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Pedro Sánchez, un peligroso gafe portador de mal fario y desventura



La idea de que Pedro Sánchez asista en Nueva York, el domingo próximo, a la final del Mundial de fútbol genera pánico colectivo: “Seguro que España pierde”, comentan con resignada ironía en redes y tertulias.

Pedro Sánchez se ha consolidado como el gran "gafe" de la política española contemporánea.

Todo lo que toca lo estropea. Todo lo que gobierna retrocede. España es su primera víctima.

Muchos españoles temen ya su mera presencia en eventos de cualquier índole, como si su sombra bastara para torcer el destino.
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El Sánchez que trae consigo infortunio y deterioro no es solo superstición popular; es la constatación de un patrón demoledor. Todo lo que toca Sánchez parece condenarse al fracaso, la división o la ruina.

Destruye su entorno inmediato: familia, colaboradores, su propio partido, la política, la democracia, la justicia, la decencia y, sobre todo, España como nación.

Su mandato no es solo un ejercicio de poder; es una sucesión ininterrumpida de desventuras auto infligidas y males que se propagan como una maldición.

Los ejemplos se acumulan con cruel precisión. Su hermano David Sánchez ha sido condenado recientemente a nueve años de inhabilitación por prevaricación en un caso de nepotismo flagrante en la Diputación de Badajoz, donde se creó a medida un puesto para él.

Su esposa Begoña Gómez enfrenta juicios por presuntos delitos de corrupción e influencias.

Colaboradores de máxima confianza como José Luis Ábalos han sido condenados a décadas de prisión por tramas de corrupción en contratos de mascarillas, mientras Santos Cerdán y otros cercanos al presidente caen en escándalos de mordidas y organización criminal.

El propio expresidente Zapatero, su mentor, ha sido imputado. El PSOE pierde una elección tras otra, se desmorona en luchas internas y ve “insostenible” llegar a 2027.

Muchos candidatos socialistas temen que Sánchez acuda a sus mítines porque les resta votantes.

Sánchez no cesa a nadie; acumula 14 escándalos graves sin asumir responsabilidades políticas. Donde pone la mano, surge la podredumbre o el descrédito.

Más allá de su círculo, el mal fario se extiende al país entero. Bajo su mandato se han encadenado catástrofes mal gestionadas: la pandemia que dejó a España como uno de los países más golpeados, la borrasca Filomena, el volcán de La Palma, la DANA de Valencia con centenares de muertos, apagones masivos, caos ferroviario con accidentes mortales y oleadas de incendios.

La economía arrastra inflación, deuda desbocada, pobreza infantil líder en Europa y una clase media esquilmada.

Políticamente, ha fracturado la convivencia con pactos con independentistas y Bildu, ha tensionado la democracia con ataques a jueces y medios, y ha convertido las instituciones en campo de batalla.

Sus socios lo abandonan, la oposición lo acorrala y hasta en el extranjero se habla de un “ecosistema de corrupción”. Todo lo que promete prosperidad termina en ruina; todo lo que toca estabilidad acaba en división.

Sánchez no es solo un político con errores; encarna el mal augurio sistemático para España. Destruye la verdad al negar realidades evidentes, pervierte la justicia al proteger a los suyos y humilla la decencia pública con un ejercicio del poder basado en el victimismo y la confrontación.

Hasta que los españoles no rompan este ciclo de desventura, el país seguirá pagando el precio de un líder que, como un gafe clásico, arrastra todo a su alrededor hacia el abismo.

Francisco Rubiales

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Viernes, 17 de Julio 2026
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