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MEMORIA HISTÓRICA: HABLANDO CLARO SOBRE LA GUERRA CIVIL


Nota



El siglo XXI ha sido un siglo que ha presenciado la caída de mitos, o mejor dicho, que ha absorbido el aura que se ha creado y levantado al respecto. Entre estos mitos pueden contarse los del Socialismo, el Capitalismo, como ideologías dogmáticas, pero hay uno que ha permanecido impoluto: el de la Segunda República. En el ámbito filosófico-jurídico se la ha querido vincular con la herencia intelectual progresista, o herencia intelectual a secas, ya sea del Krausismo de la mano de la Institución Libre de Enseñanza de Francisco Giner de los Ríos o del peso anteriormente “liberal” al que ya hiciera referencia Azorín. Si bien es cierto que esto tiene mucho más de mito que de realidad.

Se debe empezar desmintiendo el impulso socialista a la Democracia, individualmente considerado, como muestran los postulados de Pablo Iglesias:

• Subordinación a las teorías marxistas.

• Objetivo en la “Dictadura del Proletariado”.

• Falta de adecuación a la realidad: proletariado minúsculo durante la etapa de la Restauración Borbónica, burguesía reducida y predominio de la pequeña propiedad agraria y comercial.

• Rechazo del “reformismo burgués” y combate del mismo.

El impulso definitivo vino con la Huelga General Revolucionaria de 1917, con una Asamblea General de Parlamentarios en Barcelona cuyo propósito era derribar al régimen mediante una huelga revolucionaria, en conjunción con los catalanistas, socialistas, anarquistas y republicanos, con la formación de un gobierno provisional presidido por Melquíades Álvarez, y con la división del país en 3 regiones para tomar el Poder:

• Madrid, Castilla y Vizcaya: Pablo Iglesias, junto a Largo Caballero, Besteiro, Cordero y Sabarit.

• Cataluña, Valencia, Andalucía y Aragón: Lerroux, junto a Pestaña, Seguí, Buenacasa, Garbó, Marcelino Domínguez, Anguaiano y los republicanos valencianos.

• Asturias y León: Melquíades Álvarez, junto con Llaneza, Teodomiro Menéndez y Quintanilla.

Al margen de esto, el peso de la intelectualidad liberal-progresista siguió siendo un importante pilar, sobre todo en los que respecta al mundo de la Universidad, que exigía una “democratización” del sistema. La “bicefalia” del movimiento republicano continuó con un divorcio evidente entre la concepción de la intelectualidad universitaria y la proyección revolucionaria; muestra de ello es la reunión del 30 de Agosto de 1930, en la que participan personajes tan ilustres como Lerroux, Azaña, Domingo, Alcalá-Zamora, Miguel Maura, Carrasco, Formiguera, Mallol, Ayguades, Casares Quiroga, Indalecio Prieto o Fernando de los Ríos, con el objetivo de derribar la monarquía mediante Golpe de Estado e implantar la República. Esto daría lugar a la constitución de un Comité Revolucionario presidido por Alcalá-Zamora, junto con militares pro- republicanos, como López Ochoa, Batet, Riquelme, Fermín Galán, Queipo de Llano o Ramón Franco. El fracaso de esa opción vio cauce electoral en las elecciones municipales de Abril de 1931; cuyos resultados fueron:

• Primera Fase (5 de Abril):

 Monárquicos: 14.018 concejales.

 Republicanos: 1.832 concejales.


• Segunda Fase (12 de Abril):

 Monárquicos: 22.150 concejales.

 Republicanos: 5.775 concejales.

El colofón de ilusiones democráticas se desvaneció con la probación de una ley electoral basada en la Ley Acerbo de la Italia Fascista, que implicaba que con el 25% de los votos se obtenía el 75% de los diputados de la Cámara (en el caso de la República, única), relativizando los resultados en la España rural e hipertrofiando los de la España urbana y grandes ciudades. La intransigencia de parte de la izquierda republicana quedó bien clara, ejemplificándose con las declaraciones de Álvaro de Albornoz, del Partido Radical-Socialista: “No consentiremos jamás que el Poder nos sea arrebatado por los monárquicos disfrazados de republicanos.”
O de Marcelino Domingo, del mismo partido: “Si se opone resistencia a la revolución social y no encuentra cauces jurídicos, los encontrará en las calles.”

A esto se suma la aprobación de la Carta Magna en Diciembre sin ningún tipo de referéndum constitucional, ya que, según Domingo, de nuevo, las leyes de desarrollo constitucional exigían “prontitud en su aprobación y espíritu revolucionario en su redacción”. El propio Azaña señaló inequívocamente esa identificación de la República con un contenido político concreto, es decir, “su” república, en un debate parlamentario al referirse a la minoría agraria: “Ustedes no tienen legitimidad para venir a esta Cámara a decir si el Gobierno es o no un gobierno dictatorial; su grupo no sólo “no es republicano” sino que “no lo puede ser”, y no lo será nunca, aunque lo queráis.”

