Sánchez es el arquitecto deliberado de la destrucción. Ha aplastado a toda la izquierda que acompañaba al PSOE en la contienda por el poder. Ha traicionado cada principio socialista al indultar a golpistas, blanquear etarras y prostituir instituciones como el Tribunal Constitucional o la Fiscalía, todo al servicio de su supervivencia personal.
Su obsesión por el poder lo ha llevado a pactos nauseabundos con Bildu y ERC, a una amnistía que pisotea la igualdad de los españoles y a una gestión económica que ha hundido el país en inflación, desempleo juvenil y deuda galopante.
Mientras él alardea de ser un estadista de progreso en Bruselas, España se desangra en divisiones territoriales y descrédito internacional.
Desprenderse de él no es una opción; es una cirugía de urgencia para extirpar el tumor antes de que mate al paciente. Quien defienda su continuidad es cómplice de esta traición.
Si el PSOE persiste en su ceguera y lo mantiene al frente, en 2027 no viviremos unas elecciones generales, sino una ejecución pública.
La alternancia natural que siempre ha equilibrado la democracia española se convertirá en un tsunami conservador irreversible, con el PP y Vox barriendo no solo el Gobierno, sino autonomías, ayuntamientos y hasta el alma del centro-izquierda.
El electorado, harto de arrogancia, mentiras y decadencia, castigará al PSOE con una humillación insoportable.
No habrá salvavidas para el socialismo español, ni coaliciones milagrosas, sino únicamente ruinas y un legado de vergüenza que generaciones futuras recordarán como el suicidio colectivo de la izquierda española.
El reloj no perdona y la rendición de cuentas ya no admite dilaciones. El PSOE debe elegir ya: o expulsa a Sánchez en un congreso extraordinario de verdad y emprende su regeneración, o asume su destino como cadáver político que se arrastra hacia el abismo.
Los militantes honestos, los cuadros dignos y los votantes traicionados no pueden seguir callando. El castigo electoral será implacable y España, libre del lastre sanchista, volará hacia un destino justo, feliz y próspero.
El tiempo de las excusas ha terminado; el del castigo y la rendición de cuentas acaba de empezar. No hay tercera vía: o renovación radical o extinción.
Francisco Rubiales
Su obsesión por el poder lo ha llevado a pactos nauseabundos con Bildu y ERC, a una amnistía que pisotea la igualdad de los españoles y a una gestión económica que ha hundido el país en inflación, desempleo juvenil y deuda galopante.
Mientras él alardea de ser un estadista de progreso en Bruselas, España se desangra en divisiones territoriales y descrédito internacional.
Desprenderse de él no es una opción; es una cirugía de urgencia para extirpar el tumor antes de que mate al paciente. Quien defienda su continuidad es cómplice de esta traición.
Si el PSOE persiste en su ceguera y lo mantiene al frente, en 2027 no viviremos unas elecciones generales, sino una ejecución pública.
La alternancia natural que siempre ha equilibrado la democracia española se convertirá en un tsunami conservador irreversible, con el PP y Vox barriendo no solo el Gobierno, sino autonomías, ayuntamientos y hasta el alma del centro-izquierda.
El electorado, harto de arrogancia, mentiras y decadencia, castigará al PSOE con una humillación insoportable.
No habrá salvavidas para el socialismo español, ni coaliciones milagrosas, sino únicamente ruinas y un legado de vergüenza que generaciones futuras recordarán como el suicidio colectivo de la izquierda española.
El reloj no perdona y la rendición de cuentas ya no admite dilaciones. El PSOE debe elegir ya: o expulsa a Sánchez en un congreso extraordinario de verdad y emprende su regeneración, o asume su destino como cadáver político que se arrastra hacia el abismo.
Los militantes honestos, los cuadros dignos y los votantes traicionados no pueden seguir callando. El castigo electoral será implacable y España, libre del lastre sanchista, volará hacia un destino justo, feliz y próspero.
El tiempo de las excusas ha terminado; el del castigo y la rendición de cuentas acaba de empezar. No hay tercera vía: o renovación radical o extinción.
Francisco Rubiales