Está rodeado de dramas y conflictos: con sus aliados y socios, con la Justicia, dentro de su propio partido, con la oposición y con el pueblo español en general, que le rechaza como nunca antes, en siglos, ha rechazado a un dirigente político.
Su absoluta falta de empatía con las víctimas de Adamuz, causadas por la incompetencia del gobierno, ha sido la prueba decisiva de que el presidente del Gobierno no está bien y que es URGENTE que se vaya cuanto antes.
En su comparecencia del 11 de febrero de 2026 sobre el trágico accidente de tren en Adamuz, que dejó 46 víctimas mortales y un maquinista fallecido, Sánchez exhibió una frialdad patológica al excusar la catástrofe con argumentos absurdos como el impacto del cambio climático o afirmaciones delirantes sobre vías que "llegan del polo norte al sur", minimizando la responsabilidad gubernamental y atribuyendo las críticas a "bulos" de la oposición.
Esta desconexión con la realidad es patológica y no solo revela una falta absoluta de empatía hacia las familias destrozadas, sino que confirma un declive cognitivo que transforma sus discursos en un galimatías incoherente, donde la tragedia se reduce a eventos inevitables que "pasan" sin que el Ejecutivo asuma culpas por el colapso de infraestructuras ferroviarias bajo su mandato.
Tras la derrota de su partido en Aragón, se niega a reconocer errores y culpa a la oposición de su propio fracaso.
La obsesión de Sánchez por evadir responsabilidades, tildando de "odio" cualquier cuestionamiento legítimo, culmina en referencias grotescas como citar a Bad Bunny como "referente cultural" para predicar "menos odio y más amor" en plena sesión de control al Gobierno, respondiendo así al líder de Vox, Santiago Abascal.
Es un hombre que, visiblemente agotado y desorientado, prefiere el escapismo cultural a enfrentar el caos de accidentes como el de Adamuz o Gélida, donde su Gobierno ha fallado estrepitosamente en mantenimiento y protocolos.
Su insistencia en que las vías cumplían "todos los protocolos" pese a la evidencia de negligencia crónica es no solo una mentira flagrante, sino una burla a las víctimas, revelando un narcisismo patológico que prioriza su imagen sobre la verdad. Como prueba de la gravedad del fallo, Renfe y Adif han estado reparando las vías entre Madrid y Andalucía muchos días, con el tráfico ferroviario interrumpido.
Hay decenas de testimonios de psicólogos y psiquiatras que dictaminan trastornos graves de personalidad en Pedro Sánchez, un tipo que nunca superaría un examen psiquiátrico serio.
Urge la salida inmediata de Sánchez del poder, antes de que su inestabilidad mental arrastre al país a un abismo mayor.
Testimonios como los de excompañeros socialistas, que lo describen con pérdida de control, obsesiones enfermizas y gran ira ante discrepancias, sumados a su degradación visible en apariciones públicas, pintan el retrato de un líder desvencijado que miente compulsivamente y vive en un mundo paralelo.
España no puede permitirse un presidente que ya no puede gobernar con cordura y que es dejado de lado en los grandes foros, que no es fiable, no asume culpa alguna ni sabe rectificar. Su permanencia en el poder es un riesgo inaceptable; debe irse ya, por el bien de una nación que merece estabilidad, no un espectáculo humillante de decadencia personal.
Francisco Rubiales
Su absoluta falta de empatía con las víctimas de Adamuz, causadas por la incompetencia del gobierno, ha sido la prueba decisiva de que el presidente del Gobierno no está bien y que es URGENTE que se vaya cuanto antes.
En su comparecencia del 11 de febrero de 2026 sobre el trágico accidente de tren en Adamuz, que dejó 46 víctimas mortales y un maquinista fallecido, Sánchez exhibió una frialdad patológica al excusar la catástrofe con argumentos absurdos como el impacto del cambio climático o afirmaciones delirantes sobre vías que "llegan del polo norte al sur", minimizando la responsabilidad gubernamental y atribuyendo las críticas a "bulos" de la oposición.
Esta desconexión con la realidad es patológica y no solo revela una falta absoluta de empatía hacia las familias destrozadas, sino que confirma un declive cognitivo que transforma sus discursos en un galimatías incoherente, donde la tragedia se reduce a eventos inevitables que "pasan" sin que el Ejecutivo asuma culpas por el colapso de infraestructuras ferroviarias bajo su mandato.
Tras la derrota de su partido en Aragón, se niega a reconocer errores y culpa a la oposición de su propio fracaso.
La obsesión de Sánchez por evadir responsabilidades, tildando de "odio" cualquier cuestionamiento legítimo, culmina en referencias grotescas como citar a Bad Bunny como "referente cultural" para predicar "menos odio y más amor" en plena sesión de control al Gobierno, respondiendo así al líder de Vox, Santiago Abascal.
Es un hombre que, visiblemente agotado y desorientado, prefiere el escapismo cultural a enfrentar el caos de accidentes como el de Adamuz o Gélida, donde su Gobierno ha fallado estrepitosamente en mantenimiento y protocolos.
Su insistencia en que las vías cumplían "todos los protocolos" pese a la evidencia de negligencia crónica es no solo una mentira flagrante, sino una burla a las víctimas, revelando un narcisismo patológico que prioriza su imagen sobre la verdad. Como prueba de la gravedad del fallo, Renfe y Adif han estado reparando las vías entre Madrid y Andalucía muchos días, con el tráfico ferroviario interrumpido.
Hay decenas de testimonios de psicólogos y psiquiatras que dictaminan trastornos graves de personalidad en Pedro Sánchez, un tipo que nunca superaría un examen psiquiátrico serio.
Urge la salida inmediata de Sánchez del poder, antes de que su inestabilidad mental arrastre al país a un abismo mayor.
Testimonios como los de excompañeros socialistas, que lo describen con pérdida de control, obsesiones enfermizas y gran ira ante discrepancias, sumados a su degradación visible en apariciones públicas, pintan el retrato de un líder desvencijado que miente compulsivamente y vive en un mundo paralelo.
España no puede permitirse un presidente que ya no puede gobernar con cordura y que es dejado de lado en los grandes foros, que no es fiable, no asume culpa alguna ni sabe rectificar. Su permanencia en el poder es un riesgo inaceptable; debe irse ya, por el bien de una nación que merece estabilidad, no un espectáculo humillante de decadencia personal.
Francisco Rubiales