Voto en Blanco
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Colaboraciones

¿CÓMO ES POSIBLE QUE EL VOTO DE UN ESTÚPIDO Y EL DE UN CIENTÍFICO VALGAN EXACTAMENTE IGUAL?


Nota

Sin duda, el punto débil de la democracia es su incapacidad para distinguir entre un estúpido y un ser inteligente o entre un canalla y un ciudadano virtuoso. El voto de todos vale lo mismo en este sistema, donde la meritocracia no tiene valoración alguna.

Hoy publicamos una colaboración una interesante aportación sobre este tema, enviada por Carlos Aurelio Caldito, que ya previamente ha sido publicada en Alerta Digital.
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Hace medio siglo en España, cuando lo frecuente eran las familias numerosas y no viceversa, era corriente oír, entre otras muchas expresiones que, “un niño viene con un pan debajo del brazo” para referirse a que la llegada de un nuevo ser a la familia supone una bendición y un motivo de enorme felicidad. Ahora, en los tiempos que corren al parecer, los niños ya no vienen con nada debajo de un brazo; vienen “con ciencia infusa”. La gente nace sabiendo, porque sí; y además, a pesar de no haber estudiado o no haberse interesado por aprender, uno sabe y ya está, “y punto pelota”... "De puro listos que somos..." y no se te ocurra discrepar, pues, solamente se le ocurre cuestionar tal dogma a la gente facha, rancia, anacrónica…

Hay un estudio sobre los tontos y la tontería, de Santo Tomás de Aquino, en el que, entre otras muchas cuestiones menciona que, además de la parálisis, del estupor -de ahí la expresión “estúpido”- existe otro factor importante en la tontería: la falta de sensibilidad.

Santo Tomás diferencia entre estulto y fatuo, afirma que la estulticia comporta embotamiento del corazón y hace obtusa la inteligencia (“stultitia importat hebetudinem cordis et obtusionem sensuum”). Por el contrario, la fatuidad es la total ausencia de juicio; el estulto posee juicio pero lo tiene embotado, aturdido, incapacidad de reacción a estímulos de intensidad normal. De ahí que, la estulticia sea contraria a la sensibilidad de quien sabe: sabio (sapiens) se dice por saber (sabor): así como el gusto discierne los sabores el sabio discierne y saborea las cosas y sus causas: a lo obtuso se opone la sutileza y la perspicacia de quien sabe, de quien es capaz de saborear.

La metáfora del gusto, de la sensibilidad en el gusto como ejemplo, y referente para quien sabe saborear la realidad, encierra una de las principales tesis de Santo Tomás de Aquino sobre la tontería. Hasta tal punto que llega a considerar que, frente a la creencia general de que la felicidad está en la posesión de dinero y bienes materiales, como afirma la legión de estultos que, saben sólo de bienes corporales que el dinero puede comprar; el juicio sobre el bien humano no lo debemos tomar de los estultos sino de los sabios, lo mismo que en cosas de sabor preguntamos a quienes tienen paladar sensible.

Prosigue Santo Tomás de Aquino afirmando que se trata siempre de una percepción de la realidad: lo que de hecho es amargo o dulce, parece amargo o dulce para quienes poseen una buena disposición de gusto, pero no para aquéllos que tienen el gusto deformado. Cada cual se deleita en lo que ama: a los que padecen de fiebre se les corrompe el gusto y no encuentran dulces cosas que en verdad lo son…

También es importante otra característica que nos señala Tomás de Aquino acerca del insipiente: creer que todos tienen -y son de- su condición.

Otra cuestión de la que nos advierte Tomás de Aquino es la de que, entre las causas morales de la percepción de la realidad destaca la buena voluntad que, es como una luz, mientras la mala voluntad sumerge a uno en las tinieblas del prejuicio.

Por supuesto, en su análisis de los tontos y la tontería, Santo Tomás de Aquino nos habla de que hay grados de tontería y de tontos; igual que hay grados de inteligencia y de personas inteligentes.
Dirán que a cuento de qué hablar de la estupidez, nada más lejos de mis intenciones que hacer un “elogio-encomio a la estulticia” a la manera de Erasmo de Rotterdam; pues muy sencillo, todo ello es característico, definitorio de la triste, tristísima situación que actualmente sufre nuestra Patria, España, ese lugar de cuyo nombre muchos no quieren acordarse y evitan nombrarla, no sea que se enfaden quienes quieren romper España, o los acaben llamando “fachas”.