Es más, la ley de regulación del Tribunal de Garantías Constitucionales (antecedente de nuestro Tribunal Constitucional) establecía que “ la acción jurisdiccional derivada de la presente ley (…) no se extenderá, ni a las disposiciones promulgadas por las Cortes actuales antes de ser aprobada la misma, ni a los actos que el poder público haya realizado con anterioridad a su publicación”, es decir, establecía la imposibilidad de recurrir ante este tribunal todas las leyes importantes aprobadas por el Parlamento para desarrollar la Constitución. Tampoco podía plantearse recurso contra los actos del Gobierno anteriores a dicha ley. Esta ley fue firmada por Albornoz, elegido el 13 de Julio de 1933 primer presidente del Tribunal de Garantías Constitucionales, y que justificaba lo anteriormente expuesto en base a que “nosotros queremos excluir (de la acción de este tribunal) toda obra realizada por estas Cortes y queremos excluirla por motivos políticos, franca y notablemente políticos, que no disimulamos un solo momento (…)” y que “ por encima del Parlamento no puede haber nada que desconozca ni suprima ni cercene su soberanía.” El mismo Jerónimo Gomáriz, diputado radical-socialista (recuérdese, el grupo más numeroso de la izquierda republicana, y con clara mayoría a la hora de las Cortes Constituyentes que elaboraron la Constitución de 1931) remachaba: “Estas Cortes no son un Parlamento cualquiera. Estamos aún (…) en una misión francamente revolucionaria y constituyente.” Esto no resultaba mera palabrería, baste echar un vistazo al documento interno elaborado por afiliados radical-socialistas de Madrid, que justificaban la oposición a la Derecha “con y todos los medios que fueran precisos”: “En caso de la conquista del poder por las izquierdas violentamente, como contestación a la violencia de las derechas, el Gobierno que se constituya gobernaría por Decretos durante el tiempo que fuera necesario, hasta llegar a la transformación del País en una profundidad y extensión tal que no pueda originarse en mucho tiempo una resurrección de los hombres de la monarquía.”

En realidad, se trataba de cortar de raíz el proceso de “tránsfuga” tan común a la hora de un cambio de régimen. Mención aparte merece la Ley de Defensa de la República, que establecía la tipificación penal de la apología de la Monarquía o la crítica al Gobierno de turno, con sanciones económicas y penas de confinamiento y/o extrañamiento. A esto debe sumarse la “bolchevización” del PSOE, de la mano de Largo Caballero, debido, principalmente, al carácter puramente instrumental con que contemplaban la República, el afianzamiento del Nacional-Socialismo en Alemania, y sus posibles efectos miméticos en España. Se llega así a la Revolución de Octubre de 1934, un Golpe de Estado orquestado por el PSOE, en connivencia con la CNT y el PCE, con un programa revolucionario redactado por Indalecio Prieto, que incluía:

• Separación del Ejército de toda oficialidad y reorganización sobre sus bases “democráticas”, al igual que la Guardia Civil y demás institutos armados.

• Milicia reclutada entre los afiliados.

• Separación de la Administración Pública de los funcionarios desafectos al régimen.

• Disolución de las órdenes religiosas e incautación de todos sus bienes.

• Declaración de todas las tierras como propiedad del Estado.

Los preparativos versaron sobre la procuración de armas y el adiestramiento militar, con la responsabilización de Indalecio Prieto de los preparativos materiales, militares y el avituallamiento de armas, distribuidas en grandes cantidades por el país, como quedó demostrado al hacerse las fuerzas de seguridad con varios alijos en Septiembre de 1934, no sólo en Madrid y Asturias. El documento emitido por los responsables de este “movimiento” fue mimetizado de “Técnica del Colpo di Stato” (1931), de Curzio Malaparte, con el objetivo de llevar a buen puerto “un movimiento de carácter nacional revolucionario para conquistar el poder político para la clase obrera”, en palabras de Largo Caballero, en un ejercicio de negación en cuanto a la aceptación de los resultados de los comicios verdaderamente terrorífico, que se vería emulado por la derecha en 1936, estando los visos del primer en la entrevista mantenida por Azaña con Martínez Barrio para invalidar el resultado de las elecciones de 1933, como se desprende de las memorias de este último.

El resultado de esta intentona revolucionaria, apadrinada por algunos sectores del republicanismo de izquierdas y condenado por otros, se saldó con 1.300 muertos, 20.000 detenidos y fusilamientos prácticamente inexistentes.

Llegamos finalmente a las elecciones de febrero de 1936, para el comentario de las cuales me remito a reproducir las declaraciones del ex-presidente de la República, Niceto Alcalá- Zamora, al Journal Geneve, en 1937: “A pesar de los esfuerzos sindicalistas, el Frente Popular obtenía solamente un poco más, muy poco, de 200 actas, en un Parlamento de 473 diputados. Resultó la minaría más importante, pero la mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo, logró conquistarla consumiendo dos etapas a toda velocidad, violando todos los escrúpulos de la legalidad y de la conciencia. Primer etapa: desde el 17 de febrero, incluso desde la noche de del 16 de, el Frente Popular, sin esperar el fin del recuento del escrutinio y la proclamación de los resultados, lo que debería haber tenido lugar ante las juntas provinciales del censo en el jueves 20, desencadenó en la calle la ofensiva del desorden, reclamó el poder por vía de la violencia.

Crisis: algunos gobernadores civiles dimitieron. A instigación de dirigentes irresponsables, la muchedumbre se apoderó de los documentos electorales: en muchas localidades los resultados pudieron se falsificados. Segunda etapa: conquistada la mayoría de este modo, fue fácilmente hacerla aplastante, reforzada con una extraña alianza con los reaccionarios vascos, el Frente Popular eligió la Comisión de validez de las actas parlamentarias, la que procedió de manera arbitraria. Se anularon las actas de ciertas provincias donde la oposición resultó victoriosa, se proclamaron diputados a candidatos amigos vencidos. Se expulsaron de las cortes a varios diputados de las minorías. No se trataba solamente de una ciega pasión sectaria; hacer de la Cámara una Convención, aplastar a la oposición y sujetar al grupo menos exaltado del Frente Popular.
Desde el momento en que la mayoría de izquierdas pudiera prescindir de él, este grupo no era sino un juguete de las peores locuras. Fue así cómo las Cortes prepararon dos golpes de estado parlamentarios. Con el primero, se declararon a sí mismas indisolubles durante la duración de mi mandato presidencial. Con el segundo, me revocaron. El último obstáculo estaba descartado en el camino de la anarquía y de todas las violencias de la guerra civil.” Junto a esto, al alteración de los resultados en 12 provincias, y la suspensión de la participación de las derechas en las elecciones de Cuenca y Granada, condicionó la victoria electoral del Frente Popular, quedando el promedio de votos obtenidos en la elección de diputados a Cortes del 16 de febrero de 1936 de la manera que sigue:

• Izquierda: 4.358.903.

• Centro: 556.010.

• Derecha: 4.155.126.

Debe tenerse en cuenta que, en muchos lugares, la concurrencia de la derecha y el centro fue conjunta. Dicho esto, el Golpe de Estado contra el gobierno del Frente Popular (no contra la República) se puso en marcha desde el momento en que se conocieron los resultados, y no como se establece habitualmente a consecuencia de los desórdenes posteriores, si bien esta última circunstancia ayudó a los indecisos a sumarse al mismo. El mismo Mola cursó una circular en la que anunciaba que el directorio militar que se instauraría tras el golpe contra el gobierno del Frente Popular respetaría el régimen republicano. Muestra de ello (aunque la realidad de la guerra y la virulencia del golpe y de la sublevación en cuestión, así como los apoyos fácticos lo harían derivar hacia una dictadura autoritaria de derechas con vocación totalitaria) es lo que figura en bando proclamado en Melilla, declarando el Estado de Guerra en Marruecos, en la tarde del 17 de Julio, por el general Francisco Franco: “Se trata de restablecer el imperio del orden dentro de la República, no solamente en sus apariencias y signos exteriores, sino también en su misma esencia”.

Entre tanto, el 10 de Junio de 1936 se creó un Tribunal Especial para exigir responsabilidades políticas a jueces, magistrados y fiscales, compuesto por Magistrados del Tribunal Supremos y 12 jurados, aniquilando la independencia judicial por parte del gobierno del Frente Popular. Al estallar el conflicto fratricida, debe dejarse patente que la intención del bando sublevado de “hacer limpieza” formaba parte de sus planes desde el principio, como bien lo expresó uno de los jefes de prensa de Franco, el capitán Gonzalo de Aguilera, en una entrevista que le hizo el periodista norteamericano John Whitaker, en la que dejaba clara su intención de “exterminar a un tercio de la población masculina y limpiar el país de proletarios”. La represión nacional se estructuró en varias fases:

1. Matanzas militares de ocupación “in situ”.

2. Matanza “a discreción” por parte de milicias falangistas o, en determinados lugares, de requetés.

3. Consejos de Guerra Militares, con juicios-farsa.

Entre sus víctimas se encontraban funcionarios del Frente Popular, políticos, intelectuales, profesores, clase media progresista que no apoyaba el golpe, etc.

La cifra de víctimas ejecutadas por “rebelión militar”, en un triste eufemismo, desde el inicio del Golpe hasta 1948 puede situarse entre 200.000 y 250.000.

La gigantesca maquinaria represora franquista, bendecida por la Iglesia Católica, convirtió a un país roto en posguerra en una gigantesca cárcel que poco tenía que envidiar a los campos de concentración edificados durante (y después) de la Guerra de Secesión Americana. De nuevo el capitán Aguilera, 17º Conde de Alba y Yeltes, describía la paranoia digna de psiquiátrico inquisitorial: “En épocas más sanas…las plagas y las pestes solían causar una mortandad masiva entre los españoles…Son una raza de esclavos…Son como animales, ¿sabe?, y no cabe esperar que se libren del virus del bolchevismo. Al fin y al cabo, ratas y piojos son los portadores de la peste…Nuestro programa consiste en exterminar un tercio de la población masculina de España. Con eso se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado.”

270.719 personas, según las cifras del Ministerio de Justicia, fueron a parar a las cárceles franquistas, al margen de los campos de concentración, provocando el colapso económico de este sistema represor, dando origen del Patronato Central para la Redención por el Trabajo, creado en Octubre de 1938 a propuesta del sacerdote jesuita José Antonio Pérez del Pulgar, gestionado por el Padre Martín Torrent y el director general de prisiones, el acertadamente llamado Máximo Cuervo. No puede dejarse pasar que toda esta represión pretendió tener su cobertura legal en la Ley de Responsabilidades Políticas, publicada en Burgos el 13 de Febrero de 1939, y que en su artículo primero establecía: “Se declara la responsabilidad política de las personas, tanto jurídicas como físicas, que desde el 1º de Octubre de 1934 y antes del 18 Julio de 1936 contribuyeran a crear o a agravar la subversión de todo orden de que se hizo víctima a España, y de aquellos otros que a partir de dichas fechas se hayan opuesto o se opongan al Movimiento Nacional con actos concretos o pasividad grave.”

