Los hechos, contundentes y estremecedores, hacen sospechar que estamos gobernados por la peor calaña imaginable.
Tras la imputación de Begoña Gómez y los cinco días de reflexión de Pedro Sánchez, en abril de 2024, el entonces secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, habría activado —según el auto de Pedraz y quizás siguiendo órdenes "de arriba"— una estructura para desestabilizar sistemáticamente cualquier procedimiento judicial que amenazara los intereses del partido o de su líder.
El encargado operativo de recolectar miseria, datos comprometedores y bajeza contra jueces, fiscales y miembros de la UCO de la Guardia Civil fue Leire Díez, descrita en los autos como la “fontanera” del partido.
Pagos mensuales, facturas falsas y reuniones en Ferraz forman parte del entramado que ahora investiga la Justicia.
Aquello fue una operación bajuna y antidemocrática dirigida contra la Justicia independiente que todavía sigue activa: contra el juez Juan Carlos Peinado, contra la jueza Beatriz Biedma, contra otros jueces honrados, contra fiscales anticorrupción, contra guardias civiles que cumplen con su deber y contra periodistas que se atreven a publicar verdades ocultadas por el poder. El objetivo era claro: neutralizar, desprestigiar o frenar a quienes investigaban corrupción en el entorno del Gobierno.
Cuando la Justicia amenaza al gran jefe, las cloacas se activan. Los héroes que se enfrentan a esa maquinaria brillan con luz propia. España y la libertad deben mucho a los que no se doblegan, a los jueces íntegros que no aceptan presiones ni miran hacia otro lado, a los agentes que se juegan su carrera sirviendo a la verdad, a periodistas que no temen ser aplastados por el sanchismo y denuncian la maldad, a agentes de la UCO que, pese a las maniobras para desacreditarlos, siguen investigando con profesionalidad y sin miedo, a fiscales que resisten las filtraciones, los audios manipulados y las campañas de descrédito, a periodistas honestos que publican los autos, los audios y los indicios sin someterse al relato oficial ni al miedo a represalias y a ciudadanos valientes y demócratas que critican la maldad del poder sin miedo.
Son minoría. El resto del panorama está lleno de mediocridad, complicidad o silencio calculado. Políticos que priorizan la lealtad al jefe sobre la lealtad a España, medios que miran para otro lado e intelectuales que callan ante el ataque a la separación de poderes.
Es el precio de la podredumbre.
Lo que está en juego es una justicia igual para todo, además de la dignidad de toda una nación, no es solo la suerte de Pedro Sánchez o de Santos Cerdán. Están en juego la confianza de los ciudadanos y la suerte de la libertad.
Cuando un partido en el Gobierno —o en su entorno— monta estructuras paralelas para atacar a jueces y policías que investigan a su cúpula, la democracia se degrada y se convierte en una farsa donde el poder no rinde cuentas, sino que las neutraliza.
Las cloacas del PSOE no son un invento. Son el resultado de años de impunidad, de arrogancia de quien se cree por encima de la ley y de una cultura política que confunde el Estado con su partido. “Tenemos información que ayudaría al presidente”, decía Leire Díez en sus comunicaciones. Esa frase resume la tragedia: convertir la Administración y el partido en una herramienta para proteger al líder por encima de todo.
Los héroes que resisten —esos jueces, agentes y periodistas limpios— están salvando a España. Saben que sin Justicia independiente no hay libertad, solo la arbitrariedad corrupta del más fuerte.
España se tambalea, sí, pero mientras queden hombres y mujeres dispuestos a cumplir con su deber sin venderse, la batalla, dura y desigual, no está perdida.
Los héroes son pocos. Pero la Historia demuestra que, a la larga, la verdad y la decencia suelen vencer a las cloacas.
Francisco Rubiales
Tras la imputación de Begoña Gómez y los cinco días de reflexión de Pedro Sánchez, en abril de 2024, el entonces secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, habría activado —según el auto de Pedraz y quizás siguiendo órdenes "de arriba"— una estructura para desestabilizar sistemáticamente cualquier procedimiento judicial que amenazara los intereses del partido o de su líder.
El encargado operativo de recolectar miseria, datos comprometedores y bajeza contra jueces, fiscales y miembros de la UCO de la Guardia Civil fue Leire Díez, descrita en los autos como la “fontanera” del partido.
Pagos mensuales, facturas falsas y reuniones en Ferraz forman parte del entramado que ahora investiga la Justicia.
Aquello fue una operación bajuna y antidemocrática dirigida contra la Justicia independiente que todavía sigue activa: contra el juez Juan Carlos Peinado, contra la jueza Beatriz Biedma, contra otros jueces honrados, contra fiscales anticorrupción, contra guardias civiles que cumplen con su deber y contra periodistas que se atreven a publicar verdades ocultadas por el poder. El objetivo era claro: neutralizar, desprestigiar o frenar a quienes investigaban corrupción en el entorno del Gobierno.
Cuando la Justicia amenaza al gran jefe, las cloacas se activan. Los héroes que se enfrentan a esa maquinaria brillan con luz propia. España y la libertad deben mucho a los que no se doblegan, a los jueces íntegros que no aceptan presiones ni miran hacia otro lado, a los agentes que se juegan su carrera sirviendo a la verdad, a periodistas que no temen ser aplastados por el sanchismo y denuncian la maldad, a agentes de la UCO que, pese a las maniobras para desacreditarlos, siguen investigando con profesionalidad y sin miedo, a fiscales que resisten las filtraciones, los audios manipulados y las campañas de descrédito, a periodistas honestos que publican los autos, los audios y los indicios sin someterse al relato oficial ni al miedo a represalias y a ciudadanos valientes y demócratas que critican la maldad del poder sin miedo.
Son minoría. El resto del panorama está lleno de mediocridad, complicidad o silencio calculado. Políticos que priorizan la lealtad al jefe sobre la lealtad a España, medios que miran para otro lado e intelectuales que callan ante el ataque a la separación de poderes.
Es el precio de la podredumbre.
Lo que está en juego es una justicia igual para todo, además de la dignidad de toda una nación, no es solo la suerte de Pedro Sánchez o de Santos Cerdán. Están en juego la confianza de los ciudadanos y la suerte de la libertad.
Cuando un partido en el Gobierno —o en su entorno— monta estructuras paralelas para atacar a jueces y policías que investigan a su cúpula, la democracia se degrada y se convierte en una farsa donde el poder no rinde cuentas, sino que las neutraliza.
Las cloacas del PSOE no son un invento. Son el resultado de años de impunidad, de arrogancia de quien se cree por encima de la ley y de una cultura política que confunde el Estado con su partido. “Tenemos información que ayudaría al presidente”, decía Leire Díez en sus comunicaciones. Esa frase resume la tragedia: convertir la Administración y el partido en una herramienta para proteger al líder por encima de todo.
Los héroes que resisten —esos jueces, agentes y periodistas limpios— están salvando a España. Saben que sin Justicia independiente no hay libertad, solo la arbitrariedad corrupta del más fuerte.
España se tambalea, sí, pero mientras queden hombres y mujeres dispuestos a cumplir con su deber sin venderse, la batalla, dura y desigual, no está perdida.
Los héroes son pocos. Pero la Historia demuestra que, a la larga, la verdad y la decencia suelen vencer a las cloacas.
Francisco Rubiales







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