Pero para que triunfe la estupidez, para que triunfe el fracaso de la inteligencia, tanto individualmente como socialmente, para que España haya llegado a ser una meritocracia a la inversa, como ya afirmaba Joaquín Costa hace más de un siglo, en su “Oligarquía y caciquismo como la actual forma de gobierno en España, urgencia y modo de cambiarla”; para que hayan acabado triunfado “los peores” es imprescindible que esté presente el defecto, la ausencia, o inhibición de la presión por la excelencia.

El régimen oligárquico-caciquil que Joaquín Costa describía, refiriéndose a la España de hace más de un siglo, y que por desgracia en la actualidad sigue prácticamente intacto, posee una importante característica: un elitismo perverso que, impide “la circulación de las élites”, en el régimen caciquil los más capaces y los mejor preparados son apartados, “es la postergación sistemática, equivalente a eliminación de los elementos superiores de la sociedad, tan completa y absoluta, que la nación ni siquiera sabe que existen; es el gobierno y dirección de los mejores por los peores; violación torpe de la ley natural, que mantiene lejos de la cabeza, fuera de todo estado mayor, confundida y diluida en la masa del rebaño servil, “servum pecus”, la élite intelectual y moral del país, sin la cual los grupos humanos no progresan, sino que se estancan, cuando no retroceden.”

La mejor definición de la democracia a la española es "el dominio de los corruptos, los mediocres y los idiotas sobre la gente inteligente y decente". Es por ello que, esta falsa democracia española solo puede producir lo que produce: fracaso, retroceso, injusticia, desigualdad, pobreza y mucho dolor y tristeza.

Basta con echarle un vistazo a quienes son nuestros representantes, observar el comportamiento de quienes están al frente de esos aparatos de corrupción que son los partidos políticos, para llegar a la conclusión de que, su objetivo es que los mediocres estén en la cima y por tanto, la mediocridad ocupe la vida pública.

No es de extrañar, pues, que como resultado tengamos todo aquello que nadie desea: la mayor tasa de paro de la OCDE, la mayor quiebra del sistema financiero, el mayor nivel de corrupción, los estudiantes con peor formación académica (aunque los líderes de los partidos nos repitan hasta aburrir que, nuestra juventud es la mejor preparada de la Historia), según el informe PISA etc...

Y, a pesar de todo, ahí seguimos votando, erre que erre a los más golfos y los más mediocres del solar patrio.

Nos cuentan, un día sí y el otro también que, la democracia es el gobierno de la mayoría, y que, el que gana unas elecciones poco más o menos que tiene derecho a hacer su santísima voluntad. La persona más estúpida del mundo, según ese dogma, se verá protegida frente a cualquier clase de cuestionamiento mediante esa legitimidad que le otorga esa mayoría. Sin embargo, afortunadamente, en España, en el resto de los ámbitos no se funciona de forma democrática. Por ejemplo: las empresas no son democráticas. Sus consejos de Administración no se someten al refrendo de los accionistas, ni menos de sus trabajadores. Al frente de cualquier empresa se procura que estén los más preparados, los mejores. En ninguna empresa se toman las decisiones por consenso, las toma el gerente, el equipo directivo. Si miramos qué se hace en cualquier práctica deportiva de competición, tampoco el consenso está presente, y menos la regla de la mayoría… el entrenador hace jugar a los mejores. Tanto en cualquier empresa, como en un equipo de fútbol, se aplica la meritocracia como norma, y por ello que suelen tener éxito los mejores. En cualquier ámbito de la vida donde se gana y se pierde –pues son habituales la competición y la competencia- para conseguir éxito no funciona la democracia, sino la meritocracia, la excelencia.

En cualquier democracia el voto de un científico y el de un analfabeto valen exactamente igual.

¿Qué régimen político que pretenda alcanzar la perfección aguanta este esquema?

La realidad cotidiana nos demuestra que lo que entienden por democracia los actuales políticos, está a años luz de las ideas de quienes en siglos pasados, proponían la participación ciudadana, la democracia, como forma de gobierno, de gestión de lo público.

