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Un escenario indigno: Óscar Puente se auto inmola para salvar a Pedro Sánchez



Oscar Puente ha dimitido y lo ha hecho después de auto inmolarse para salvar a Pedro Sánchez, el verdadero culpable de los accidentes de los trenes de Alta Velocidad.

Pero su dimisión, cargada de indignidad y oprobio, llega 115 muertos tarde. Tenía que haber dimitido después de Adamuz, pero ha resistido en el puesto para servir de cortafuegos y parapeto a Pedro Sánchez, el jefe de la mafia que gobierna.

La dimisión no se ha producido por dignidad, como él dice, sino porque las encuestas causaban pavor en el PSOE, un partido que perdía casi cien mil votos diarios desde el accidente mortal de los trenes.

El escenario del ministro que se sacrifica por su amo es sobrecogedor y reflejo de un régimen pervertido y en descomposición, cada día más lejos de la democracia y de la decencia.

La opinión pública se ha lanzado a la yugular del ministro en lugar de morder el cuello de Sánchez, lo que ha convertido a Oscar Puente en un "héroe" del sanchismo, capaz de auto inmolarse para salvar al "puto amo".

Sánchez debe estar muy agradecido al ministro dimitido porque le ha salvado de la furia indignada de España.
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Óscar Puente se ha convertido en el gran héroe circunstancial del sanchismo porque ha concentrado sobre sí las acusaciones, condenas, insultos y reproches que, en justicia política, deberían dirigirse contra un Pedro Sánchez cobarde e incapaz de dar la cara.

Los accidentes mortales de alta velocidad en Adamuz y Urda, que suman más de un centenar de fallecidos en la misma línea, la gestión contestada de crisis como la de Ceuta y el resto de dramas, opacidades y fallos del Gobierno tienen como máximo responsable al presidente que ha nombrado y sostenido a los ministros.

Puente recibió el fuego graneado en el Congreso y en la opinión pública mientras Sánchez permanecía a resguardo. El ministro se auto inmola, absorbe el castigo, desvía la atención y permite que el jefe conserve margen de maniobra. Una indignidad ajena a la democracia, un sistema que exige que los culpables paguen y que nadie se esconda detrás de la impunidad y el truco.

Ese servicio es meritorio para quien lo ejecuta dentro de la lógica del poder, pero revela la jerarquía real: el subordinado se sacrifica para proteger al verdadero culpable de las tragedias y de los innumerables errores, injusticias y bajezas acumulados.

Sánchez ha contemplado este escenario con tanta indignidad como una satisfacción política. Ver a los diputados de la oposición crucificar a Puente en lugar de concentrar el fuego sobre él le ofrecía un alivio estratégico. El ministro asumió el papel de escudo humano: cada sesión de control, cada interpelación y cada reproche público que recaía sobre Puente era un golpe que no alcanzaba directamente al presidente.

Esa dinámica forma parte de un sistema pervertido en el que la lealtad se mide por la disposición a inmolarse y en el que la rendición de cuentas se diluye cuando el subordinado cubre al superior.

Pedro Sánchez no es socialista en el sentido clásico del término. Quienes lo votan por esa etiqueta cometen un error de diagnóstico. Un socialista no habría destrozado internamente al PSOE como él lo ha hecho, ni habría subordinado el partido y las instituciones a la supervivencia personal.

Sánchez es un político cuyo único objetivo es perpetuarse en el poder, dispuesto a utilizar mentiras, nombramientos de confianza, dilaciones y cortafuegos humanos para lograrlo.

La ausencia de ética se manifiesta en la negativa a asumir responsabilidades directas tras tragedias con víctimas mortales y en la conversión de ministros en parachoques.

Ahora siente pánico porque el PSOE ya ha perdido más de medio millón de votos desde el accidente y no sabe como parar la sangría.

Pero esa protección ofrecida por Puente tiene un coste: refuerza la percepción de que el verdadero culpable permanece intocable mientras otros reciben el castigo.

España no regenerará la confianza si el máximo responsable de las tragedias y de las opacidades sigue protegido por subordinados dispuestos a inmolarse. El cortafuegos funciona mientras dure; cuando caiga, el fuego alcanzará a quien realmente lo merece.

Francisco Rubiales


English version:

An Indignified Scenario: Óscar Puente Sacrifices Himself to Save Pedro Sánchez

Óscar Puente has become the Sanchismo movement’s great temporary hero because he has concentrated on himself the accusations, condemnations, insults and reproaches that, as a matter of political justice, should be directed at a Pedro Sánchez who is too cowardly to face the situation.

The fatal high-speed rail accidents at Adamuz and Urda, which have left more than a hundred people dead on the same line, the disputed handling of crises such as the one in Ceuta, and the other tragedies, lack of transparency and failures of the Government all have one person ultimately responsible: the president who appointed and retained his ministers.

Puente came under sustained fire in Congress and in public opinion while Sánchez remained safely out of reach. The minister sacrifices himself, absorbs the punishment, diverts attention and gives his boss room to manoeuvre. This is an affront to democracy, a system that requires those responsible to pay and allows no one to hide behind impunity and political trickery.

That service may be considered commendable by those who carry it out within the logic of power, but it reveals the real hierarchy: a subordinate sacrifices himself to protect the person ultimately responsible for the tragedies and for the countless mistakes, injustices and acts of baseness that have accumulated.

Sánchez has watched this scenario unfold with as much indignity as political satisfaction. Seeing opposition MPs crucify Puente instead of directing their fire at him offered the president strategic relief. The minister took on the role of human shield: every question during parliamentary scrutiny, every challenge and every public reproach aimed at Puente was a blow that did not reach the president directly.

This dynamic is part of a perverted system in which loyalty is measured by a willingness to sacrifice oneself, and accountability disappears when a subordinate shields a superior.

Pedro Sánchez is not a socialist in the classical sense of the term. Those who vote for him because of that label are making a mistake in their assessment. A socialist would not have internally wrecked the PSOE as he has, nor subordinated the party and the institutions to his own personal survival.

Sánchez is a politician whose sole objective is to remain in power indefinitely, prepared to use lies, trusted appointments, delays and human firewalls to achieve it.

The absence of ethics is evident in the refusal to accept direct responsibility after tragedies involving loss of life and in the transformation of ministers into political shock absorbers.

Now he is gripped by panic because, since the rail disaster, the PSOE has lost more than half a million votes and he does not know how to stop the haemorrhage.

But the protection Puente has offered comes at a price: it reinforces the perception that the person truly responsible remains untouchable while others take the punishment.

Spain will not restore public trust if the person ultimately responsible for the tragedies and the lack of transparency remains protected by subordinates willing to sacrifice themselves. The firewall works for as long as it holds; when it falls, the fire will reach the person who truly deserves it.

Francisco Rubiales

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Miércoles, 4 de Noviembre 2026
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