Marruecos representa una amenaza constante y multifacética para España, que se manifiesta en agresiones híbridas que erosionan la soberanía y la seguridad nacional. Rabat emplea tácticas como la inmigración ilegal, la exportación de delincuencia organizada y la introducción de drogas y riesgos sanitarios a través de productos agrícolas contaminados.
Todo esto lo hace ante la pasividad del presidente del gobierno de España, al que millones de españoles acusan de ser un servidor de Marruecos.
Estados Unidos continúa armando hasta los dientes a Marruecos y España no hace nada por neutralizar esa amenaza. Podemos comprar aviones de caza furtivos americanos Lockheed Martin F-35 Lightning II, los mejores del mundo y absolutamente necesarios para la defensa del espacio aéreo del Estrecho y para la aviación naval, pero Sánchez, por imbéciles razones de odio a Trump, ha vetado esa compra.
Todo esto refuerza a un vecino hostil, con ambiciones territoriales explícitas sobre España y que usa políticamente la inmigración para debilitarnos.
Según expertos como Taleb Alisalem, activista saharaui y analista político, Marruecos utiliza la inmigración como "arma de guerra híbrida", facilitando la llegada de miles de subsaharianos y marroquíes irregulares para presionar a España, con episodios como la crisis de Ceuta en 2021 donde más de 10.000 personas cruzaron la frontera en un solo día.
Muchos de los marroquíes que llegan lo hacen sin ánimo de integrarse ni de trabajar, para vivir de las ayudas públicas y pregonando que vienen a "recuperar Al Andalus".
Los ciudadanos marroquíes representaron alrededor del 15% de las detenciones totales en España, con una sobrerrepresentación en delitos como robos (23%) y tráfico de drogas (18%). En zonas como Ceuta y Melilla, los índices de delincuencia son un 40% superiores a la media nacional, vinculados siempre al país vecino.
Entre los inmigrantes que Marruecos envía en oleadas masivas se infiltran no solo menores no acompañados (MENAs), delincuentes, yihadistas y elementos agresivos que buscan imponer sus costumbres y religión.
Esta "lluvia de inmigrantes" genera caos social: según un estudio del Ministerio del Interior, los agresores marroquíes representan la inmensa mayoría de los violadores y ladrones, muy por encima de rumanos, argelinos y latinoamericanos.
Nada menos que el 55% de los españoles consideran a Marruecos como la principal amenaza exterior, por encima de Rusia o Estados Unidos, según el último barómetro del Real Instituto Elcano.
A estas agresiones se suman riesgos sanitarios letales importados desde Marruecos, como productos agrícolas contaminados que ponen en jaque la salud pública española. En 2024, el Sistema de Alerta Rápida de Alimentos de la UE (RASFF) detectó hepatitis A en múltiples lotes de fresas marroquíes destinadas a España, con al menos tres alertas en menos de un mes, aunque los controles impidieron su distribución masiva.
También se han registrado contaminaciones con virus en tomates y pimientos, y un total de 47 alertas sanitarias en importaciones marroquíes en el último año, incluyendo sustancias químicas por encima de los límites europeos como la ciromazina en judías.
El sarampión es otro frente: España perdió su estatus de país libre de la enfermedad en 2026 debido a una transmisión sostenida impulsada por casos importados de Marruecos, que registró más de 25.000 infecciones entre 2023 y 2025.
Estos incidentes son la demostración de que Marruecos exporta amenazas biológicas, socavando la salud y la economía española.
El rearme acelerado de Marruecos obliga a España a una respuesta defensiva intensa, ya que expertos militares y geopolíticos coinciden en que un conflicto armado es una posibilidad real a medio plazo. Rabat ha invertido más de 20.000 millones de dólares en armamento, adquiriendo helicópteros Apache, drones turcos y sistemas antimisiles israelíes, con el apoyo de EE.UU. e Israel, fortaleciendo bases cerca de Ceuta y Melilla.
En respuesta, España ha anunciado una inversión de 5.000 millones en 34 buques de guerra y cuatro submarinos S-80, reconociendo la necesidad de disuasión ante un vecino que reactiva comités nacionalistas para reclamar territorios españoles.
Almirantes retirados como Juan Rodríguez Garat advierten que Marruecos es un "vecino incómodo" que usa la guerra híbrida, y aunque carece de submarinos para un ataque directo, su expansión militar podría escalar en un enfrentamiento bélico por Ceuta, Melilla o el islote de Perejil.
Marruecos no solo es el peor enemigo de España, sino una pesadilla existencial que amenaza la paz, la cultura y el futuro nacional a través de una guerra no declarada que combina inmigración invasiva, delincuencia importada, riesgos sanitarios y presión militar.
