Información y Opinión

La matanza de cristianos, la cobardía imperdonable de la Iglesia Católica y la corrupción de su jerarquía



En Nigeria, el país más poblado de África, se está produciendo una de las peores persecuciones religiosas contra los cristianos en muchas décadas, ante la cual la jerarquía católica demuestra una cobardía desesperante y una tibieza despreciable.

Según informes recientes de Open Doors (Lista Mundial de la Persecución 2026) y la organización nigeriana InterSociety, solo entre octubre de 2024 y septiembre de 2025 fueron asesinados 4.849 cristianos por su fe en todo el mundo, de los cuales 3.490 —es decir, más del 72%— lo fueron en Nigeria.

En los primeros 96 días de 2026 ya se registraron 1.402 muertes y 1.800 secuestros de cristianos, cifras que se dispararon tras la Pascua. Grupos yihadistas como Boko Haram, ISWAP y milicianos fulani arrasan aldeas enteras, queman iglesias, secuestran sacerdotes y masacran familias enteras en estados como Plateau, Benue y Kaduna.
---



No se trata de conflictos aislados; es una campaña sistemática contra comunidades cristianas, que representan casi la mitad de la población nigeriana.

Y los asesinatos no se producen sólo en Nigeria. En Burkina Faso, República Democrática del Congo, Pakistán, India y Siria, miles de cristianos sufren violencia letal, secuestros y discriminación extrema.

Más de 388 millones de fieles viven hoy bajo niveles altos o extremos de persecución. Es una crisis global que clama al cielo, pero ante la cual la respuesta de la Iglesia Católica y de su máximo líder ha sido tibia, protocolaria y, en el fondo, cobarde.

El papa León XIV ha lamentado en alguna ocasión los ataques y ha recibido a obispos nigerianos, pero sus palabras se han limitado a oraciones genéricas, expresiones de “tristeza” y llamamientos abstractos a la paz, sin la denuncia profética, contundente y pública que exigiría la gravedad del crimen.

No ha calificado estos hechos como lo que son: una persecución sistemática rayana en el genocidio. No ha exigido al Gobierno nigeriano ni a la comunidad internacional medidas concretas, ni ha convocado a la Iglesia universal a una jornada de oración y acción masiva.

Mientras el Papa alza la voz con fuerza sobre migración, cambio climático o cuestiones sociales del primer mundo, el silencio relativo ante la sangre de sus hermanos en África y Asia resulta escandaloso. Esa cobardía institucional traiciona el mandato evangélico de defender a los más débiles y denuncia la hipocresía de una Iglesia que prefiere no incomodar a gobiernos o perder influencia diplomática.

Peor aún es la corrupción moral y material que pudre la jerarquía católica. Mientras miles de cristianos nigerianos son degollados, quemados vivos o expulsados de sus tierras, obispos y cardenales de todo el mundo viven en palacetes, residencias de lujo y apartamentos de cientos de metros cuadrados, pagados con las ofrendas de los fieles.

La indiferencia cobarde frente a los asesinatos de cristianos no es el único drama de la jerarquía católica actual. También es indiferente y no denuncia la agresión que representan las invasiones masivas de inmigrantes sin control, el serio deterioro de la cultura europea ante las invasión masiva de musulmanes con espíritu de conquista y el sufrimiento de muchos pueblos sometidos a la tiranía e infectados por la corrupción de sus gobiernos.

El escándalo de los fondos vaticanos desviados a propiedades millonarias en Londres, los penthouses de cardenales como el exsecretario de Estado Bertone o las mansiones de prelados en Roma y en otras diócesis ricas son solo la punta del iceberg.

La Curia y buena parte del episcopado mundial se han convertido en una clase dirigente alejada del pueblo, más preocupada por sus privilegios, sus limusinas y sus cuentas bancarias que por el sufrimiento real de sus ovejas. ¿Cómo pueden predicar la pobreza evangélica desde residencias que avergonzarían a cualquier multimillonario?

Los cristianos perseguidos no piden limosna: exigen que sus pastores hablen con la misma fuerza con la que Cristo denunció a los escribas y fariseos.

Si la Iglesia no se pone del lado de los crucificados de Nigeria, ¿qué queda de su mensaje? La sangre de los mártires clama justicia, y el mundo observa con incredulidad cómo quienes deberían ser su voz prefieren el mutismo y el confort.

Francisco Rubiales

- -
Sábado, 2 de Mayo 2026
Artículo leído 207 veces

También en esta sección: