Lo único evidente es que España y Europa están siendo invadidas con el apoyo del gobierno de Marruecos, chantajista y claramente enemigo de España.
También es evidente que Marruecos está ensayando un método de invasión eficaz, que podría utilizar en el futuro para arrebatar Ceuta a España. Se trata de una invasión impulsada y controlada por el gobierno marroquí que de ese modo presiona y chantajea a España.
Ceuta no es un enclave aislado ni un territorio disputado: es ciudad española desde hace siglos, frontera exterior de la Unión Europea y parte integral del Estado.
Su vulnerabilidad geográfica la convierte en el punto de presión más visible de una ofensiva que apunta al conjunto de la soberanía española.
La guerra híbrida combina presión migratoria instrumentalizada, ambigüedad deliberada y coerción política para debilitar al adversario sin llegar al conflicto armado.
El precedente de la invasión de 2021 demostró que Marruecos puede abrir o cerrar el grifo migratorio a voluntad, convirtiendo a la población civil en herramienta de chantaje.
La repetición de patrones en 2026 —oleadas de jóvenes, saturación de recursos y efecto llamada calculado— confirma el método. No se trata de criminalizar a quienes cruzan, sino de identificar al actor estatal que decide cuándo y con qué intensidad se ejerce esa presión.
La policía marroquí cerró los ojos y relajó el control de la frontera, mientras hacía circular la información de que Ceuta estaba acogiendo a los que querían entrar en Europa.
El verdadero objetivo no es solo desbordar una ciudad de ochenta mil habitantes, sino erosionar la integridad territorial española, el control del Estrecho y la credibilidad del Estado.
La narrativa irredentista que presenta Ceuta y Melilla como “ocupadas” busca normalizar la duda sobre su soberanía.
Mientras España gestione estas crisis como emergencias humanitarias locales, la estrategia híbrida seguirá funcionando.
España de Sánchez es un país cobarde y lleno de debilidades, aislado en el mundo, sin poder en Europa y sin peso ni prestigio en el mundo, lo que lo convierte en una presa fácil para el ambicioso y desleal Marruecos.
Hace falta tratar esas invasiones como agresiones contra la soberanía nacional: reforzar el control fronterizo, endurecer las devoluciones y construir una respuesta coherente y firme.
Si alguien te pone un cuchillo en el cuello, o te rindes o te defiendes, pero no se soluciona el drama bajándose los pantalones e inclinándose.
Francisco Rubiales
También es evidente que Marruecos está ensayando un método de invasión eficaz, que podría utilizar en el futuro para arrebatar Ceuta a España. Se trata de una invasión impulsada y controlada por el gobierno marroquí que de ese modo presiona y chantajea a España.
Ceuta no es un enclave aislado ni un territorio disputado: es ciudad española desde hace siglos, frontera exterior de la Unión Europea y parte integral del Estado.
Su vulnerabilidad geográfica la convierte en el punto de presión más visible de una ofensiva que apunta al conjunto de la soberanía española.
La guerra híbrida combina presión migratoria instrumentalizada, ambigüedad deliberada y coerción política para debilitar al adversario sin llegar al conflicto armado.
El precedente de la invasión de 2021 demostró que Marruecos puede abrir o cerrar el grifo migratorio a voluntad, convirtiendo a la población civil en herramienta de chantaje.
La repetición de patrones en 2026 —oleadas de jóvenes, saturación de recursos y efecto llamada calculado— confirma el método. No se trata de criminalizar a quienes cruzan, sino de identificar al actor estatal que decide cuándo y con qué intensidad se ejerce esa presión.
La policía marroquí cerró los ojos y relajó el control de la frontera, mientras hacía circular la información de que Ceuta estaba acogiendo a los que querían entrar en Europa.
El verdadero objetivo no es solo desbordar una ciudad de ochenta mil habitantes, sino erosionar la integridad territorial española, el control del Estrecho y la credibilidad del Estado.
La narrativa irredentista que presenta Ceuta y Melilla como “ocupadas” busca normalizar la duda sobre su soberanía.
Mientras España gestione estas crisis como emergencias humanitarias locales, la estrategia híbrida seguirá funcionando.
España de Sánchez es un país cobarde y lleno de debilidades, aislado en el mundo, sin poder en Europa y sin peso ni prestigio en el mundo, lo que lo convierte en una presa fácil para el ambicioso y desleal Marruecos.
Hace falta tratar esas invasiones como agresiones contra la soberanía nacional: reforzar el control fronterizo, endurecer las devoluciones y construir una respuesta coherente y firme.
Si alguien te pone un cuchillo en el cuello, o te rindes o te defiendes, pero no se soluciona el drama bajándose los pantalones e inclinándose.
Francisco Rubiales