El PSOE se hunde, envuelto en sus propios detritus corruptos, pero a pesar de que la lógica dice que debería estar al borde de la desaparición, apenas desciende el número de los que están dispuestos a votarles en las próximas elecciones.
En Aragón acaba de perder cinco escaños, pero, de manera incomprensible, se mantiene como segunda fuerza.
El PSOE afirma que la corrupción no es cosa de partidos, sino de personas, pero cuando un partido acoge, ampara, protege y promociona a corruptos y cuando llena los tribunales de justicia de dirigentes señalados como delincuentes, es porque ese partido se ha transformado en una organización de malhechores.
Los Ábalos, Koldo, Paco Salazar, Santos Cerdán y otras decenas de dirigentes con un pie en la cárcel, incluyendo a la esposa y al hermano del presidente del Gobierno, son realidades que demuestran la intensa podredumbre socialista.
La situación política de España es angustiosa. La corrupción parece indetenible y los políticos no muestran voluntad alguna de regeneración. Los partidos, incapaces de ilusionar a sus votantes, recurren con éxito al miedo para cosechar votos, hasta el punto de que millones de españoles ya votan a un partido que les produce rechazo e, incluso, asco, pero al que apoyan para evitar que otros partidos, todavía más rechazados, alcancen el poder.
Los candidatos de los diferentes partidos no pronuncian la palabra "regeneración", sino la de "victoria", pero todos ocultan sus miserias, la decepción de sus votantes, muchos de los cuales huyen hacia partidos nuevos como VOX o hacia la abstención decepcionada.
La situación no puede ser más degradada y dramática. Esos políticos españoles incapaces de ganarse la confianza de los ciudadanos, sin capacidad de ilusionar y montados sobre el carro del miedo carecen de la legitimidad mínima necesaria para gobernar una democracia.
Es penoso contemplar las intervenciones de los políticos españoles, de derechas y de izquierdas. Todos ocultan sus abundantes miserias y déficits y son incapaces de despertar ilusión, entusiasmo y confianza. Su grandes recursos dialécticos son la división, el miedo y el odio al adversario. Sánchez explota el miedo a la derecha y estigmatiza a VOX, que es el partido que más crece y al que apoyan masivamente los españoles decepcionados e indignados.
Sus mensajes predilectos son los que estimulan la división, la envidia y el odio, sobre todo a los ricos, ocultando que nadie es más rico en la España de hoy que los políticos, sobre todo los de izquierda, cuyos sueldos, pensiones, privilegios, dietas, coches oficiales y poder superan con mucho los privilegios y ventajas que tenían los caciques en el Franquismo y la nobleza y el clero en tiempos del absolutismo.
Francisco Rubiales
En Aragón acaba de perder cinco escaños, pero, de manera incomprensible, se mantiene como segunda fuerza.
El PSOE afirma que la corrupción no es cosa de partidos, sino de personas, pero cuando un partido acoge, ampara, protege y promociona a corruptos y cuando llena los tribunales de justicia de dirigentes señalados como delincuentes, es porque ese partido se ha transformado en una organización de malhechores.
Los Ábalos, Koldo, Paco Salazar, Santos Cerdán y otras decenas de dirigentes con un pie en la cárcel, incluyendo a la esposa y al hermano del presidente del Gobierno, son realidades que demuestran la intensa podredumbre socialista.
La situación política de España es angustiosa. La corrupción parece indetenible y los políticos no muestran voluntad alguna de regeneración. Los partidos, incapaces de ilusionar a sus votantes, recurren con éxito al miedo para cosechar votos, hasta el punto de que millones de españoles ya votan a un partido que les produce rechazo e, incluso, asco, pero al que apoyan para evitar que otros partidos, todavía más rechazados, alcancen el poder.
Los candidatos de los diferentes partidos no pronuncian la palabra "regeneración", sino la de "victoria", pero todos ocultan sus miserias, la decepción de sus votantes, muchos de los cuales huyen hacia partidos nuevos como VOX o hacia la abstención decepcionada.
La situación no puede ser más degradada y dramática. Esos políticos españoles incapaces de ganarse la confianza de los ciudadanos, sin capacidad de ilusionar y montados sobre el carro del miedo carecen de la legitimidad mínima necesaria para gobernar una democracia.
Es penoso contemplar las intervenciones de los políticos españoles, de derechas y de izquierdas. Todos ocultan sus abundantes miserias y déficits y son incapaces de despertar ilusión, entusiasmo y confianza. Su grandes recursos dialécticos son la división, el miedo y el odio al adversario. Sánchez explota el miedo a la derecha y estigmatiza a VOX, que es el partido que más crece y al que apoyan masivamente los españoles decepcionados e indignados.
Sus mensajes predilectos son los que estimulan la división, la envidia y el odio, sobre todo a los ricos, ocultando que nadie es más rico en la España de hoy que los políticos, sobre todo los de izquierda, cuyos sueldos, pensiones, privilegios, dietas, coches oficiales y poder superan con mucho los privilegios y ventajas que tenían los caciques en el Franquismo y la nobleza y el clero en tiempos del absolutismo.
Francisco Rubiales