Ya no puede esconderse tras mayorías parlamentarias ni pactos de investidura. La realidad judicial se impone con crudeza y Sánchez tiembla porque sabe que, sin el parapeto del poder, su futuro es incierto.
Este miedo visceral lo paraliza y explica muchas de sus decisiones desesperadas de los últimos tiempos.
La condena del Tribunal Supremo a José Luis Ábalos, su antiguo hombre fuerte y exsecretario de Organización del PSOE, a 24 años de prisión por organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias en el caso de las mascarillas ha sido un mazazo demoledor.
Ver cómo un colaborador cercano, artífice de su ascenso, cae con una sentencia histórica ha desatado el pánico en Moncloa.
Ábalos, intocable hasta hace poco; ahora es un preso.
Esta sentencia demuestra que la Justicia española, lejos de amilanarse ante el poder, se fortalece y ya no perdona a los antes intocables del sanchismo.
El pavor se ha extendido como un virus por toda la cofradía sanchista. Ministros, altos cargos, asesores y militantes corruptos tiemblan porque saben que la red judicial se estrecha.
Las investigaciones sobre Begoña Gómez por presuntos delitos de tráfico de influencias, malversación y corrupción en los negocios; el caso del hermano de Sánchez; las pesquisas contra Santos Cerdán; y otras tramas que salpican Ferraz y el Gobierno generan miedo colectivo.
Los que durante años se creyeron impunes ahora ven cómo la Justicia avanza sin que sus maniobras de distracción la detengan.
Sánchez, con la "magia" ya perdida y sin que sus trucos y mentiras surtan efecto, ha convertido su supervivencia personal en el único objetivo de Estado, alargando la agonía de España con tal de retrasar el momento de rendir cuentas.
Pero el pavor no lo salvará. Cuanto más intente resistir, más evidente se hace su debilidad y más cerca está el día en que tenga que responder ante los tribunales como cualquier otro ciudadano.
Los españoles soportan el calor del verano; Sánchez y su corte soportan el calor asfixiante de una Justicia que ya no se doblega. Y ese miedo, lejos de humanizarlo, solo revela la miseria moral de quien antepuso su permanencia en el poder al bien de la nación.
La visión de antes imponente y arrogante Sánchez es penosa. Hoy es una rata herida y asustada que produce casi tanta pena como desprecio por el inmenso daño que ha causado a la democracia, a la nación y a la dignidad de su pueblo.
Francisco Rubiales
Este miedo visceral lo paraliza y explica muchas de sus decisiones desesperadas de los últimos tiempos.
La condena del Tribunal Supremo a José Luis Ábalos, su antiguo hombre fuerte y exsecretario de Organización del PSOE, a 24 años de prisión por organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias en el caso de las mascarillas ha sido un mazazo demoledor.
Ver cómo un colaborador cercano, artífice de su ascenso, cae con una sentencia histórica ha desatado el pánico en Moncloa.
Ábalos, intocable hasta hace poco; ahora es un preso.
Esta sentencia demuestra que la Justicia española, lejos de amilanarse ante el poder, se fortalece y ya no perdona a los antes intocables del sanchismo.
El pavor se ha extendido como un virus por toda la cofradía sanchista. Ministros, altos cargos, asesores y militantes corruptos tiemblan porque saben que la red judicial se estrecha.
Las investigaciones sobre Begoña Gómez por presuntos delitos de tráfico de influencias, malversación y corrupción en los negocios; el caso del hermano de Sánchez; las pesquisas contra Santos Cerdán; y otras tramas que salpican Ferraz y el Gobierno generan miedo colectivo.
Los que durante años se creyeron impunes ahora ven cómo la Justicia avanza sin que sus maniobras de distracción la detengan.
Sánchez, con la "magia" ya perdida y sin que sus trucos y mentiras surtan efecto, ha convertido su supervivencia personal en el único objetivo de Estado, alargando la agonía de España con tal de retrasar el momento de rendir cuentas.
Pero el pavor no lo salvará. Cuanto más intente resistir, más evidente se hace su debilidad y más cerca está el día en que tenga que responder ante los tribunales como cualquier otro ciudadano.
Los españoles soportan el calor del verano; Sánchez y su corte soportan el calor asfixiante de una Justicia que ya no se doblega. Y ese miedo, lejos de humanizarlo, solo revela la miseria moral de quien antepuso su permanencia en el poder al bien de la nación.
La visión de antes imponente y arrogante Sánchez es penosa. Hoy es una rata herida y asustada que produce casi tanta pena como desprecio por el inmenso daño que ha causado a la democracia, a la nación y a la dignidad de su pueblo.
Francisco Rubiales








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