La retroactividad de esta ley, además de su extensión debida a su ambigüedad terminológica, no permitió empañar la eficacia del avatar represivo del Franquismo. El aparato policial franquista dividió a los presos en anteriores al 1 de Abril de 1939 y posteriores, es decir, los detenidos por haber participado en la resistencia. Así, dado que los “rojos” eran “criminales empedernidos, sin posible redención dentro de lo humano”, se pensó en “investigar las raíces de tanto mal”, de lo que se encargó Antonio Vallejo Nógera, comandante del Ejército, miembro de Acción Española y catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Madrid, fundando en verano de 1938 un gabinete de investigaciones psicológicas, para estudiar el “psiquismo del fanatismo marxista”, estableciéndose durante la guerra 14 clínicas psiquiátricas en la zona nacional. Estas investigaciones llevaron a la conclusión de que, para proteger a la sociedad de tamaño amenaza, la única posibilidad radicaba en “la segregación total de estos sujetos desde la infancia”, para lo que era necesaria la creación de una Inquisición moderna, de cara a evitar la “disolución racial de la Hispanidad”, en un triste ejercicio que encuentra parangón en ese “derecho penal del enemigo”, de Günther Jakobs. Por el contrario, la represión del Frente Popular, que no tuvo nada de espontáneo, como se empeñan enfoques actuales en demostrar, partió también de esa lógica del “derecho penal del enemigo”, en un ejercicio de exterminio que ya fuera anunciado por el PSOE, el PCE o la CNT. Los objetivos de esta represión fueron militares, miembros de clases medias, burgueses, gente de cierta educación, religiosos, creyentes, simples tibios, etc. Esa lógica paranoica la encarnan bien las palabras de Enrique Castro Delgado, comandante del 5º Regimiento: “Matar, matar…seguir matando hasta que el cansancio impida matar más…Después…Después construir el socialismo…Que salgan en filas y se vayan colocando junto a aquella pared de enfrente, y que se queden allí, de cara a la pared… ¡Daos prisa!”

La tipología de las torturas incluían la aplicación de hierros al rojo vivo, y arrancar uñas de las manos y de los pies. La fiscalización por parte del Gobierno Republicano llegó con el Comité Provincial de Investigación Pública, dependiente del Ministerio de Guerra, fruto del acuerdo que tuvo lugar en una reunión que tuvo lugar en Agosto de 1936 en el Palacio del Círculo de Bellas Artes, que respondía a la convocatoria de Manuel Muñoz Martínez, Director General de Seguridad y diputado de Izquierda Republicana, asistiendo representantes de todos los partidos y sindicatos que formaban el Frente Popular, cuya competencia era acordar todas las muertes que estimara convenientes. Este Comité Provincial de Investigación Pública estuvo formado por secciones o tribunales (con representantes del PSOE, PCE, FAI, Unión Republicana, Partido Sindicalista, Izquierda Republicana, UGT, CNT, Juventudes Socialistas Unificadas y Juventudes Libertarias). Entre sus víctimas se encontró Melquíades Álvarez, líder del Partido Reformista, republicano histórico, mentor de Azaña y Catedrático de Derecho Romano. El 7 de Noviembre de 1936 el Comité Provincial presentaba la siguiente estructura:

• 5 miembros incorporados al Consejo de la Dirección General de Seguridad: uno perteneciente al PCE, otro a las JSU.

• Presidente: Segundo Serrano Poncela.

• Consejeros: Juan Alcántara, Juan Torrecilla Guijarro, Santiago Álvarez Santiago.

• Decisión final: Santiago Carrillo (Consejero de Orden Público en la Junta Militar del General Miaja).

• Dirección General de Seguridad, que llevaba “un libro de registro de expediciones de presos para asesinarlos”, según el testimonio del comunista Ramón Torrecilla.

La azarosa represión de los primero momentos dejó paso a la sistematización durante el gobierno del socialista Juan Negrín con la creación del Servicio de Investigación Militar (SIM), cuyo arquitecto fue Indalecio Prieto, con la función de policía político-militar al estilo del NKVD soviético, que también actuaba en España. Su estilo de tortura incluía métodos “científicos” importados de la URSS: “En los suelos de las celdas disponían baldosas de canto cuyas aristas puntiagudas laceraban continuamente los pies de los prisioneros descalzos y desnudos como técnicas de desorientación y de pérdida de los sentidos, los hombres del NKVD utilizaron, sobretodo en Barcelona, extraños sonidos metálicos, colores, luces y suelos en pendiente. Si todas estas técnicas fallaban, o los interrogadores tenían prisa, siempre quedaba el recurso a la “silla eléctrica” y a la “caja de ruidos”, aunque con ello se arriesgaban a enloquecer demasiado pronto a sus prisioneros.”

La represión frentepopulista se cobró cerca de 70.000 víctimas. El mismo Negrín, último presidente de la República, había discutido con Díaz y Uribe la idea de un “Frente Nacional”. Marchenko (asesor soviético) informó a Vorosílov de una conversación mantenida con Negrín (quien había apadrinado las actividades del SIM) el 10 de Diciembre de 1938. En dicho informa se menciona que: “No cabe regreso al viejo parlamentarismo. Sería imposible consentir el “libre juego” de los partidos tal y como existía antes, ya que en ese caso la derecha podría conseguir nuevamente llegar al poder. Eso significa que resulta imperativa o una organización política unificada o una dictadura militar. No ve que sea posible otra salida.”

La monopolización por parte del PCE de la política del Frente Popular coincide plenamente con la que llevarían a cabo los partidos comunistas en Europa del Este tras la Segunda Guerra Mundial para hacerse con el control de sus respectivos países con el objetivo de instaurar las llamadas “Repúblicas Populares”, es decir, estados totalitarios de corte comunista; que llevaron a cabo un genocidio mucho mayor que el perpetrado por los Nacional-Socialistas, tanto cualitativa como cuantitativamente hablando. En opinión de quien escribe, la llamada “Memoria Histórica” no es más que una falacia que sólo sirve para desviar y obstaculizar el conocimiento, pues “memoria” es recuerdo, y el recuerdo es una impresión. Lo que debe buscarse es el estudio, tanto histórico como jurídico, basado en el rigor científico y en la objetividad, sin entrar en juicios de valor y sensiblería barata, que sólo busca condicionar la opinión de los más ignorantes en estas materias. Debe dejarse de intentar ubicar los elementos a investigar en términos fáciles como “bueno” o “malo”, o en simplificaciones absurdas como “fascista” o “comunista”, que no constituyen sino un acto de asombrosa pereza intelectual.

Pablo Gea Congosto

Pablo Gea Congosto.
Lunes, 31 de Octubre 2016
Artículo leído 1325 veces




Comentarios:

1.Publicado por SALVADOR el 31/10/2016 08:56
El articulo de hoy es un gran esfuerzo del bloger por desmitificar a la 2ª República, cosa en la que yo también estoy de acuerdo . Puesto que cuando se habla de traer a España una República siempre nos viene como modelo la 2ª .

De hecho aunque No rechazo la república; creo que puede ser mejor que la monarquía. El problema en España es que el modelo de república es la del 31 al 39 , en mi opinión, uno de los períodos más sangrientos y traidores de nuestra historia.

Vamos a ver: la República es una forma de estado. Al hablar de la República, no tenemos por qué relacionarla, ni mucho menos juzgarla, por ésta o aquélla República concreta histórica o actual. En la pura teoría, se presenta como una forma de estado mucho más racional, democrática y moderna que la Monarquía. Hablar de Monarquía democrática es, según la clasificación de Aristóteles, una contradictio in terminis. De los 300 países que hay en el mundo 293 son repúblicas.

La polarización política en España es ficticia y como creo que se ha dicho aquí en más de una ocasión, responde al mantenimiento del Estado de partidos.


Si a la muerte de Franco las cosas se hubiesen hecho justamente y con honradez, España sería hoy una República. En primer lugar, porque cuando el golpe de estado de Franco y todos sus militares perjuros (como él, habían jurado lealtad a la República) estaba vigente un régimen republicano elegido por el pueblo. Se tendría que haber reinstaurado. Como España seguía dominada por los franquistas –el primer gobierno de la supuesta democracia lo compusieron exministros franquistas– tampoco se hizo un obligado y justo referéndum para que el pueblo español eligiese la forma de estado que quería. De haberse hecho, hubiese ganado la República. Las encuestas del momento arrojaban estas cifras: 47% de republicanos, 38 % de derechistas y 15% de falangistas. Pero entonces vino la traición de Felipe González ( porque era la apuesta de la CÍA y del régimen anterior para frenar al comunismo y tener al país bajo control) y Santiago Carrillo( porque venía del comunismo y apostó por la socialdemocracia ) que, siendo presidentes de sendos partidos republicanos, vendieron a la República, aceptando la instauración de la Monarquía a cambio de que legalizaran sus partidos. Por ende, el nuevo gobierno, tan franquista como el anterior –Suárez y todos sus ministros eran antiguos franquistas–, con vistas a las primeras elecciones, legalizó a todos los partidos, incluso a los de extrema izquierda, pero no a los partidos republicanos, por lo que éstos no pudieron presentar listas. Una canallada, una falsificación histórica, que parece mentira que no se recuerde más.

El estado de absoluta corrupción moral y económica producido por el nefasto Régimen del 78 no puede tener más fin que la propia caída del régimen. Es tan inevitable como la sucesión del día y la noche. Y acaso un amanecer esté más cerca de lo que quisieran los beneficiarios y clientes del estado de cosas actual. Pero a muchos preocupa qué ha de venir ese día y conjuran la idea de la República como la de un fantasma del pasado.

Uno de los grandes enemigos de la III República es la II República. Por un lado están los que identifican la idea republicana con el caos político que desembocó en la Guerra Civil. Por otro, están los que pasean la bandera tricolor cada 14 de abril al tiempo que defienden el Régimen del 78 con uñas y dientes. Y, finalmente, están los infantilizados nostálgicos que sueñan con una repetición de los años 30 del siglo XX. A todos ellos les digo: No a la II República.

