No sabemos qué piensan o qué pretenden los que hoy dominan el mundo desde las sombras. Sus mentes son cloacas cerradas a cal y canto donde se gestan pactos demoníacos, alianzas que apestan a traición y planes que huelen a genocidio lento.
La palpitante actualidad de Venezuela está plagada de sombras: ¿Por qué han capturado a Maduro y dejado el poder en manos de sus cómplices? ¿Piensa Trump restablecer la democracia en Venezuela? ¿Por qué Trump confía más en la corrupta Delcy Rodríguez que en la demócrata María Corina Machado? ¿Qué va a pasar ahora? ¿Va a ser liberado el martirizado pueblos venezolano?
La información es confusa, la verdad está escondida, la mentira anda suelta y nadie sabe nada de nada.
Ignoramos quién se reúne con quién en yates blindados, en bunkers subterráneos o en salas sin ventanas. Desconocemos los nombres reales de los amos del mundo, esos que firman sus acuerdos con sangre ajena, cuyas estrategias se trazan sobre mapas de cadáveres, y sus risas retumban sobre campos de dolor y tristeza.
El mundo de hoy está podrido hasta el tuétano, devorado por una oscuridad que es una fuerza carnívora que protege al mal con uñas y dientes. Nunca, en ningún capítulo sangriento de la Historia, el mal había alcanzado esta hegemonía: se ha instalado en los palacios, en las bolsas, en las pantallas, en las camas de los poderosos, apestando a corrupción, a sangre derramada y a almas vendidas.
La oscuridad ya no se esconde; se pavonea, se ríe en nuestra cara mientras estrangula a pueblos enteros, viola derechos y convierte la esperanza en un cadáver que nadie se atreve a enterrar.
No sabemos qué será de la Unión Europea, desconocemos si Rusia piensa invadir otros países europeos, si China pretende adueñarse de Asia o si los tres gigantes de la Tierra (Estados Unidos, Rusia y China) han pactado repartirse el mundo.
En realidad no sabemos nada, ni siquiera por qué han desaparecido los viejos valores y cómo el liderazgo mundial ha caído en manos de tantos delincuentes y canallas corruptos.
Lo ocurrido en Venezuela es un claro ejemplo de tenebrismo político ¿Por qué han dejado en libertad, gobernando, a sus cómplices? ¿Hay pactos secretos en la operación? ¿Hubo cómplices en el régimen chavista que facilitaron el secuestro de Maduro? ¿Por qué los teóricos aliados del chavismo no han realizado movimiento alguno? ¿El objetivo oculto es apoderarse del petróleo venezolano?
Hay cientos de ejemplos que demuestran el dominio siniestro de lo oscuro.
En España, por ejemplo, desconocemos los planes de Pedro Sánchez, sus compromisos con sus aliados, sus pactos con potencias como Rusia y China, sus relaciones con Estados Unidos y si planea perpetuarse en el poder como un vulgar dictador o permitirá que se celebren unas elecciones en las que, con toda probabilidad, será derrotado.
Para no saber, ni siquiera sabemos qué planes tiene Dios, por qué permite que el mal y el sufrimiento avancen y se coman nuestro mundo y que nos espera en el más allá.
La oscuridad ha gangrenado todo el planeta. Ha corrompido a líderes, ha comprado a jueces, ha silenciado a periodistas con balas o con millones, ha vuelto idiota al pueblo con pan y circo digital. Nunca antes el mal tuvo tanto poder
El mundo actual se encuentra sumido en una oscuridad absoluta, una niebla espesa que actúa como la guarida del mal. Las fuerzas oscuras han tejido una red global que asfixia la verdad, la justicia y la libertad, convirtiendo al planeta en un tablero donde el bien es aplastado bajo la corrupción, la violencia y la manipulación.
Los poderosos del mundo operan en un velo de secreto impenetrable. Sus alianzas ocultas trascienden fronteras, ideologías y religiones aparentes, uniendo a tiranos, magnates y manipuladores en una conspiración que reduce a las naciones a meros peones.
Esta opacidad es el arma más letal del mal porque mientras el pueblo duerme en la ignorancia, los malvados avanzan hacia un control total que nadie osa cuestionar por miedo a ser devorado.
La oscuridad no solo es poderosa; es soberana. Ha infiltrado cada institución, cada medio, cada mente debilitada por el miedo y la desinformación. Nunca antes el mal contó con herramientas tan sofisticadas para vigilar, dividir y someter a miles de millones. Los verdaderos poderes que rigen el planeta no son los que aparecen en los titulares, sino aquellos que permanecen en el anonimato absoluto, riéndose de nuestra ingenuidad. Si la Historia nos enseñó algo, es que cuando la oscuridad alcanza este grado de supremacía, la caída de la civilización no es una posibilidad, sino una certeza.
