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Menos "Cambio climático" y más "Cambio político"



Los políticos achacan al “Cambio climático” la pavorosa ola de incendios que arrasa los montes de España, pero esa afirmación no se sostiene ante datos y pruebas de que esos incendios pueden ser provocados por razones económicas.

Cada día es más sólida la sospecha de que son la ineptitud de los políticos y la corrupción las que incendian los bosques españoles.

Cada verano los incendios arrasan miles de hectáreas de bosque en España y en otros países.

Mientras las autoridades y buena parte de los medios repiten el mantra del “cambio climático” como causa única y absoluta, se evita hablar de la responsabilidad más inmediata y evitables: la dejadez, la incompetencia y, en demasiados casos, la corrupción política.

Los montes no se queman solos. Se queman cuando no se limpian, cuando no se hacen cortafuegos, cuando se abandonan las labores de prevención y cuando los presupuestos se desvían o se malgastan.

Hablar solo del clima sirve para eludir responsabilidades concretas de quienes gestionan el territorio.
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La política, no el clima, es lo que más está arruinando el planeta.

Sospechosamente, están ardiendo espacios previamente destinados a acoger instalaciones fotovoltaicas.

Los gobernantes actuales han convertido el discurso climático en una cortina de humo perfecta: mientras se multiplica la retórica sobre emisiones y temperaturas, se desatienden las tareas básicas de mantenimiento forestal, se tolera el abandono rural y se priorizan intereses partidistas o clientelares.

El verdadero “cambio” que necesita el planeta y los países no es otro ciclo de cumbres internacionales y normativas simbólicas, sino un cambio político profundo que sustituya a ladrones, ineptos, sinvergüenzas y delincuentes por personas honestas, competentes y que sirvan al interés general en lugar de servirse del poder.

Muchos estamos convencidos de que si se expulsan del poder a los corruptos y delincuentes, el bosque dejaría de arder.

El clima siempre ha variado. A lo largo de la historia de la Tierra ha habido periodos más cálidos y más fríos, veranos abrasadores e inviernos más duros que los actuales.

El error grave consiste en convertir esos cambios cíclicos en una religión política que absuelve a los gobernantes de su negligencia diaria.

El clima no limpia ni deja de limpiar un monte; los políticos sí deciden si se hace o no.

Lo que sí es históricamente excepcional es el nivel de indecencia y corrupción que se ha instalado en demasiadas élites políticas. Nunca antes tantos cargos públicos habían mostrado tan poco respeto por el bien común, tanta impunidad y tanto desprecio por la responsabilidad.

El planeta y los pueblos necesitan menos grandilocuencia climática y más cambio político real: líderes que limpien los montes, gestionen con rigor, rindan cuentas y antepongan el servicio a la ciudadanía a su propia supervivencia.

Mientras eso no ocurra, los incendios seguirán siendo el síntoma visible de una enfermedad mucho más profunda: la degradación de la política.

Francisco Rubiales

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Miércoles, 29 de Julio 2026
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