Se celebra hoy una trascendental "Cumbre ártica" en la Casa Blanca, donde daneses y groenlandeses testarán los verdaderos planes de Trump para apoderarse de la isla.
A pesar de las bravuconadas y amenazas, todos saben que una invasión militar sería dramática y que existen otras vías para satisfacer las necesidades militares y geoestratégicas de Washington.
De hecho, desde el acuerdo de defensa de 1951 —actualizado en 2004 y en años recientes—, Washington ya dispone de amplios derechos para construir, operar y expandir instalaciones militares en toda la isla, incluida la base de Pituffik (Thule), sin necesidad de soberanía formal.
Dinamarca ha mostrado disposición a negociar una mayor presencia estadounidense en el marco de la OTAN, e incluso ha incrementado su propio gasto en defensa ártica para responder a las presiones actuales. La opción realista y menos dañina pasa por profundizar esa cooperación bilateral con respeto a la autonomía groenlandesa, en lugar de recurrir a amenazas de compra forzada o intervención militar, que solo erosionan la credibilidad de Estados Unidos, tensionan la alianza atlántica y regalan argumentos propagandísticos a Rusia y China en la región.
La verdadera seguridad ártica se construye con aliados, no pisoteándolos.
Las razones estratégicas y militares pesan más que las riquezas de las tierras de Groenlandia. El cielo tiene hoy en Groenlandia más valor que el subsuelo.
Moscú basa casi todos sus activos militares estratégicos en la península de Kola, junto a Finlandia. Allí están los principales silos rusos ICBM, bases de submarinos y de sus bombarderos estratégicos.
La trayectoria óptima de vuelo de los vectores, desde Kola y China a cualquier lugar de Estados Unidos, siempre pasa por Groenlandia, el escenario principal de cualquier intercambio militar estratégico entre Washington, Pekín y Moscú.
Si Estados Unidos quiere interceptar un misil balístico, el mejor punto para hacerlo es en el apogeo, en la parte superior de la trayectoria de vuelo, justo sobre el cielo de Groenlandia.
Otro factor a tener en cuenta es que el paso marítimo del norte, a través del ártico, se está abriendo y pronto los submarinos y barcos de carga rusos y chinos navegarán por el Atlántico, hacia Europa y Estados Unidos, a través del Ártico. Es una ruta más rápida que la de Suez y los barcos no tendrán que limitar su calado y tonelaje, como ocurre en Suez.
La costa noreste de Groenlandia sirve para controlar ese tráfico, un elemento de seguridad crítico para Estados Unidos y la OTAN.
Quien de verdad anhela Groenlandia no es la Casa Blanca, sino el Pentágono.
Francisco Rubiales
A pesar de las bravuconadas y amenazas, todos saben que una invasión militar sería dramática y que existen otras vías para satisfacer las necesidades militares y geoestratégicas de Washington.
De hecho, desde el acuerdo de defensa de 1951 —actualizado en 2004 y en años recientes—, Washington ya dispone de amplios derechos para construir, operar y expandir instalaciones militares en toda la isla, incluida la base de Pituffik (Thule), sin necesidad de soberanía formal.
Dinamarca ha mostrado disposición a negociar una mayor presencia estadounidense en el marco de la OTAN, e incluso ha incrementado su propio gasto en defensa ártica para responder a las presiones actuales. La opción realista y menos dañina pasa por profundizar esa cooperación bilateral con respeto a la autonomía groenlandesa, en lugar de recurrir a amenazas de compra forzada o intervención militar, que solo erosionan la credibilidad de Estados Unidos, tensionan la alianza atlántica y regalan argumentos propagandísticos a Rusia y China en la región.
La verdadera seguridad ártica se construye con aliados, no pisoteándolos.
Las razones estratégicas y militares pesan más que las riquezas de las tierras de Groenlandia. El cielo tiene hoy en Groenlandia más valor que el subsuelo.
Moscú basa casi todos sus activos militares estratégicos en la península de Kola, junto a Finlandia. Allí están los principales silos rusos ICBM, bases de submarinos y de sus bombarderos estratégicos.
La trayectoria óptima de vuelo de los vectores, desde Kola y China a cualquier lugar de Estados Unidos, siempre pasa por Groenlandia, el escenario principal de cualquier intercambio militar estratégico entre Washington, Pekín y Moscú.
Si Estados Unidos quiere interceptar un misil balístico, el mejor punto para hacerlo es en el apogeo, en la parte superior de la trayectoria de vuelo, justo sobre el cielo de Groenlandia.
Otro factor a tener en cuenta es que el paso marítimo del norte, a través del ártico, se está abriendo y pronto los submarinos y barcos de carga rusos y chinos navegarán por el Atlántico, hacia Europa y Estados Unidos, a través del Ártico. Es una ruta más rápida que la de Suez y los barcos no tendrán que limitar su calado y tonelaje, como ocurre en Suez.
La costa noreste de Groenlandia sirve para controlar ese tráfico, un elemento de seguridad crítico para Estados Unidos y la OTAN.
Quien de verdad anhela Groenlandia no es la Casa Blanca, sino el Pentágono.
Francisco Rubiales