Los partidos independentistas catalanes y vascos (ERC, Junts, Bildu, PNV) lo mantienen en el poder porque un Sánchez debilitado y necesitado de votos les garantiza concesiones concretas —amnistía, financiación singular, cesiones competenciales— que ningún gobierno del PP les concedería jamás.
Echarlo supondría disolver ese pacto de supervivencia mutua y arriesgarse a unas elecciones anticipadas donde la derecha podría arrasar. Por eso, cada vez que el PSOE flaquea, ellos suben el precio pero nunca lo derriban. Es más barato para ellos sostener al “galgo de Paiporta” que asumir el riesgo de perder el botín autonómico.
Estados Unidos, Israel, la OTAN y la Unión Europea no lo destronan porque hacerlo les saldría más caro que tolerarlo. Washington e Israel se irritan con su retórica pro-palestina, su negativa a aumentar el gasto militar y sus críticas a los ataques sobre Irán, pero saben que un cambio de régimen en España generaría inestabilidad en el flanco sur de la Alianza Atlántica y un vacío que podrían aprovechar actores menos previsibles.
La Unión Europea, por su parte, prioriza la estabilidad macroeconómica (empleo récord, recaudación alta y escudo social) sobre la higiene democrática. Mientras Sánchez entregue presupuestos, fondos europeos y no rompa el euro, Bruselas mira hacia otro lado.
Intervenir abiertamente violaría la soberanía y costaría más en imagen y geopolítica que dejar que un líder incómodo siga cojeando hasta 2027.
Hay otra razón de peso que explica su incomprensible permanencia en el poder: Sánchez sobrevive porque domina el arte de convertir sus debilidades en blindaje institucional. Control parcial de la judicatura, RTVE como altavoz permanente y un PSOE convertido en máquina de lealtad clientelar crean un ecosistema donde los escándalos (Koldo, acoso, corrupción) se diluyen en comisiones y dilaciones en vez de tumbar al Gobierno.
El pueblo lo abuchea en la calle y él pierde las elecciones autonómicas, pero la economía en positivo y la fragmentación de la oposición impiden que ese descontento se traduzca en una moción de censura exitosa. Es más fácil y barato para las élites españolas —mediáticas, judiciales y económicas— mantener el statu quo que arriesgar un vuelco que podría desatar una crisis sistémica.
El galgo corre y es despreciable, pero la jauría de mediocres, cobardes y pervertidos lo protege porque sabe que, sin él, el mal, el corral y la orgía se debilitarían.
Francisco Rubiales
Echarlo supondría disolver ese pacto de supervivencia mutua y arriesgarse a unas elecciones anticipadas donde la derecha podría arrasar. Por eso, cada vez que el PSOE flaquea, ellos suben el precio pero nunca lo derriban. Es más barato para ellos sostener al “galgo de Paiporta” que asumir el riesgo de perder el botín autonómico.
Estados Unidos, Israel, la OTAN y la Unión Europea no lo destronan porque hacerlo les saldría más caro que tolerarlo. Washington e Israel se irritan con su retórica pro-palestina, su negativa a aumentar el gasto militar y sus críticas a los ataques sobre Irán, pero saben que un cambio de régimen en España generaría inestabilidad en el flanco sur de la Alianza Atlántica y un vacío que podrían aprovechar actores menos previsibles.
La Unión Europea, por su parte, prioriza la estabilidad macroeconómica (empleo récord, recaudación alta y escudo social) sobre la higiene democrática. Mientras Sánchez entregue presupuestos, fondos europeos y no rompa el euro, Bruselas mira hacia otro lado.
Intervenir abiertamente violaría la soberanía y costaría más en imagen y geopolítica que dejar que un líder incómodo siga cojeando hasta 2027.
Hay otra razón de peso que explica su incomprensible permanencia en el poder: Sánchez sobrevive porque domina el arte de convertir sus debilidades en blindaje institucional. Control parcial de la judicatura, RTVE como altavoz permanente y un PSOE convertido en máquina de lealtad clientelar crean un ecosistema donde los escándalos (Koldo, acoso, corrupción) se diluyen en comisiones y dilaciones en vez de tumbar al Gobierno.
El pueblo lo abuchea en la calle y él pierde las elecciones autonómicas, pero la economía en positivo y la fragmentación de la oposición impiden que ese descontento se traduzca en una moción de censura exitosa. Es más fácil y barato para las élites españolas —mediáticas, judiciales y económicas— mantener el statu quo que arriesgar un vuelco que podría desatar una crisis sistémica.
El galgo corre y es despreciable, pero la jauría de mediocres, cobardes y pervertidos lo protege porque sabe que, sin él, el mal, el corral y la orgía se debilitarían.
Francisco Rubiales