Pero el balance, a pesar de todo, es extraordinariamente positivo porque los españoles están teniendo la ocasión de contemplar otro mundo que el asqueroso que los políticos les proyectan a diario, pleno de odio, división, corrupción, insultos, mentiras y abuso de poder.
Frente al espectáculo degradante de la clase política, estas imágenes elevan el espíritu colectivo y recuerdan que el verdadero progreso no es el falso avance materialista y corrupto que se nos vende, sino un camino de sentido y trascendencia.
La presencia de políticos como Pedro Sánchez y su entorno, tradicionalmente hostiles a la religión católica y a la Iglesia, en recintos sagrados, escuchando las palabras del Pontífice, resulta conmovedora. Demuestra que, incluso en los corazones más endurecidos por el poder y la confrontación, tal vez exista la posibilidad de un cambio.
El catolicismo, con su mensaje de redención y moral sólida, puede ser el antídoto contra la podredumbre ética que ha invadido las instituciones españolas, infectadas por el poder Ejecutivo.
España necesita natalidad, meritocracia, apoyo a la familia, justicia, control migratorio inteligente, Estado de derecho fuerte y orgullo cultural sin culpa. El catolicismo puede ayudar a conseguir esa ansiada regeneración.
Ver a la juventud española respondiendo con entusiasmo a este llamamiento espiritual invita a pensar que no todo está perdido y que España aún conserva las raíces que la hicieron grande durante siglos.
El catolicismo puede ofrecer a España el marco moral y espiritual necesario para su regeneración. Se trata de limpiar lo público, que está podrido, y de recuperar una identidad que fomente la familia, la honestidad, el esfuerzo y el orgullo por lo propio.
Solo con una nación cohesionada, con fronteras sensatas y con un pueblo ilusionado en su futuro, será posible superar la decadencia actual.
La visita de León XIV ha sembrado semillas; ahora depende de los españoles regarlas con realismo y determinación.
Francisco Rubiales
Frente al espectáculo degradante de la clase política, estas imágenes elevan el espíritu colectivo y recuerdan que el verdadero progreso no es el falso avance materialista y corrupto que se nos vende, sino un camino de sentido y trascendencia.
La presencia de políticos como Pedro Sánchez y su entorno, tradicionalmente hostiles a la religión católica y a la Iglesia, en recintos sagrados, escuchando las palabras del Pontífice, resulta conmovedora. Demuestra que, incluso en los corazones más endurecidos por el poder y la confrontación, tal vez exista la posibilidad de un cambio.
El catolicismo, con su mensaje de redención y moral sólida, puede ser el antídoto contra la podredumbre ética que ha invadido las instituciones españolas, infectadas por el poder Ejecutivo.
España necesita natalidad, meritocracia, apoyo a la familia, justicia, control migratorio inteligente, Estado de derecho fuerte y orgullo cultural sin culpa. El catolicismo puede ayudar a conseguir esa ansiada regeneración.
Ver a la juventud española respondiendo con entusiasmo a este llamamiento espiritual invita a pensar que no todo está perdido y que España aún conserva las raíces que la hicieron grande durante siglos.
El catolicismo puede ofrecer a España el marco moral y espiritual necesario para su regeneración. Se trata de limpiar lo público, que está podrido, y de recuperar una identidad que fomente la familia, la honestidad, el esfuerzo y el orgullo por lo propio.
Solo con una nación cohesionada, con fronteras sensatas y con un pueblo ilusionado en su futuro, será posible superar la decadencia actual.
La visita de León XIV ha sembrado semillas; ahora depende de los españoles regarlas con realismo y determinación.
Francisco Rubiales