La Tercera será una República Constitucional. Esto quiere decir que se dotará de instituciones y medios de elección absolutamente distintos a los conocidos por los españoles hasta ahora. Su presidente lo será también del Gobierno y será elegido de forma directa en circunscripción única de toda España. Los efectos políticos de este medio de elección son extraordinarios. El presidencialismo es la forma de Gobierno más fuerte que existe.

Cada diputado será elegido de forma directa y por su nombre en un distrito de 100.000 habitantes. El vínculo que crea la elección directa del diputado es de tal naturaleza que el electo se verá obligado a hacer lo que quieran sus electores. Y no será así porque de repente los diputados se conviertan en personas decentes en las que se pueda confiar, sino porque su reelección en el cargo dependerá de forma directa de lo que haga como diputado. Elección directa también implica rechazo directo y eso es algo que el aspirante a diputado aprende de inmediato.


Los errores de la II República no tendrán cabida en la futura República Constitucional. La forma de Estado republicana no debe confundirse con uno u otro programa político. El pasado no se repetirá.

Estos republicanillos de 14 de abril y de insignia tricolor en la solapa de sus chaquetas monárquicas son los que impiden que conquistemos la República. Son los sostenedores de la monarquía (presumen de republicanos; todos pactaron con la dictadura; y todos ellos viven de la monarquía).


La III República no será de los trabajadores ni de los banqueros ni de los partidos. La III REPÚBLICA SERÁ DE TODOS LOS ESPAÑOLES O NO SERÁ .

2.Publicado por tingis el 31/10/2016 16:09
Excelente comentario, Sr. Salvador.
Ni siquiera el blogger puede refutarlo.

3.Publicado por Blogger el 31/10/2016 19:56
Punto uno:

El artículo no es del blogger. Ya me gustaría haberlo escrito.

Punto dos:

No tengo interés alguno en refutarlo porque me parece estupendo.

Blogger

4.Publicado por Anro Libertché el 01/11/2016 02:18
"Las dos España"

Según estudios y cálculos editoriales los índices de analfabetismo en España entre los años 1929 y 1939, rondaba más del 45 %, de los cuales más del 65 % eran mujeres. Una España rural, en la que no había influido los efectos de la revolución industrial en Europa y poco o casi nada la crisis económica mundial del 1929.

Sin duda, el largo artículo que nos expone nuestro bloger y autor, sobre la II República y posterior guerra civil, es una verdad tan cruda y real como las consecuencias que padeció las dos España enfrentada en un conflicto fratricida. Con independencia de los relativos avances que supuso la II República, en cuanto a libertades y derechos, teniendo en cuenta los niveles culturales sociales y económicos de la sociedad española en ese periodo y posteriores años. Por otra, el periodo de la II República 31-04 1931 a 1939 propicio sin ningún géneros de dudas, los años más virulentos y sangrientos de la historia moderna y contemporánea en España.

Hoy y dadas las circunstancias, profundamente desalentadoras del sistema político partitocratico del régimen del 1978 con una Monarquía parlamentaria, impuesta por el anterior régimen Franquistas, habidas cuentas el modelo de Estado monárquico, no ha sido refrendado ni ha sido elegido directamente por los ciudadanos, sino que, la Monarquía ya venía impuesta por el anterior régimen Franquista e introducida en la Carta Magna que aprobamos en Referéndum todos los españoles.

Lo cual, ha sido una desleal estafa más, del régimen del 1978. Claro que también hay que reconocer que existía desde la muerte del dictador, los malos presagios, miedos y una sociedad temerosa para no repetir la historia, como denominador común en los años de la Transición.
Transición modélica para unos, y defraudadora para otros, pues más que transición, fue considerada por muchos, una falsa y desleal transgresión a los principios éticos y morales de lo que significa la verdadera democracia, pues se partía de un modelo de Estado que a los ciudadanos no se le habían consultado.

Cabría reseñar en las actuales circunstancias, y en mi opinión, una previsible III Republica en España, como modelo de Estado, y consultada vía Referéndum, por supuesto para nada sería traumático, dada la madurez y niveles formativos culturales de la sociedad actual española.

Y todo ello, porque la primera Constitución de la II República, difiere muchísimo de la actual Constitución del 1978, con grandes y profundas diferencias en los órdenes económicos, laborales, religiosos, propiedad, etc de signo marxistas y bolchevique, la cual se declaraba a España un estado laico, lo que motivó la primera crisis republicana al dimitir su primer presidente Niceto Alcalá Zamora, por considerar, que no se respetaba la libertad de culto y religión, siendo España, una nación de arraigo y tradición profundamente católica y por otros aspectos muy perjudiciales y negativos en materias económicas, afectando a la propiedad privada, con todo tipo de inseguridad jurídica, expropiaciones de la tierra y los recursos, que el gobierno del Frente Popular había promulgado de signo totalitario y comunista, como dictadura del proletariado

La simpleza de la Constitución de la II República en sus 7 ejes y principios fundamentales, teniendo en cuenta el carácter rural y agrícola de la época son como siguen:

1/ El principio de igualdad de los españoles ante la Ley, al proclamar a España como "una república de trabajadores de toda clase".