Y nosotros, cegados, divididos, cobardes y ciegos, marchamos hacia el abismo lamiendo las botas que nos patean.
Francisco Rubiales
La palpitante actualidad de Venezuela está plagada de sombras: ¿Por qué han capturado a Maduro y dejado el poder en manos de sus cómplices? ¿Piensa Trump restablecer la democracia en Venezuela? ¿Por qué Trump confía más en la corrupta Delcy Rodríguez que en la demócrata María Corina Machado? ¿Qué va a pasar ahora? ¿Va a ser liberado el martirizado pueblos venezolano?
La información es confusa, la verdad está escondida, la mentira anda suelta y nadie sabe nada de nada.
Ignoramos quién se reúne con quién en yates blindados, en bunkers subterráneos o en salas sin ventanas. Desconocemos los nombres reales de los amos del mundo, esos que firman sus acuerdos con sangre ajena, cuyas estrategias se trazan sobre mapas de cadáveres, y sus risas retumban sobre campos de dolor y tristeza.
El mundo de hoy está podrido hasta el tuétano, devorado por una oscuridad que es una fuerza carnívora que protege al mal con uñas y dientes. Nunca, en ningún capítulo sangriento de la Historia, el mal había alcanzado esta hegemonía: se ha instalado en los palacios, en las bolsas, en las pantallas, en las camas de los poderosos, apestando a corrupción, a sangre derramada y a almas vendidas.
La oscuridad ya no se esconde; se pavonea, se ríe en nuestra cara mientras estrangula a pueblos enteros, viola derechos y convierte la esperanza en un cadáver que nadie se atreve a enterrar.
No sabemos qué será de la Unión Europea, desconocemos si Rusia piensa invadir otros países europeos, si China pretende adueñarse de Asia o si los tres gigantes de la Tierra (Estados Unidos, Rusia y China) han pactado repartirse el mundo.
En realidad no sabemos nada, ni siquiera por qué han desaparecido los viejos valores y cómo el liderazgo mundial ha caído en manos de tantos delincuentes y canallas corruptos.
Lo ocurrido en Venezuela es un claro ejemplo de tenebrismo político ¿Por qué han dejado en libertad, gobernando, a sus cómplices? ¿Hay pactos secretos en la operación? ¿Hubo cómplices en el régimen chavista que facilitaron el secuestro de Maduro? ¿Por qué los teóricos aliados del chavismo no han realizado movimiento alguno? ¿El objetivo oculto es apoderarse del petróleo venezolano?
Hay cientos de ejemplos que demuestran el dominio siniestro de lo oscuro.
En España, por ejemplo, desconocemos los planes de Pedro Sánchez, sus compromisos con sus aliados, sus pactos con potencias como Rusia y China, sus relaciones con Estados Unidos y si planea perpetuarse en el poder como un vulgar dictador o permitirá que se celebren unas elecciones en las que, con toda probabilidad, será derrotado.
Para no saber, ni siquiera sabemos qué planes tiene Dios, por qué permite que el mal y el sufrimiento avancen y se coman nuestro mundo y que nos espera en el más allá.
La oscuridad ha gangrenado todo el planeta. Ha corrompido a líderes, ha comprado a jueces, ha silenciado a periodistas con balas o con millones, ha vuelto idiota al pueblo con pan y circo digital. Nunca antes el mal tuvo tanto poder
El mundo actual se encuentra sumido en una oscuridad absoluta, una niebla espesa que actúa como la guarida del mal. Las fuerzas oscuras han tejido una red global que asfixia la verdad, la justicia y la libertad, convirtiendo al planeta en un tablero donde el bien es aplastado bajo la corrupción, la violencia y la manipulación.
Los poderosos del mundo operan en un velo de secreto impenetrable. Sus alianzas ocultas trascienden fronteras, ideologías y religiones aparentes, uniendo a tiranos, magnates y manipuladores en una conspiración que reduce a las naciones a meros peones.
Esta opacidad es el arma más letal del mal porque mientras el pueblo duerme en la ignorancia, los malvados avanzan hacia un control total que nadie osa cuestionar por miedo a ser devorado.
La oscuridad no solo es poderosa; es soberana. Ha infiltrado cada institución, cada medio, cada mente debilitada por el miedo y la desinformación. Nunca antes el mal contó con herramientas tan sofisticadas para vigilar, dividir y someter a miles de millones. Los verdaderos poderes que rigen el planeta no son los que aparecen en los titulares, sino aquellos que permanecen en el anonimato absoluto, riéndose de nuestra ingenuidad. Si la Historia nos enseñó algo, es que cuando la oscuridad alcanza este grado de supremacía, la caída de la civilización no es una posibilidad, sino una certeza.
Y nosotros, cegados, divididos, cobardes y ciegos, marchamos hacia el abismo lamiendo las botas que nos patean.
Francisco Rubiales