Si en España se pretende consolidar la democracia (acompañada, por supuesto una estricta separación de poderes), hay que acabar con el “pensamiento Alicia” que diría el profesor Gustavo Bueno, con el buenismo, con la idea de que la democracia debe ampararlo todo, llegando a admitir incluso a quienes están en contra de la participación ciudadana, y sobre todo, hay que erradicar la idea de que, los menos listos, los menos preparados, los menos formados e informados, poseen el mismo derecho que los más sabios, los mejor preparados; perversión a la cual nos ha llevado el igualitarismo que, sin duda es el peor enemigo de la libertad, que, ha venido de la mano de los buenistas, y que deberíamos evitar que sea para quedarse…

Una democracia real (no la democracia a la española) no propicia estupideces tales como las que vengo nombrando, una democracia fuerte y con idea de perdurar, no debe consentir que un delincuente condescendencia, al mismo tiempo que a sus víctimas se las sienta en el banquillo por protestar; una democracia real no es débil con el fuerte y fuerte con el débil, tener piedad, compasión con el delincuente es traicionar a quienes el delincuente ha causado daño; una democracia fuerte no admite que una de sus regiones intente separarse de la nación, y no tenga consecuencias para los responsables de la rebelión, una democracia fuerte no admite que la corrupción la tengan que pagar sus ciudadanos, mientras que los corruptos campan por sus fueros…

Una verdadera democracia no admite que agrupaciones políticas que, una y otra vez han incumplido sus promesas electorales, se perpetúen en el poder porque sus electores no posean suficiente cociente intelectual que, les permita votar con la formación y el conocimiento imprescindibles. Lo cual solamente se pueden adquirir tras una enseñanza sin adoctrinamiento y sin manipulación, en un sistema cuyo único objetivo no sea mantener a la población infantilizada, en situación minoría de edad.

Una democracia de estas características, sin duda no es una democracia, es una “estupidocracia”, una oclocracia donde triunfan los que más ruido son capaces de hacer…

¿No es preferible la meritocracia, el gobierno de los mejores?


Carlos Aurelio Caldito Aunión

Carlos Aurelio Caldito Aunión
Domingo, 16 de Junio 2019
Artículo leído 1040 veces




Comentarios:

1.Publicado por vanlop el 16/06/2019 10:40

Poco se puede añadir a lo dicho, que está muy bien explicado. Esto es lo que venimos señalando desde siempre al observar el sistema que noshemosdadonosotrosmismos. El sistema procura el ascenso de los mediocres, es una mediocracia, porque así nadie cuestiona al líder, que es tan tonto como los demás pero más audaz, tal como vemos en la actualidad.

En realidad el sistema es un despotismo, como comenté el otro día, el revés. Mientras que el despotismo del siglo XVIII procuraba que los mejores fueran los gobernantes, o al menos lo intentaban los monarcas, ahora el "monarca" elige siempre a peores que él para que nadie le haga sombra. Esto conduce inevitablemente a la degradación del sistema, porque cada vez son más tontos.

Desgraciadamente esto se da en toda Europa, en realidad en todos los países con sistemas a la europea, solo que en otros países se nota menos porque han partido de personas inteligentes, aquí se partió hace cuarenta años de los peores disponibles. Al ser un fenómeno universal, no cabe esperanza que desde fuera nos ayuden y tendremos que solucionar el problema nosotros solos.

El articulista, al igual que todos, admite y asume la mayor y es que las votaciones son limpias. Y no digo elecciones porque la elección ya nos la dan hecha, aspecto este sobre el que parece hay más partidarios. Sin embargo los votos se admiten como verdaderos, cuando, a pesar de todas las dudas, muy razonables, por cierto, se admite como hecho que el pueblo vota a los que salen elegidos.

Creo que esto es algo que debemos desterrar y aceptar los que mandan, porque no podemos demostrar "más allá de toda duda razonable" que las votaciones son fraudulentas. Pero que no se pueda demostrar no quiere decir que aceptemos sin cuestionar los resultados y afirmemos de forma tajante, que los que mandan han sido votados por la mayoría.

Tenemos que soportar sin resignación a los que mandan, porque no tenemos forma de demostrar nada, pero también tenemos la obligación de vigilar, en democracia siempre hay que vigilar y procurar que los fraudes sean los mínimos.

Un poco al margen, pero dentro de la corrupción de este sistema, tenemos las actuaciones de c's.

La primera es aceptar que el presidente de Francia diga con quién tiene que pactar o con quién no puede pactar en ningún caso. Luego ellos han tenido que pactar con los que no se han cansado de decir que son los malos malísimos. Y lo que resulta pintoresco y propio de este sistema tan absurdo, es que en unos ayuntamientos hayan pactado con unos y en otros con otros.

Pero como el número de tontos es infinito y además cada día nacen muchos tontos más, pues todo está bien y sigamos que para eso somos mayoría.