2/ El principio de laicidad, por el que se iba más allá de la mera separación entre la Iglesia y el Estado para adentrarse en un ámbito de total eliminación de la religión de la vida política.

3/ El principio de elección y movilidad de todos los cargos públicos, incluido el Jefe del Estado.-

4/ El principio monocameral, que suponía la eliminación de una segunda Cámara aristocrática o de estamentos privilegiados y por el cual el poder legislativo sería ejercido por una sola Cámara.

5/ Se preveía la posibilidad de la realización de una expropiación forzosa de cualquier tipo de propiedad, a cambio de una indemnización, para utilización social así como la posibilidad de nacionalizar los servicios públicos.

6/ Amplia declaración de derechos y libertades. Concedía el voto desde los 23 años con sufragio universal, también femenino (el sufragio femenino se aplica por primera vez en las elecciones de 1933).

7/ Separación de la Iglesia y el Estado, además del reconocimiento del matrimonio civil y el divorcio.
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Como podemos observar, la Constitución Republicana del 1931, comparada con la actual del 1978 denotas profunda y grandes diferencias, en materias de libertades individuales y colectivas, y derechos fundamentales.
Bien es verdad, que el actual régimen del 1978 y su Constitución, es mucho más abierto, avanzado, tolerante y democrático que el régimen político y la Constitución de la II República, sin embargo ha venido adoleciendo en los últimos 38 años en su constante evolución y profundización, pues de inicio y como señalaba al principio de mi comentario, para nada se tuvo en cuenta, el modelo de Estado a elegir por los ciudadanos. Imponiéndose el sistema monárquico hereditario, como espíritu y demonización al modelo Republica, que los dirigentes de los diferentes partidos políticos de la Transición 1978 aceptaron sin rechistar, salvo muchísimos sectores y colectivos de profundas y culturalmente enraizados con las convicciones Republicanas, hijos, familias y descendientes de los tradicionales seguidores de la Republica tanto fuera de España, en su mayorías exiliados, como dentro, más “domesticados” con espíritu no revanchista y reconciliador.

A todos los efectos la guerra fratricida de las dos España, con todos los crímenes, y asesinatos cometidos tanto de un bando como de otro, se fundamentaba en diversas causas. La más perniciosa quizás políticamente, fue la rebelión militar en contra del legítimo gobierno de la República, que la mayoría de jefes y generales militares habían jurado fidelidad entre ellos el general Franco. Por otra, los atentados a políticos a dirigentes de la derecha, como izquierda, desórdenes callejeros, huelgas generales, quemas de Iglesias, incluidas disputas y conflictos entre particulares de odios ancestrales, motivados por la explotación en el trabajo, míseros salarios, y otros aspectos sociales y sociológicos de una sociedad en su mayoría analfabeta, pero con sentido reivindicativos de la dignidad humana.

Como muy bien expresa nuestro bloger y autor del artículo, la cultura democrática en ambos bandos, siempre brilló por su ausencia, con dogmas y pragmatismos en las ideas, doctrinas y proyectos políticos, impregnados de odios, revanchismos, y lo que fue mucho más grave, el aniquilamiento y crímenes en masas cometidos contra civiles por ostentar ideas políticas y religiosas de un signo u otro. Por lo tanto la dicotomía de que bando, cometió más crímenes y asesinatos, tiene la importancia según desde la óptica y las ideas que se defendía. Por ello entrar a valorar, las razones de uno y otro bando, desde luego no tiene más sentido que la una tragedia causada, por la incomprensión, la intolerancia, la falta de respetos mutuos, la incultura y la de una educación pésima, en una España mayoritariamente analfabeta con minoritaria representación de supuestos eruditos ilustrados que en forma alguna, no supieron encausar, la mejor armonía y convivencia pacífica en cultura democrática. Una historia que no se puede repetir nunca jamás.

Un saludo a todos.

5.Publicado por José Luis Hernández Plaza el 28/12/2016 21:21
Magnifica exposición por parte de Pablo Gea. Esto no aperece en en los Medios de Comunicación, porque es demasiado denso y documentado para digerirlo. Merecería pa pena que la cadena DMAX lo sacara a la luz, aunque fuera por capítulos.
Por otra parte , la inmensa mayoría de lo españoles, ha dado por zanjada esa parte de la Historia, que la Izqierda radical y no tan radical , se empecina en sacar a flote, después de 80 años, para tratar de ganar ahora, con los votos de 5 millones de desencantados , desconocedores de esa Historia, que no vivieron. ganar digo una Guerra que perdieron, porque además merecieron perderla.
...!!!... SALVADOR DIXIT:
La Tercera será una República Constitucional. Esto quiere decir que se dotará de instituciones y medios de elección absolutamente distintos a los conocidos por los españoles hasta ahora. Su presidente lo será también del Gobierno y será elegido de forma directa en circunscripción única de toda España. Los efectos políticos de este medio de elección son extraordinarios. El presidencialismo es la forma de Gobierno más fuerte que existe.

No deja de ser un optimista empedernido, porque no dice ...SERÍA, afirma que nuestra Tercera República , SERÁ Constitucional. No es que "Expaña", no semerrezca un cambio, pero lo cierto es que los mimbres que se manejan ahora en nuestra Política, tienen la misma "marca comercial", de todo aquello que nos llevó a un millón de muertos.
Nuestras experiancias "Republicanas", no han podido ser más desastrosas, y lo que ahora se está precocinando , no es europeo es ...bananero.

