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Urgente: España se rebela contra Sánchez



El 2 de septiembre, Día de Ceuta, España salió a la calle con una claridad que no admite maquillaje. Fue un histórico clamor contra Pedro Sánchez, en defensa de la ciudad española de Ceuta y de repudio al enemigo marroquí, violador de las fronteras de España y Estado sucio donde los haya.

Fue una auténtica "rebelión democrática" contra Pedro Sánchez y sus secuaces, sus mentiras, su falta de amor a España, sus corrupciones, abusos arbitrariedades y traiciones.

Millones de españoles se lanzaron a las calles para defender a Ceuta y condenar con dureza a Pedro Sánchez.

Cualquier dirigente político dimitiría inmediatamente si el pueblo se alza contra él, democráticamente, como ocurrió ayer en España, pero Sánchez es un loco peligroso que está fuera de control y que ha decidido apalancarse en el poder, utilizando para ello la mentira, el engaño, la policía y todo tipo de suciedades.
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Imponente manifestación en Sevilla contra Sanchez y en defensa de Ceuta
En la propia ciudad autónoma se congregaron más de 20.000 personas según la Delegación del Gobierno —los organizadores elevaron la cifra— bajo el lema «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende».

En Madrid, Cibeles rebosó: 50.000 asistentes según la Delegación y 150.000 según el Ayuntamiento y el doble según otras fuentes. Y el mismo grito se reprodujo en cientos de plazas, con convocatorias que la FEMP y la red municipal extendieron por todo el país.

No fue un acto de salón. Fue un clamor de solidaridad con una ciudad que lleva un mes pagando la avalancha de finales de julio y de condena a un Gobierno al que la calle acusa de abandono. «Ceuta, aguanta, España se levanta», «Ceuta es España» y «Sánchez, dimisión» no fueron consignas aisladas: fueron el estribillo de una jornada que unió a ceutíes, a capitales y a pueblos.

Ese alzamiento fue democrático: banderas, manifiestos, alcaldes, vecinos y una exigencia de dimisión que, en cualquier sistema que se tome en serio la calle, habría obligado a un presidente a dar explicaciones inmediatas o a irse. Sánchez no lo hará. Lleva semanas demostrando que prefiere el enroque a la responsabilidad.

Ante el rechazo masivo, su aparato ha recurrido al truco más viejo del poder acorralado: empequeñecer lo que se ve.

En Madrid, la Delegación recortó a un tercio la cifra del Ayuntamiento. En otras ciudades el patrón se repitió: la autoridad del Estado minimiza el clamor popular, el municipio y las imágenes cuentan otra cosa.

El gobierno volvió a comportarse ayer como el peor enemigo del pueblo español.

No hace falta que la mentira sea exactamente de diez a uno para que sea mentira. Basta con que el Gobierno mienta sobre el tamaño del descontento para no admitir que el descontento es nacional.

Lo de ayer no fue solo rabia. Fue un diagnóstico político. Ceuta lleva semanas con miles de personas aún en calles y playas, con militares agredidos y con un relato oficial que insiste en la cooperación de Rabat mientras un informe policial apunta a la implicación de fuerzas marroquíes.

La gente ha entendido lo esencial: una frontera rota, una ciudad desbordada y un presidente que habla de integridad territorial y luego administra la crisis como un problema de imagen. Por eso el grito no se quedó en «apoyo a Ceuta». Se convirtió en «fuera Sánchez».

Quien recibe ese veredicto en Cibeles, en las Murallas Reales y en cientos de ayuntamientos y responde con un vídeo tibio y con cifras a la baja no está dialogando con España. Está desafiándola.

Un dirigente ordinario dimitiría o convocaría elecciones cuando el pueblo, en paz y en masa, le dice que se marche. Sánchez se aferra. Utiliza el cargo como refugio, el relato como escudo y la mentira estadística como cortina.

Sánchez es un presidente derrotado en la calle que se niega a someterse a las urnas. Esa obstinación es lo peligroso.

Después de ayer, el país ha visto el mapa desolador del aislamiento del sanchismo. de su terrible derrota y del desprecio del pueblo.

Ceuta no está sola. Quien está solo es quien sigue en La Moncloa con los ojos y los oídos cerrados y con la peligrosa postura de escupir contra la voluntad popular. Los tiranos que hacen eso suelen terminar mal.

Francisco Rubiales

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Jueves, 3 de Septiembre 2026
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