El presidente del Gobierno español percibe en esta oleada de odio y rechazo a Trump y a su guerra contra Irán una oportunidad dorada para galvanizar a la izquierda nacional, movilizando a sus bases con un discurso que pinta al magnate estadounidense como la cúspide del autoritarismo y el retroceso democrático.
El odio le sirve a Sánchez para que los votantes españoles olviden la corrupción brutal de su gobierno y su partido, sus injusticias, abusos, fracasos, aislamientos, arbitrariedades y la delincuencia de sus familiares y colaboradores.
Sánchez calcula que esta "cosecha del odio" no solo unificará a sus aliados progresistas, sino que también atraerá a votantes desencantados, posicionándolo como el baluarte contra las fuerzas reaccionarias. Con las próximas elecciones en el horizonte, esta estrategia parece diseñada para transformar la indignación global en un impulso electoral local, donde el antiamericanismo selectivo se convierta en un arma para consolidar el poder.
El punto flaco de la estrategia sanchista es, una vez más, la mentira. Cuando Obama bombardeó Siria, Yemen o Libia no hubo ni la más mínima protesta o escándalo en la izquierda española, demostrándose así que lo que les importa no es que se bombardee, sino quien bombardea.
Tampoco hubo protestas en la izquierda española cuando los ayatolas asesinaron a decenas de miles de iraníes que protestaban en las calles de Teherán.
Sánchez aspira a erigirse como el anti-Trump por excelencia, en el enemigo implacable del "matón norteamericano" que desafía abiertamente las políticas y el estilo del presidente republicano. El líder socialista español se presenta como el defensor de los valores progresistas frente al aislacionismo y el populismo que Trump representa.
Para Sánchez, ser el peor enemigo del controvertido presidente americano no es un riesgo, sino una medalla que lucir ante su electorado, reforzando su imagen de guerrero ideológico en la batalla transatlántica.
Sin embargo, este juego es tan peligroso como hipócrita porque en la realidad Trump y Sánchez se parecen demasiado: soberbios, déspotas, caprichosos, mentalmente trastornados, narcisistas y nada respetuosos con la democracia y sus reglas.
Sánchez, con su antitrumpismo feroz, se expone a cosechar frutos amargos para España, exponiendo al país y a sus empresas a venganzas, sanciones económicas y conflictos diplomáticos de gran envergadura.
El conocido estilo vengativo de Trump podría traducirse en represalias contra los aliados europeos que lo han decepcionado, especialmente con España y Gran Bretaña, vetando el comercio, la inversión estadounidense y la cooperación en materia de información y defensa.
Sánchez, al apostar por la confrontación con Estados Unidos, perjudica a España y puede arrastrarla a una espiral de aislamiento y tensiones innecesarias.
La "maldita cosecha del odio" podría, en última instancia, no solo fallar en movilizar votos, sino sembrar semillas de inestabilidad que España tardaría años en erradicar.
Trump, para vengarse de Sánchez, podría ayudar a Marruecos para que recupere Ceuta y Melilla y ponga cerco a Canarias, influir en las grandes empresas y fondos para que dejen de invertir en España, castigar a España con sanciones y promover nuestra expulsión de la OTAN.
Francisco Rubiales
El odio le sirve a Sánchez para que los votantes españoles olviden la corrupción brutal de su gobierno y su partido, sus injusticias, abusos, fracasos, aislamientos, arbitrariedades y la delincuencia de sus familiares y colaboradores.
Sánchez calcula que esta "cosecha del odio" no solo unificará a sus aliados progresistas, sino que también atraerá a votantes desencantados, posicionándolo como el baluarte contra las fuerzas reaccionarias. Con las próximas elecciones en el horizonte, esta estrategia parece diseñada para transformar la indignación global en un impulso electoral local, donde el antiamericanismo selectivo se convierta en un arma para consolidar el poder.
El punto flaco de la estrategia sanchista es, una vez más, la mentira. Cuando Obama bombardeó Siria, Yemen o Libia no hubo ni la más mínima protesta o escándalo en la izquierda española, demostrándose así que lo que les importa no es que se bombardee, sino quien bombardea.
Tampoco hubo protestas en la izquierda española cuando los ayatolas asesinaron a decenas de miles de iraníes que protestaban en las calles de Teherán.
Sánchez aspira a erigirse como el anti-Trump por excelencia, en el enemigo implacable del "matón norteamericano" que desafía abiertamente las políticas y el estilo del presidente republicano. El líder socialista español se presenta como el defensor de los valores progresistas frente al aislacionismo y el populismo que Trump representa.
Para Sánchez, ser el peor enemigo del controvertido presidente americano no es un riesgo, sino una medalla que lucir ante su electorado, reforzando su imagen de guerrero ideológico en la batalla transatlántica.
Sin embargo, este juego es tan peligroso como hipócrita porque en la realidad Trump y Sánchez se parecen demasiado: soberbios, déspotas, caprichosos, mentalmente trastornados, narcisistas y nada respetuosos con la democracia y sus reglas.
Sánchez, con su antitrumpismo feroz, se expone a cosechar frutos amargos para España, exponiendo al país y a sus empresas a venganzas, sanciones económicas y conflictos diplomáticos de gran envergadura.
El conocido estilo vengativo de Trump podría traducirse en represalias contra los aliados europeos que lo han decepcionado, especialmente con España y Gran Bretaña, vetando el comercio, la inversión estadounidense y la cooperación en materia de información y defensa.
Sánchez, al apostar por la confrontación con Estados Unidos, perjudica a España y puede arrastrarla a una espiral de aislamiento y tensiones innecesarias.
La "maldita cosecha del odio" podría, en última instancia, no solo fallar en movilizar votos, sino sembrar semillas de inestabilidad que España tardaría años en erradicar.
Trump, para vengarse de Sánchez, podría ayudar a Marruecos para que recupere Ceuta y Melilla y ponga cerco a Canarias, influir en las grandes empresas y fondos para que dejen de invertir en España, castigar a España con sanciones y promover nuestra expulsión de la OTAN.
Francisco Rubiales