Hay miles de imágenes y mensajes en las redes que acusan de "Traición" a Sánchez y su gobierno"
Tras el asalto masivo a Ceuta a finales de julio, con decenas de miles de invasores, muertos en el agua y miles de personas aún en la ciudad, la evidencia de abandono es pública: reacción tardía, militares heridos en emboscadas y un relato oficial que insiste en la «cooperación» de Rabat, mientras informes policiales apuntan a la implicación de fuerzas marroquíes.
Quien llama "socio fiable" a quien te invade y quiere arrebatarte territorios no está protegiendo España, sino subordinando la soberanía a intereses bastardos que apestan a traición.
Esa subordinación tiene cifra. España ha multiplicado las exportaciones de material de defensa a Marruecos desde la crisis de Ceuta de 2021: en el primer semestre de 2026 las ventas superaron los 8,3 millones de euros frente a menos de 400.000 en el mismo periodo de 2021, y en 2025 el semestre llegó a superar los 27 millones.
Aduanas recogen envíos de munición y otro material militar. A ello se suma el paquete de 45,1 millones canalizado por Exteriores, vía FIIAPP, en vehículos, visión nocturna y camiones descritos en los pliegos como habilitados para el transporte de tropas, presentado como ayuda a la «gestión de fronteras».
Navantia, además, ha construido para Rabat un patrullero de gran porte. Cooperar con un vecino no es delito. Armarlo y equiparlo mientras ese mismo vecino te invade y reivindica las plazas españolas es una locura estratégica que apesta.
La actual repulsa ciudadana a los socialistas no nace de un capricho. Nace de ver a soldados heridos por los invasores y de saber que Madrid financia o autoriza capacidades que refuerzan al enemigo.
Un Estado serio blinda primero su perímetro y después, si acaso, negocia. Este Gobierno hace lo contrario.
Por eso la condena política a Sánchez y su gobierno, dentro y fuera, es merecida. Europa ha visto una frontera exterior rota. España ha visto a su Ejecutivo minimizar cifras, retrasar el mando único y tratar la integridad territorial como eslogan, no como deber.
Traición, en sentido jurídico, es un delito concreto que deben probar los jueces, no un titular. Pero hay una traición política evidente: anteponer la permanencia en el cargo y la paz con Rabat a la defensa efectiva de una ciudad española.
Esa conducta merece el rechazo de los ciudadanos, el repudio internacional que ayer se plasmó en el Parlamento Europeo y, si hay indicios de prevaricación o abandono de funciones, el castigo de los tribunales.
Porque un país que no exige responsabilidades cuando su frontera es violada y su Gobierno sigue armando y exculpando al Estado que lo invade está educando a sus enemigos en la impunidad y bordeando la más mezquina de las traiciones, la de desproteger a su territorio y a sus ciudadanos.
Francisco Rubiales
Quien llama "socio fiable" a quien te invade y quiere arrebatarte territorios no está protegiendo España, sino subordinando la soberanía a intereses bastardos que apestan a traición.
Esa subordinación tiene cifra. España ha multiplicado las exportaciones de material de defensa a Marruecos desde la crisis de Ceuta de 2021: en el primer semestre de 2026 las ventas superaron los 8,3 millones de euros frente a menos de 400.000 en el mismo periodo de 2021, y en 2025 el semestre llegó a superar los 27 millones.
Aduanas recogen envíos de munición y otro material militar. A ello se suma el paquete de 45,1 millones canalizado por Exteriores, vía FIIAPP, en vehículos, visión nocturna y camiones descritos en los pliegos como habilitados para el transporte de tropas, presentado como ayuda a la «gestión de fronteras».
Navantia, además, ha construido para Rabat un patrullero de gran porte. Cooperar con un vecino no es delito. Armarlo y equiparlo mientras ese mismo vecino te invade y reivindica las plazas españolas es una locura estratégica que apesta.
La actual repulsa ciudadana a los socialistas no nace de un capricho. Nace de ver a soldados heridos por los invasores y de saber que Madrid financia o autoriza capacidades que refuerzan al enemigo.
Un Estado serio blinda primero su perímetro y después, si acaso, negocia. Este Gobierno hace lo contrario.
Por eso la condena política a Sánchez y su gobierno, dentro y fuera, es merecida. Europa ha visto una frontera exterior rota. España ha visto a su Ejecutivo minimizar cifras, retrasar el mando único y tratar la integridad territorial como eslogan, no como deber.
Traición, en sentido jurídico, es un delito concreto que deben probar los jueces, no un titular. Pero hay una traición política evidente: anteponer la permanencia en el cargo y la paz con Rabat a la defensa efectiva de una ciudad española.
Esa conducta merece el rechazo de los ciudadanos, el repudio internacional que ayer se plasmó en el Parlamento Europeo y, si hay indicios de prevaricación o abandono de funciones, el castigo de los tribunales.
Porque un país que no exige responsabilidades cuando su frontera es violada y su Gobierno sigue armando y exculpando al Estado que lo invade está educando a sus enemigos en la impunidad y bordeando la más mezquina de las traiciones, la de desproteger a su territorio y a sus ciudadanos.
Francisco Rubiales