Todo con la pasividad miserable del gobierno de Sánchez.
Francisco Rubiales
Todo esto lo hace ante la pasividad del presidente del gobierno de España, al que millones de españoles acusan de ser un servidor de Marruecos.
Estados Unidos continúa armando hasta los dientes a Marruecos y España no hace nada por neutralizar esa amenaza. Podemos comprar aviones de caza furtivos americanos Lockheed Martin F-35 Lightning II, los mejores del mundo y absolutamente necesarios para la defensa del espacio aéreo del Estrecho y para la aviación naval, pero Sánchez, por imbéciles razones de odio a Trump, ha vetado esa compra.
Todo esto refuerza a un vecino hostil, con ambiciones territoriales explícitas sobre España y que usa políticamente la inmigración para debilitarnos.
Según expertos como Taleb Alisalem, activista saharaui y analista político, Marruecos utiliza la inmigración como "arma de guerra híbrida", facilitando la llegada de miles de subsaharianos y marroquíes irregulares para presionar a España, con episodios como la crisis de Ceuta en 2021 donde más de 10.000 personas cruzaron la frontera en un solo día.
Muchos de los marroquíes que llegan lo hacen sin ánimo de integrarse ni de trabajar, para vivir de las ayudas públicas y pregonando que vienen a "recuperar Al Andalus".
Los ciudadanos marroquíes representaron alrededor del 15% de las detenciones totales en España, con una sobrerrepresentación en delitos como robos (23%) y tráfico de drogas (18%). En zonas como Ceuta y Melilla, los índices de delincuencia son un 40% superiores a la media nacional, vinculados siempre al país vecino.
Entre los inmigrantes que Marruecos envía en oleadas masivas se infiltran no solo menores no acompañados (MENAs), delincuentes, yihadistas y elementos agresivos que buscan imponer sus costumbres y religión.
Esta "lluvia de inmigrantes" genera caos social: según un estudio del Ministerio del Interior, los agresores marroquíes representan la inmensa mayoría de los violadores y ladrones, muy por encima de rumanos, argelinos y latinoamericanos.
Nada menos que el 55% de los españoles consideran a Marruecos como la principal amenaza exterior, por encima de Rusia o Estados Unidos, según el último barómetro del Real Instituto Elcano.
A estas agresiones se suman riesgos sanitarios letales importados desde Marruecos, como productos agrícolas contaminados que ponen en jaque la salud pública española. En 2024, el Sistema de Alerta Rápida de Alimentos de la UE (RASFF) detectó hepatitis A en múltiples lotes de fresas marroquíes destinadas a España, con al menos tres alertas en menos de un mes, aunque los controles impidieron su distribución masiva.
También se han registrado contaminaciones con virus en tomates y pimientos, y un total de 47 alertas sanitarias en importaciones marroquíes en el último año, incluyendo sustancias químicas por encima de los límites europeos como la ciromazina en judías.
El sarampión es otro frente: España perdió su estatus de país libre de la enfermedad en 2026 debido a una transmisión sostenida impulsada por casos importados de Marruecos, que registró más de 25.000 infecciones entre 2023 y 2025.
Estos incidentes son la demostración de que Marruecos exporta amenazas biológicas, socavando la salud y la economía española.
El rearme acelerado de Marruecos obliga a España a una respuesta defensiva intensa, ya que expertos militares y geopolíticos coinciden en que un conflicto armado es una posibilidad real a medio plazo. Rabat ha invertido más de 20.000 millones de dólares en armamento, adquiriendo helicópteros Apache, drones turcos y sistemas antimisiles israelíes, con el apoyo de EE.UU. e Israel, fortaleciendo bases cerca de Ceuta y Melilla.
En respuesta, España ha anunciado una inversión de 5.000 millones en 34 buques de guerra y cuatro submarinos S-80, reconociendo la necesidad de disuasión ante un vecino que reactiva comités nacionalistas para reclamar territorios españoles.
Almirantes retirados como Juan Rodríguez Garat advierten que Marruecos es un "vecino incómodo" que usa la guerra híbrida, y aunque carece de submarinos para un ataque directo, su expansión militar podría escalar en un enfrentamiento bélico por Ceuta, Melilla o el islote de Perejil.
Marruecos no solo es el peor enemigo de España, sino una pesadilla existencial que amenaza la paz, la cultura y el futuro nacional a través de una guerra no declarada que combina inmigración invasiva, delincuencia importada, riesgos sanitarios y presión militar.
Todo con la pasividad miserable del gobierno de Sánchez.
Francisco Rubiales