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El triunfo rotundo de Bukele en el foro de Davos



El presidente salvadoreño ha conquistado y fascinado al mundo con su modelo de seguridad. Bukele es, sin duda, el gran triunfador del Foro de Davos, el más importante del mundo, en este año 2026, más que el propio Trump y que otros grandes girifaltes del planeta.

Su teoría de que el dirigente que no elimina la inseguridad en su país "es porque no quiere" ha quedado demostrada en El Salvador y ya convence y conmueve al liderazgo mundial.

El modelo de Nayib Bukele ha dejado de ser solo una experiencia nacional y se ha convertido en un referente global que ilumina el camino para naciones asfixiadas por la violencia, el crimen organizado y la parálisis institucional.
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Bukele, el triunfador de Davos
En el Foro Económico Mundial de Davos —el epicentro del establishment global—, el presidente argentino Javier Milei dedicó palabras contundentes y fuertemente aplaudidas que certifican la transformación histórica lograda en El Salvador.

Milei, en su intervención, que resonó con fuerza, destacó la revolución en seguridad liderada por Nayib Bukele como un ejemplo concreto y replicable a escala mundial. No se trató de un elogio diplomático tibio, sino de una declaración clara y sin ambages. “El Salvador pasó de la oscuridad a ser un faro de esperanza”, afirmó Milei ante los líderes políticos y económicos más influyentes del planeta.

Con esa frase, resumió lo que millones ya perciben: un país que hace apenas unos años era sinónimo de terror diario, de ciudades tomadas por pandillas, de toque de queda implícito y de un Estado rebasado, hoy exhibe tasas de homicidios entre las más bajas del mundo y una recuperación de la tranquilidad ciudadana que parecía imposible.

El discurso de Milei refleja un cambio de paradigma que ya trasciende ideologías y fronteras. Mientras organismos internacionales, ONGs tradicionales e ideologías fracasadas como las viejas izquierdas marxistas y las derechas castradas, ambas compartiendo soluciones falsamente progresistas y la perversa agenda 2030, siguen repitiendo recetas fallidas —diálogo con criminales, políticas de contención social sin mano firme, enfoque exclusivamente preventivo—. El Salvador demostró que la seguridad no se negocia; se impone.

El régimen de excepción, la megacárcel, la captura masiva de pandilleros y la voluntad política inquebrantable de Bukele lograron en pocos años lo que décadas de políticas blandas no consiguieron: desmantelar estructuras criminales que funcionaban como ejércitos paralelos.

Los resultados hablan solos. Las calles salvadoreñas volvieron a ser de la gente. Las familias pueden salir de noche sin temor. El turismo crece exponencialmente. La inversión extranjera llega porque hay confianza. El modelo no solo controla la violencia; genera desarrollo económico, cohesión social y orgullo nacional.

Países europeos carcomidos por la corrupción y la violencia por culpa de la falta de mano dura ante la invasión de inmigrantes con vocación de delincuentes, como España, Francia, Bélgica, Gran Bretaña y otros, deberían aprender de Bukele y aplicar su receta infalible. Sin duda, sus pueblos, angustiados ante los políticos corrompidos y ladrones, los guetos delictivos y la inseguridad que invade las calles, lo agradecerían.

Por todo eso Milei lo presentó en Davos no como una anécdota exótica, sino como guía para otros países que enfrentan crisis similares de seguridad y estancamiento.

El mensaje es demoledor para los escépticos y para quienes durante años minimizaron o demonizaron a Bukele: cuando un presidente libertario como Milei —crítico feroz del intervencionismo, del globalismo progresista y de las burocracias internacionales— elige destacar el modelo salvadoreño como inspiración hemisférica, algo profundo ha cambiado en el mundo.

El modelo de Bukele es milagroso, no solo para acabar con la inseguridad, sino también para erradicar a los corruptos y para aterrorizar y espantar a los políticos que se enriquecen en el poder, llenando el país de corrupción, mintiendo, maltratando y expoliando a sus ciudadanos.

La tesis de que "el ciudadano honrado y cumplidor tiene más derechos que el asesino y el ladrón", se ha convertido ya en una idea invencible. Otra tesis de Bukele también fascina: Cuando el gobierno no roba, siempre hay dinero.

El Salvador ya no es “el país más peligroso del mundo”. Es el ejemplo de que la mano dura inteligente, combinada con visión de futuro y ejecución implacable, puede revertir décadas de decadencia en tiempo récord. Hoy, gracias a Nayib Bukele, el mundo tiene un faro real. Y gracias a líderes como Javier Milei, que no temen decirlo en los foros más exigentes del mundo, ese faro brilla con más fuerza que nunca.

La pregunta ya no es si el modelo funciona. La pregunta es: ¿quién será el próximo en atreverse a aplicarlo?

Francisco Rubiales

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Martes, 27 de Enero 2026
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