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 Ideario

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Este blog no es una plataforma de promoción del Voto en Blanco, sino un medio de castigo al mal gobierno y a la política antidemocrática que utiliza el termino “Voto en Blanco” por lo que conlleva de protesta y castigo al poder inicuo.

El voto en blanco es una bofetada democrática a los poderes políticos ineptos y expresa la protesta ciudadana en las urnas cuando padece gobiernos insoportables, injustos y corruptos. Es un gesto democrático de rechazo a los políticos, partidos y programas, no al sistema. Conscientes del riesgo que representaría un voto en blanco masivo, los gestores de las actuales democracias no lo valoran, ni lo contabilizan, ni le otorgan plasmación alguna en las estructuras del poder. El voto en blanco es una censura casi inútil que sólo podemos realizar en las escasas ocasiones que se abren las urnas. Esta bitácora abraza dos objetivos principales: Valorar el peso del voto en blanco en las democracias avanzadas y permitir a los ciudadanos libres ejercer el derecho a la bofetada democrática de manera permanente, a través de la difusión de información, opinión y análisis.


 Podcast






DEMOCRACIA SEVERA. MÁS ALLÁ DE LA INDIGNACIÓN

Lo que hoy llamamos "democracia" es un triste remedo de lo que fue ese sistema en sus orígenes. Los políticos han aprendido a violarla y la han desnaturalizado y desarmado. "Democracia Severa, mas allá de la indignación" (Tecnos 2015), de Francisco Rubiales Moreno y Juan Jesús Mora Molina, es un libro que denuncia la degradación de la democracia y señala las reformas que el sistema necesita para que sea justo y decente y para que los políticos estén bajo control.
A la democracia le faltan piezas de gran importancia: exigencias éticas, controles a los políticos, que deben ser examinados, psiquica y moralmente, por comisiones independientes, auténtica separación de los poderes y otorgar un papel preponderante a la sociedad civil y al ciudadano, que deben influir y, sobre todo, supervisar la labor de los gobernantes, pudiendo, incluso, destituirlos. La impunidad debe acabar, como también la tolerancia frente a la corrupción y esos cheques en blanco que permiten a los políticos gobernar como les da la gana, ignorando la opinión de los ciudadanos, que son sus jefes y los soberanos del sistema.
Democracia Severa, que ya está en las librerías, aporta lucidez, libertad y solvencia ciudadana. Es una reflexión de denuncia que señala los puntos débiles de nuestro sistema y ayuda a la regeneración y a construir un mundo mejor.
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Las revelaciones de Onakra el escriba de Dios

Este libro, publicado por Francisco Rubiales Moreno, Las Revelaciones de Onakra, el escriba de Dios, no es, como los tres anteriores del mismo autor (Democracia Secuestrada, Políticos, los Nuevos Amos y Periodistas sometidos), un ensayo de pensamiento político, sino una original narración que recoge misteriosas revelaciones sobre la llegada de los primeros ángeles a la Tierra, sus relaciones con las especies vivientes del planeta, el nacimiento de la inteligencia humana y el inicio de esa lucha a muerte entre el bien y el mal que domina la existencia humana, desde el principio hasta el final de los tiempos.
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Periodistas sometidos. Los perros del poder

Periodistas Sometidos. Los perros del poder (Editorial Almuzara, 2009), el último libro publicado por Francisco Rubiales, ha sido acogido con gran interés por políticos, periodistas y ciudadanos interesados en conocer con detalle la profunda crisis del periodismo en España, el sometimiento al poder de miles de periodistas y de redacciones completas, la agonía del periodismo libre, independiente y crítico y la rotura de la vieja alianza entre periodistas y ciudadanos, sin la cual la democracia deja de existir.
Es el tercer y último libro de la trilogía de pensamiento político que comenzó con Democracia Secuestrada (Almuzara 2005) y continuó con Políticos, los nuevos amos (Almuzara 2007).
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Políticos, los nuevos amos

Políticos, los nuevos amos es el nuevo libro de Francisco Rubiales, publicado tras el éxito de Democracia secuestrada.

Como afirma el ex ministro Manuel Pimentel en el Prólogo,"Políticos, los nuevos amos afronta el problema de la degradación del poder con extraordinaria valentía, claridad y profundidad".
Pimentel, que recomienda la lectura del libro a los presidentes, ministros, altos cargos políticos, militantes y a cualquier ciudadano inquieto y preocupado por la democracia, lo define como un libro "duro, libre, alejado de lo políticamente correcto, capaz de provocar reflexiones y golpes de conciencia muy dolorosos".
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Democracia Secuestrada

La rebelión ya ha comenzado. Los ciudadanos quieren regresar del exilio y revitalizar una democracia que está postrada y secuestrada. El ciudadano será de nuevo el protagonista en una democracia auténtica y regenerada. El ser humano está dispuesto a construir a cualquier precio la catedral del futuro. Hay una fuerza desconocida que le impulsa a hacerlo, a pesar de sus cobardías, dudas y fracasos Pero, hasta conseguirlo, tendrá que atravesar desiertos y desfiladeros poblados de peligros y de alimañas dispuestas a defender con sangre y fuego sus privilegios.
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