Fidel y Hugo Chávez, dos amigos y socios en la revolución
La pérdida de Venezuela representaría un golpe financiero devastador para la izquierda mundial, que durante décadas se benefició de los vastos recursos petroleros y minerales del país.
Bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Venezuela utilizó sus ingresos por exportaciones de petróleo no para enriquecer a su pueblo, acosado por la pobreza y la represión, sino para subsidiar movimientos y regímenes aliados, sobre todo a naciones como Cuba, Nicaragua, Irán y otras dominadas por tiranos rojos.
Cuba, en particular, recibió miles de millones de dólares en petróleo a cambio de servicios médicos, de inteligencia y grupos militares de élite, lo que sostuvo su desastrosa economía socialista.
Sin esta fuente de financiamiento, de decenas de miles de millones de dólares, países como Cuba y Nicaragua habrían colapsado y la izquierda mundial sería mucho más débil y frágil.
Ideológicamente, la caída del régimen chavista significaría la erosión de un símbolo clave del socialismo del siglo XXI, que inspiró movimientos izquierdistas globales como un bastión contra el imperialismo estadounidense. Venezuela no solo exportaba petróleo, sino también socialismo y tiranía.
La ruina del chavismo podría provocar no sólo la caída de Cuba y Nicaragua, sino acelerar también el giro conservador que ya experimenta el mundo, debilitando la cohesión ideológica y dejando a la izquierda sin un faro de resistencia antiimperialista.
Geopolíticamente, la ausencia de Venezuela como financiador debilitaría la influencia de la izquierda en foros internacionales y alianzas estratégicas, exponiendo a sus aliados a mayor aislamiento. Países como Rusia, China e Irán, que invirtieron en Venezuela a cambio de acceso a recursos minerales y petróleo, perderían un socio clave, con China enfrentando la posible pérdida de hasta 19 mil millones de dólares en préstamos respaldados por petróleo.
Incluso España, cuyo partido socialista está siendo investigado por posibles negocios sucios con Venezuela y financiación ilegal procedente de ese país caribeño, sufriría con dureza el fin del chavismo.
La intervención estadounidense, que busca reestructurar la industria petrolera y excluir influencias externas, podría precipitar también inestabilidad en vecinos como Colombia y Brasil, mientras la izquierda global pierde un eje para contrarrestar la hegemonía de Washington.
Sin la menor duda, el hundimiento del chavismo reconfiguraría el equilibrio de poder en América Latina y debilitaría seriamente el socialismo y la izquierda en todo el planeta, además de fortalecer a Estados Unidos y a sus aliados.
Francisco Rubiales
Bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Venezuela utilizó sus ingresos por exportaciones de petróleo no para enriquecer a su pueblo, acosado por la pobreza y la represión, sino para subsidiar movimientos y regímenes aliados, sobre todo a naciones como Cuba, Nicaragua, Irán y otras dominadas por tiranos rojos.
Cuba, en particular, recibió miles de millones de dólares en petróleo a cambio de servicios médicos, de inteligencia y grupos militares de élite, lo que sostuvo su desastrosa economía socialista.
Sin esta fuente de financiamiento, de decenas de miles de millones de dólares, países como Cuba y Nicaragua habrían colapsado y la izquierda mundial sería mucho más débil y frágil.
Ideológicamente, la caída del régimen chavista significaría la erosión de un símbolo clave del socialismo del siglo XXI, que inspiró movimientos izquierdistas globales como un bastión contra el imperialismo estadounidense. Venezuela no solo exportaba petróleo, sino también socialismo y tiranía.
La ruina del chavismo podría provocar no sólo la caída de Cuba y Nicaragua, sino acelerar también el giro conservador que ya experimenta el mundo, debilitando la cohesión ideológica y dejando a la izquierda sin un faro de resistencia antiimperialista.
Geopolíticamente, la ausencia de Venezuela como financiador debilitaría la influencia de la izquierda en foros internacionales y alianzas estratégicas, exponiendo a sus aliados a mayor aislamiento. Países como Rusia, China e Irán, que invirtieron en Venezuela a cambio de acceso a recursos minerales y petróleo, perderían un socio clave, con China enfrentando la posible pérdida de hasta 19 mil millones de dólares en préstamos respaldados por petróleo.
Incluso España, cuyo partido socialista está siendo investigado por posibles negocios sucios con Venezuela y financiación ilegal procedente de ese país caribeño, sufriría con dureza el fin del chavismo.
La intervención estadounidense, que busca reestructurar la industria petrolera y excluir influencias externas, podría precipitar también inestabilidad en vecinos como Colombia y Brasil, mientras la izquierda global pierde un eje para contrarrestar la hegemonía de Washington.
Sin la menor duda, el hundimiento del chavismo reconfiguraría el equilibrio de poder en América Latina y debilitaría seriamente el socialismo y la izquierda en todo el planeta, además de fortalecer a Estados Unidos y a sus aliados.
Francisco Rubiales