Información y Opinión

La podredumbre del socialismo español



Aunque parezca increíble, el pueblo español soporta todas las agresiones y bajezas de Pedro Sánchez sin rebelarse, sin que el partido que lo sostiene, el PSOE, desaparezca.

Después del decreto que legaliza a más de medio millón de inmigrantes ilegales, todo un drama para España y Europa, todavía hay millones de españoles tozudos que votan socialista.

Por lo menos Felipe González y con él la vieja guardia del socialismo español no votarán al corrupto de la Moncloa.

En el mundo se piensa que los españoles son, probablemente, el pueblo más cobarde de Europa y también el que más opresión soporta sin rebelarse en su falsa democracia gobernada por Sánchez, pero pocos saben que los españoles somos también el pueblo más desilusionado y estafado del planeta por sus políticos.

Los expertos calculan que casi la mitad de los que han votado a Pedro Sánchez y le han llevado hasta la presidencia del gobierno lo han hecho con la nariz tapada, sintiendo asco al depositar el voto y únicamente porque con ese voto desilusionado quieren evitar que gobierne la derecha. Pero lo peor es que esa tendencia a seguir votando con la nariz tapada, una verdadera desgracia para el pueblo que la padece, aumenta cada día más, a medida que la corrupción se agranda y se convierte en un monstruo apestoso que tiene sojuzgada a la nación.

Los discursos triunfalistas y edulcorados de Sánchez, ajenos a la realidad, sin autocrítica alguna, sin mencionar siquiera la palabra corrupción, sin pedir perdón, sin propósito de enmienda y sin promesa alguna de cambio profundo, junto con las mentiras reiteradas y el deterioro profundo del país bajo el socialismo, son un chantaje a la ciudadanía española, que tiene derecho a esa limpieza y democracia que los partidos le niegan y que, decepcionada, es obligada a votar al partido que considera menos malo, sin ilusión ni esperanza, odiando cada día más a los políticos e incrementando la frustración y la desesperanza ante unos partidos que apestan.

La bajeza de la clase política y, sobre todo, del gobierno socialista, está deteriorando, incluso, el aprecio a la democracia. Cada día hay más españoles que quieren un líder limpio y eficaz en el poder, incluso si fuera un autócrata ajeno a las urnas.
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El PSOE se hunde, envuelto en sus propios detritus corruptos, pero a pesar de que la lógica dice que debería estar al borde de la desaparición, apenas desciende el número de los que están dispuestos a votarles en las próximas elecciones.

En Aragón acaba de perder cinco escaños, pero, de manera incomprensible, se mantiene como segunda fuerza.

El PSOE afirma que la corrupción no es cosa de partidos, sino de personas, pero cuando un partido acoge, ampara, protege y promociona a corruptos y cuando llena los tribunales de justicia de dirigentes señalados como delincuentes, es porque ese partido se ha transformado en una organización de malhechores.

Los Ábalos, Koldo, Paco Salazar, Santos Cerdán y otras decenas de dirigentes con un pie en la cárcel, incluyendo a la esposa y al hermano del presidente del Gobierno, son realidades que demuestran la intensa podredumbre socialista.

La situación política de España es angustiosa. La corrupción parece indetenible y los políticos no muestran voluntad alguna de regeneración. Los partidos, incapaces de ilusionar a sus votantes, recurren con éxito al miedo para cosechar votos, hasta el punto de que millones de españoles ya votan a un partido que les produce rechazo e, incluso, asco, pero al que apoyan para evitar que otros partidos, todavía más rechazados, alcancen el poder.

Los candidatos de los diferentes partidos no pronuncian la palabra "regeneración", sino la de "victoria", pero todos ocultan sus miserias, la decepción de sus votantes, muchos de los cuales huyen hacia partidos nuevos como VOX o hacia la abstención decepcionada.

La situación no puede ser más degradada y dramática. Esos políticos españoles incapaces de ganarse la confianza de los ciudadanos, sin capacidad de ilusionar y montados sobre el carro del miedo carecen de la legitimidad mínima necesaria para gobernar una democracia.

Es penoso contemplar las intervenciones de los políticos españoles, de derechas y de izquierdas. Todos ocultan sus abundantes miserias y déficits y son incapaces de despertar ilusión, entusiasmo y confianza. Su grandes recursos dialécticos son la división, el miedo y el odio al adversario. Sánchez explota el miedo a la derecha y estigmatiza a VOX, que es el partido que más crece y al que apoyan masivamente los españoles decepcionados e indignados.

Sus mensajes predilectos son los que estimulan la división, la envidia y el odio, sobre todo a los ricos, ocultando que nadie es más rico en la España de hoy que los políticos, sobre todo los de izquierda, cuyos sueldos, pensiones, privilegios, dietas, coches oficiales y poder superan con mucho los privilegios y ventajas que tenían los caciques en el Franquismo y la nobleza y el clero en tiempos del absolutismo.

Francisco Rubiales

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Miércoles, 11 de Febrero 2026
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