Estos profesionales comprados por el sanchismo han renunciado a la ética periodística para convertirse en escuderos de un poder que premia la obediencia y castiga la independencia. Su labor no consiste en informar, sino en blindar al régimen, blanquear sus escándalos y atacar sin piedad a cualquiera que ose cuestionarlo.
Son "perros del poder", la vanguardia de un sistema mediático que ha hecho del servilismo una forma de prosperar y enriquecerse.
En el libro "Periodistas Sometidos, los perros del poder" hay otra frase que aclara el papel del periodista en las democracias: "La democracia es el único sistema que ha conseguido encerrar a los grandes poderes, sobre todo al insaciable poder del Estado, en una jaula con siete cerrojos. La prensa libre es el séptimo sello que cierra esa jaula".
Lejos de ser meros opinadores, los lacayos de Sánchez se han erigido en auténticos enemigos de la verdad, la democracia y España. Manipulan datos, silencian hechos incómodos, difunden narrativas prefabricadas y persiguen con saña a la disidencia.
Su objetivo no es buscar la realidad, sino construir una realidad paralela donde el sanchismo siempre tiene razón y sus adversarios son siempre el mal absoluto.
Han degradado la profesión hasta convertirla en un instrumento de control social, erosionando la confianza ciudadana en cualquier información que no pase por sus filtros ideológicos.
Sin periodismo libre no hay democracia posible. Esa es una verdad histórica irrefutable. El periodismo esclavo, en cambio, ha sido siempre una de las columnas básicas de las tiranías.
Cuando los medios se arrodillan ante el poder político y económico, la sociedad queda desarmada ante el abuso. Los ciudadanos pierden la capacidad de conocer los hechos, de fiscalizar a sus gobernantes y de tomar decisiones informadas.
En España, este periodismo de corte palaciego no solo protege al sanchismo: lo sostiene, lo legitima y lo perpetúa. Es el oxígeno que permite que un proyecto autoritario avance bajo la apariencia de normalidad democrática.
Quienes han elegido este camino de servidumbre deberían mirarse al espejo y recordar su responsabilidad histórica. El periodismo no es un oficio para mercenarios de la pluma ni para activistas disfrazados de informadores. Es un pilar esencial de cualquier sociedad libre.
Mientras estos lacayos sigan cobrando por mentir y callar, España seguirá padeciendo una democracia degradada, donde la verdad es lo primero que se sacrifica en el altar del poder.
La regeneración del periodismo es una urgencia nacional si queremos recuperar una España soberana.
Francisco Rubiales
Son "perros del poder", la vanguardia de un sistema mediático que ha hecho del servilismo una forma de prosperar y enriquecerse.
En el libro "Periodistas Sometidos, los perros del poder" hay otra frase que aclara el papel del periodista en las democracias: "La democracia es el único sistema que ha conseguido encerrar a los grandes poderes, sobre todo al insaciable poder del Estado, en una jaula con siete cerrojos. La prensa libre es el séptimo sello que cierra esa jaula".
Lejos de ser meros opinadores, los lacayos de Sánchez se han erigido en auténticos enemigos de la verdad, la democracia y España. Manipulan datos, silencian hechos incómodos, difunden narrativas prefabricadas y persiguen con saña a la disidencia.
Su objetivo no es buscar la realidad, sino construir una realidad paralela donde el sanchismo siempre tiene razón y sus adversarios son siempre el mal absoluto.
Han degradado la profesión hasta convertirla en un instrumento de control social, erosionando la confianza ciudadana en cualquier información que no pase por sus filtros ideológicos.
Sin periodismo libre no hay democracia posible. Esa es una verdad histórica irrefutable. El periodismo esclavo, en cambio, ha sido siempre una de las columnas básicas de las tiranías.
Cuando los medios se arrodillan ante el poder político y económico, la sociedad queda desarmada ante el abuso. Los ciudadanos pierden la capacidad de conocer los hechos, de fiscalizar a sus gobernantes y de tomar decisiones informadas.
En España, este periodismo de corte palaciego no solo protege al sanchismo: lo sostiene, lo legitima y lo perpetúa. Es el oxígeno que permite que un proyecto autoritario avance bajo la apariencia de normalidad democrática.
Quienes han elegido este camino de servidumbre deberían mirarse al espejo y recordar su responsabilidad histórica. El periodismo no es un oficio para mercenarios de la pluma ni para activistas disfrazados de informadores. Es un pilar esencial de cualquier sociedad libre.
Mientras estos lacayos sigan cobrando por mentir y callar, España seguirá padeciendo una democracia degradada, donde la verdad es lo primero que se sacrifica en el altar del poder.
La regeneración del periodismo es una urgencia nacional si queremos recuperar una España soberana.
Francisco Rubiales