Las redes claman contra Sánchez y su decisión de forzar la llegada del crucero infectado a Canarias
El Gobierno de Pedro Sánchez está desplegando una campaña para ganar fuera de España el prestigio que ha perdido en su país. Ha utilizado el atraque en Canarias del crucero infectado con hantavirus para exhibir una operación teatral de evacuación, seguida con miedo y atención por la opinión pública mundial.
El show del crucero Hondius le ha servido para labrarse una imagen en el mundo que los españoles le niegan. Fuera de España muchos ignorantes engañados le ven como un líder heroico, capaz de enfrentarse a Trump, de defender a los pobres de Gaza y de salvar al mundo de un virus letal, pero ignoran que la mayoría de los españoles, que lo conocen a fondo y padecen sus desmanes y corrupciones, le desprecian, le pitan en las calles y no le votan cuando se abren las urnas.
Sánchez siempre aplica un criterio partidista en su relación con las comunidades autónomas españolas, priorizando aquellas alineadas con el PSOE o son sus socios de investidura y relegando a las gobernadas por el PP a un segundo plano, a veces humillante, rastrero y sin una gota de tacto político.
Canarias acaba de denunciar con razón un trato “colonial” tras la imposición del fondeo del crucero MV Hondius, pese a las objeciones locales por razones sanitarias y porque el turismo, que es la única gran riqueza de las islas, se ponía en peligro.
El estilo arrogante del sanchismo colisiona con el Estado de las Autonomías y refleja la naturaleza antidemocrática del socialismo español pilotado por Sánchez, que ha envilecido la política hasta el extremo.
Un ejemplo paradigmático fue la gestión de la DANA que devastó Valencia en octubre de 2024. Las tensiones entre el Gobierno central y la Generalitat Valenciana de Carlos Mazón se tradujeron en reproches cruzados sobre alertas, coordinación y velocidad de las ayudas.
Con los cadáveres de los ahogados todavía calientes, el gobierno valenciano denunció retrasos, ayudas insuficientes y zancadillas del gobierno central, que concentro su esfuerzo no tanto en ayudar a las víctimas como en destrozar al gobierno valenciano del PP con un impresionante despliegue de propaganda pagada con dinero público.
El sanchismo demostró entonces que lo principal no es la eficiencia política, ni la lealtad, ni la solidaridad, sino el dominio del relato, lograr que los socialistas parezcan los buenos y que los demás sean vistos como malvados.
Tras el drama del hantavirus, son pocos los que dudan que el “sanchismo” utiliza las tragedias para ganar votos, en lugar de sumar esfuerzos institucionales.
En materia de financiación autonómica, migración o inversiones, gobiernos como los de Madrid, Andalucía, Galicia o Canarias tienen todo el derecho del mundo a considerarse "colonias" del sanchismo arbitrario y corrupto.
Se han denunciado reiteradamente discriminaciones, retenciones de fondos, reparto desigual de menores no acompañados (con Canarias asumiendo una carga desproporcionada) o cesiones asimétricas a Cataluña y otras regiones aliadas que contrastan con la rigidez hacia las autonomías populares.
El resultado es una dinámica humillante para las instituciones regionales, a las que se les exige lealtad y se les paga con un desprecio y una arbitrariedad que alimenta el agravio comparativo, genera injusticia profunda y rompe con el modelo constitucional de 1978.
Pero quizás lo peor es que el sanchismo, con su trato injusto, desigual y miserable a los pueblos de España, está alimentando el independentismo y el odio al centralismo.
Francisco Rubiales
El show del crucero Hondius le ha servido para labrarse una imagen en el mundo que los españoles le niegan. Fuera de España muchos ignorantes engañados le ven como un líder heroico, capaz de enfrentarse a Trump, de defender a los pobres de Gaza y de salvar al mundo de un virus letal, pero ignoran que la mayoría de los españoles, que lo conocen a fondo y padecen sus desmanes y corrupciones, le desprecian, le pitan en las calles y no le votan cuando se abren las urnas.
Sánchez siempre aplica un criterio partidista en su relación con las comunidades autónomas españolas, priorizando aquellas alineadas con el PSOE o son sus socios de investidura y relegando a las gobernadas por el PP a un segundo plano, a veces humillante, rastrero y sin una gota de tacto político.
Canarias acaba de denunciar con razón un trato “colonial” tras la imposición del fondeo del crucero MV Hondius, pese a las objeciones locales por razones sanitarias y porque el turismo, que es la única gran riqueza de las islas, se ponía en peligro.
El estilo arrogante del sanchismo colisiona con el Estado de las Autonomías y refleja la naturaleza antidemocrática del socialismo español pilotado por Sánchez, que ha envilecido la política hasta el extremo.
Un ejemplo paradigmático fue la gestión de la DANA que devastó Valencia en octubre de 2024. Las tensiones entre el Gobierno central y la Generalitat Valenciana de Carlos Mazón se tradujeron en reproches cruzados sobre alertas, coordinación y velocidad de las ayudas.
Con los cadáveres de los ahogados todavía calientes, el gobierno valenciano denunció retrasos, ayudas insuficientes y zancadillas del gobierno central, que concentro su esfuerzo no tanto en ayudar a las víctimas como en destrozar al gobierno valenciano del PP con un impresionante despliegue de propaganda pagada con dinero público.
El sanchismo demostró entonces que lo principal no es la eficiencia política, ni la lealtad, ni la solidaridad, sino el dominio del relato, lograr que los socialistas parezcan los buenos y que los demás sean vistos como malvados.
Tras el drama del hantavirus, son pocos los que dudan que el “sanchismo” utiliza las tragedias para ganar votos, en lugar de sumar esfuerzos institucionales.
En materia de financiación autonómica, migración o inversiones, gobiernos como los de Madrid, Andalucía, Galicia o Canarias tienen todo el derecho del mundo a considerarse "colonias" del sanchismo arbitrario y corrupto.
Se han denunciado reiteradamente discriminaciones, retenciones de fondos, reparto desigual de menores no acompañados (con Canarias asumiendo una carga desproporcionada) o cesiones asimétricas a Cataluña y otras regiones aliadas que contrastan con la rigidez hacia las autonomías populares.
El resultado es una dinámica humillante para las instituciones regionales, a las que se les exige lealtad y se les paga con un desprecio y una arbitrariedad que alimenta el agravio comparativo, genera injusticia profunda y rompe con el modelo constitucional de 1978.
Pero quizás lo peor es que el sanchismo, con su trato injusto, desigual y miserable a los pueblos de España, está alimentando el independentismo y el odio al centralismo.
Francisco Rubiales