Información y Opinión

La religión de Jesucristo puede salvar a España



El papa conoce bien España. Sabe que es un país podrido y por eso habla constantemente de regeneración y cambio.

León XIV afirma con razón que no habrá regeneración política y cultural si no hay antes una regeneración espiritual.

Consciente de que los adultos de España han fracasado en su liderazgo, el papa apela a los jóvenes y les pide que cambien el rumbo y construyan un mundo diferente y mejor.

La visita del Papa León ha colocado a millones de españoles frente a una realidad distinta a la inmoral y crispada que imponen lo políticos, la de un mundo de concordia, diálogo y ética, basado en el mensaje de Jesucristo, que une en lugar de dividir, que abre las puertas a la regeneración y que convierte la vida en un avance hacia el verdadero progreso, no el falso y corrupto que impone la clase política.

Ver a cientos de miles de jóvenes, alegres, sanos e ilusionados, en torno al papa enaltece y llena al país de esperanza. Ver a políticos corruptos y crispadores como Pedro Sánchez y su banda, sentados, escuchando las palabras del papa, conmueve y permite pensar que no todo está perdido y que Dios pueda cambiar los corazones podridos de esa gente pendenciera y retorcida.

Es cierto que el papa también trae consigo carencias y mensajes inquietantes, como el de abrir todavía más las puertas a la inmigración y el "diálogo" con el Islam, dos consejos polémicos que millones de españoles rechazan porque el país ya está demasiado lleno de invasores sin filtrar y porque dialogar con el Islam es como hacerlo con una cobra real.

Pero lo más inquietante quizás sea que la visita beneficia y blanquea a Pedro Sánchez, un político que está con su imagen por los suelos, despreciado por su pueblo y con medio pie en los tribunales por sospechas de corrupción y abuso de poder.
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Pero el balance, a pesar de todo, es extraordinariamente positivo porque los españoles están teniendo la ocasión de contemplar otro mundo que el asqueroso que los políticos les proyectan a diario, pleno de odio, división, corrupción, insultos, mentiras y abuso de poder.

Frente al espectáculo degradante de la clase política, estas imágenes elevan el espíritu colectivo y recuerdan que el verdadero progreso no es el falso avance materialista y corrupto que se nos vende, sino un camino de sentido y trascendencia.

La presencia de políticos como Pedro Sánchez y su entorno, tradicionalmente hostiles a la religión católica y a la Iglesia, en recintos sagrados, escuchando las palabras del Pontífice, resulta conmovedora. Demuestra que, incluso en los corazones más endurecidos por el poder y la confrontación, tal vez exista la posibilidad de un cambio.

El catolicismo, con su mensaje de redención y moral sólida, puede ser el antídoto contra la podredumbre ética que ha invadido las instituciones españolas, infectadas por el poder Ejecutivo.

España necesita natalidad, meritocracia, apoyo a la familia, justicia, control migratorio inteligente, Estado de derecho fuerte y orgullo cultural sin culpa. El catolicismo puede ayudar a conseguir esa ansiada regeneración.

Ver a la juventud española respondiendo con entusiasmo a este llamamiento espiritual invita a pensar que no todo está perdido y que España aún conserva las raíces que la hicieron grande durante siglos.

El catolicismo puede ofrecer a España el marco moral y espiritual necesario para su regeneración. Se trata de limpiar lo público, que está podrido, y de recuperar una identidad que fomente la familia, la honestidad, el esfuerzo y el orgullo por lo propio.

Solo con una nación cohesionada, con fronteras sensatas y con un pueblo ilusionado en su futuro, será posible superar la decadencia actual.

La visita de León XIV ha sembrado semillas; ahora depende de los españoles regarlas con realismo y determinación.

Francisco Rubiales

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Lunes, 8 de Junio 2026
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