofetada democrática de manera permanente, a través de la difusión de información, opinión y análisis.




HIENAS Y BUITRES. PERIODISMO Y RELACIONES PERVERTIDAS CON EL PODER


Hienas y buitres es un libro escrito para despertar y movilizar las conciencias dormidas e intoxicadas desde el poder. Leerlo representa un vuelo rasante por encima de los secretos de la comunicación moderna y de los recursos y trucos que utiliza el poder para ejercer el dominio.
Las relaciones entre políticos y periodistas siempre han sido tormentosas. Son dos poderes decisivos que en las últimas décadas han pretendido dominar el mundo. En ocasiones lo han mejorado, pero otras veces lo han empujado hacia el drama y el fracaso. Políticos y periodistas se aman y se odian, luchan y cooperan, nos empujan hacia el progreso y también nos frenan. Son como las hienas y los buitres, que comen y limpian huesos juntos, pero sin soportarse. Al desentrañar el misterio, aprenderemos también a defendernos de sus fechorías.
Los medios son la única fuerza del siglo XXI que tiene poder para poner y quitar gobiernos y para cambiar los destinos del mundo.
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DEMOCRACIA SEVERA. MÁS ALLÁ DE LA INDIGNACIÓN


Lo que hoy llamamos "democracia" es un triste remedo de lo que fue ese sistema en sus orígenes. Los políticos han aprendido a violarla y la han desnaturalizado y desarmado. "Democracia Severa, mas allá de la indignación" (Tecnos 2015), de Francisco Rubiales Moreno y Juan Jesús Mora Molina, es un libro que denuncia la degradación de la democracia y señala las reformas que el sistema necesita para que sea justo y decente y para que los políticos estén bajo control.
A la democracia le faltan piezas de gran importancia: exigencias éticas, controles a los políticos, que deben ser examinados, psiquica y moralmente, por comisiones independientes, auténtica separación de los poderes y otorgar un papel preponderante a la sociedad civil y al ciudadano, que deben influir y, sobre todo, supervisar la labor de los gobernantes, pudiendo, incluso, destituirlos. La impunidad debe acabar, como también la tolerancia frente a la corrupción y esos cheques en blanco que permiten a los políticos gobernar como les da la gana, ignorando la opinión de los ciudadanos, que son sus jefes y los soberanos del sistema.
Democracia Severa, que ya está en las librerías, aporta lucidez, libertad y solvencia ciudadana. Es una reflexión de denuncia que señala los puntos débiles de nuestro sistema y ayuda a la regeneración y a construir un mundo mejor.
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Este libro, publicado por Francisco Rubiales Moreno, Las Revelaciones de Onakra, el escriba de Dios, no es, como los tres anteriores del mismo autor (Democracia Secuestrada, Políticos, los Nuevos Amos y Periodistas sometidos), un ensayo de pensamiento político, sino una original narración que recoge misteriosas revelaciones sobre la llegada de los primeros ángeles a la Tierra, sus relaciones con las especies vivientes del planeta, el nacimiento de la inteligencia humana y el inicio de esa lucha a muerte entre el bien y el mal que domina la existencia humana, desde el principio hasta el final de los tiempos.
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Periodistas Sometidos. Los perros del poder (Editorial Almuzara, 2009), el último libro publicado por Francisco Rubiales, ha sido acogido con gran interés por políticos, periodistas y ciudadanos interesados en conocer con detalle la profunda crisis del periodismo en España, el sometimiento al poder de miles de periodistas y de redacciones completas, la agonía del periodismo libre, independiente y crítico y la rotura de la vieja alianza entre periodistas y ciudadanos, sin la cual la democracia deja de existir.
Es el tercer y último libro de la trilogía de pensamiento político que comenzó con Democracia Secuestrada (Almuzara 2005) y continuó con Políticos, los nuevos amos (Almuzara 2007).
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