2.Publicado por francisco.lopez.roma@gmail.com el 16/06/2019 10:43
Explica muy bien el escrito aquello que muchos pensamos desde hace mucho tiempo. Que la democracia como solución al problema del poder político no es en realidad efectiva. Si acaso, sería lo menos malo siempre y cuando no hubiera exceso de políticos en todos sitios (pueblos, comarcas, provincias, regiones, estados, y ya hasta en continentes enteros). Porque como bien dice el artículo "la democracia es el gobierno de la mayoría, y que, el que gana unas elecciones poco más o menos que tiene derecho a hacer su santísima voluntad. La persona más estúpida del mundo, según ese dogma, se verá protegida frente a cualquier clase de cuestionamiento mediante esa legitimidad que le otorga esa mayoría.". Y con ésto se ha sacralizado a la democracia que es lo mismo que sacralizar o endiosar al Estado. Ya nadie cuestiona las decisiones de los políticos (salvo que otros la cuestionen) porque con la excusa de que es una decisión "demócrata" pues como vulgarmente se dice pues "va a Misa".

Hay políticos en todos lados, hasta en los Centros de Salud, donde mandan más que los médicos y enfermeros, y aunque dice el escrito que en las empresas "todavía" las decisiones las toman no los políticos sino los gerentes...al tiempo, que ya tienen ideas por ahí de la llamada "democracia económica" de que los sindicatos intervengan en la gestión y dirección de las empresas.

La democracia en el poder político trae consigo todo lo que se dice en el escrito, cierto, y creo que la única opción sería restringir al máximo el número de sitios donde los políticos intervienen. Con un Presidente basta y sobra, y si tiene que ser elegido por la gente pues en primer lugar que se exija que por lo menos tenga una serie de condiciones sobre su persona, conocimientos y mínima experiencia. Que para cualquier puesto de trabajo es lo que exigen.

3.Publicado por francisco.lopez.roma@gmail.com el 16/06/2019 13:33
Antes, los tontos tenían (o teníamos) la excusa de la violencía física pero ahora ya es un arma que le quitaron al pueblo para hacer revoluciones y entonces ya no queda mas opción que conformarse con que por lo menos tenemos "pan y circo". En el fondo igual que en el Imperio Romano. Pero ya vendrán los "bárbaros" oportunos, no se crean que van a durar siempre.

4.Publicado por pasmao el 16/06/2019 16:33
Buenas tardes Don Francisco y demás

Saco un poco de tiempo para comentar hoy. Les leo diariamente pero tengo dificil comentar día a día cómo antes.

Efectivamente el artículo es bastante redondo. Poco que añadir.

Simplemente incidir en ese muy consciente regodeo en la ignorancia de muchos de los lanares actuales. Insisto en lo de consciente, porque sabiéndose ignorantes lo toman cómo si fuera algo positivo, algo en lo que "profundizar", por paradójico que pueda suponer.

Saben que ligado al conocimiento va aparejada la responsabilidad que de ese conocimeinto se deriva. Es lo único que saben, o intuyen, ergo a mas ignorantes seamos menos responsables seremos de lo que acontezca..

Antes las personas mas ignorantes intentaban aprender y sobre todo aprendian a distinguir, de entre los que no eran ignorantes, de quien se podían fiar.. ergo cuando se delegaba el poder, o sea se votaba.. quienes tenían mas sabiduría podían compensar su escasez en número en la idea de que su poder de influencia en el resto compensaría mas o menos.. el pertenecer a dicha minoría.

Ahora las élites ya no son de fiar, es imposible que puefan influir de manera positiva en la masa lanar que por otro lado se rgodea y toma cómo ejemplo a quienes menos de fiar de esas elites para que les representen.

El resultado salta a la vista.

Ello no ocurre sólo a nivel político, empresas, asociaciones, relaciones familiares, religión .. por desgracia se ha extendido a grandes ambitos de la sociedad.

No se a donde nos llevará ésto a largo plazo, pero que esas falsas élites pueden tener algo claro. El que serán devoradas por esa plebe, y lo harán sin miramientos, el día que que la situación no de mas de si. No deramaré una sóla lágrima por ellos.

Un cordial saludo

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El voto en blanco es una bofetada democrática a los poderes políticos ineptos y expresa la protesta ciudadana en las urnas cuando padece gobiernos insoportables, injustos y corruptos. Es un gesto democrático de rechazo a los políticos, partidos y programas, no al sistema. Conscientes del riesgo que representaría un voto en blanco masivo, los gestores de las actuales democracias no lo valoran, ni lo contabilizan, ni le otorgan plasmación alguna en las estructuras del poder. El voto en blanco es una censura casi inútil que sólo podemos realizar en las escasas ocasiones que se abren las urnas. Esta bitácora abraza dos objetivos principales: Valorar el peso del voto en blanco en las democracias avanzadas y permitir a los ciudadanos libres ejercer el derecho a la bofetada democrática de manera permanente, a través de la difusión de información, opinión y análisis.




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