Si solo fuera un pésimo gobernante, el drama se solucionaría sustituyéndolo, pero Pedro Sánchez es también un “gafe” mortífero que ha atraído todo tipo de desgracias para España.
Las redes sociales están plagadas de acusaciones que señalan a Pedro Sánchez como un ser que, además de mal gobernante, es gafe, una especie de pararrayos que atrae las peores desgracias hasta España, el país del mundo que más ha sufrido con la pandemia del COVID y el que ocupa puestos de liderazgo en casi todas las desgracias: inflación, decadencia, despilfarro, deuda, trata de blancas, fracaso escolar, drogas, dinero negro, impuestos abusivos, precios altos de los combustibles y un largo y estremecedor etcétera.
Cuando hace campaña pierde votos, está condenando al socialismo a la desaparición, pierde todas las elecciones, acaban de humillarlo los electores de Aragón, el pueblo le abuchea en las calles y el gafe se mueve rodeado de guardaespaldas, enemistad con Estados Unidos, Israel, Argentina y otros pueblos y naciones, crisis continuas con Marruecos, ruptura con Argelia, abandono de los saharauis, la terrible Filomena, repuntes de la pandemia, guerra en Ucrania, inflación, inseguridad en las ciudades y hasta una peligrosa escasez de trabajadores dispuestos a ocupar plazas en la hostelería y la agricultura, dos sectores claves para la economía española.
Desde que Pedro Sánchez llegó al poder, en 2018, España parece haberse convertido en el escenario predilecto de catástrofes que desafían cualquier explicación racional.
La pandemia de COVID-19 golpeó con especial virulencia: España registró uno de los peores impactos mundiales en términos de mortalidad per cápita, con decenas de miles de fallecidos y un sistema sanitario al borde del colapso.
Poco después llegó la borrasca Filomena en enero de 2021, la nevada más histórica del siglo, que paralizó Madrid y medio país bajo metros de nieve en zonas donde apenas nevaba. Ese mismo año, la erupción del volcán Cumbre Vieja en La Palma sepultó miles de hogares bajo lava durante tres meses, dejando a miles de personas evacuadas y una isla herida de gravedad. A esto se sumó el brote de viruela del mono en 2022, que convirtió a España en uno de los focos europeos más graves de una enfermedad rara.
Pero la maldición no se detiene ahí: en octubre de 2024, la DANA de Valencia se llevó por delante 230 vidas en inundaciones apocalípticas, arrasando pueblos enteros y dejando un rastro de destrucción económica y humana sin precedentes en décadas. Los incendios forestales de 2025 batieron récords, con cientos de miles de hectáreas devoradas por las llamas en un verano de fuego que superó con creces los peores años del siglo.
A todo ello se añaden descarrilamientos de trenes mortales, apagones masivos que afectaron a millones, plagas inesperadas como la de chinches en aeropuertos y un rosario de accidentes y crisis que parecen cebarse con el país.
Coincidencias imposibles, una tras otra, bajo el mismo mandato. No es solo mala suerte; es como si la presencia de Sánchez atrajera las peores desgracias, convirtiendo cada año en una prueba de supervivencia para los españoles. Si esto no es una maldición en toda regla, ¿qué es? Sus enemigos hablan de "La maldición del sanchismo".
El país necesita sacudirse esta sombra cuanto antes, porque la lista de desgracias no para de crecer y el agotamiento colectivo ya es insoportable.
Tantas desgracias juntas son metafísicamente imposibles, salvo que un peligroso gafe ande por medio.
Francisco Rubiales
Las redes sociales están plagadas de acusaciones que señalan a Pedro Sánchez como un ser que, además de mal gobernante, es gafe, una especie de pararrayos que atrae las peores desgracias hasta España, el país del mundo que más ha sufrido con la pandemia del COVID y el que ocupa puestos de liderazgo en casi todas las desgracias: inflación, decadencia, despilfarro, deuda, trata de blancas, fracaso escolar, drogas, dinero negro, impuestos abusivos, precios altos de los combustibles y un largo y estremecedor etcétera.
Cuando hace campaña pierde votos, está condenando al socialismo a la desaparición, pierde todas las elecciones, acaban de humillarlo los electores de Aragón, el pueblo le abuchea en las calles y el gafe se mueve rodeado de guardaespaldas, enemistad con Estados Unidos, Israel, Argentina y otros pueblos y naciones, crisis continuas con Marruecos, ruptura con Argelia, abandono de los saharauis, la terrible Filomena, repuntes de la pandemia, guerra en Ucrania, inflación, inseguridad en las ciudades y hasta una peligrosa escasez de trabajadores dispuestos a ocupar plazas en la hostelería y la agricultura, dos sectores claves para la economía española.
Desde que Pedro Sánchez llegó al poder, en 2018, España parece haberse convertido en el escenario predilecto de catástrofes que desafían cualquier explicación racional.
La pandemia de COVID-19 golpeó con especial virulencia: España registró uno de los peores impactos mundiales en términos de mortalidad per cápita, con decenas de miles de fallecidos y un sistema sanitario al borde del colapso.
Poco después llegó la borrasca Filomena en enero de 2021, la nevada más histórica del siglo, que paralizó Madrid y medio país bajo metros de nieve en zonas donde apenas nevaba. Ese mismo año, la erupción del volcán Cumbre Vieja en La Palma sepultó miles de hogares bajo lava durante tres meses, dejando a miles de personas evacuadas y una isla herida de gravedad. A esto se sumó el brote de viruela del mono en 2022, que convirtió a España en uno de los focos europeos más graves de una enfermedad rara.
Pero la maldición no se detiene ahí: en octubre de 2024, la DANA de Valencia se llevó por delante 230 vidas en inundaciones apocalípticas, arrasando pueblos enteros y dejando un rastro de destrucción económica y humana sin precedentes en décadas. Los incendios forestales de 2025 batieron récords, con cientos de miles de hectáreas devoradas por las llamas en un verano de fuego que superó con creces los peores años del siglo.
A todo ello se añaden descarrilamientos de trenes mortales, apagones masivos que afectaron a millones, plagas inesperadas como la de chinches en aeropuertos y un rosario de accidentes y crisis que parecen cebarse con el país.
Coincidencias imposibles, una tras otra, bajo el mismo mandato. No es solo mala suerte; es como si la presencia de Sánchez atrajera las peores desgracias, convirtiendo cada año en una prueba de supervivencia para los españoles. Si esto no es una maldición en toda regla, ¿qué es? Sus enemigos hablan de "La maldición del sanchismo".
El país necesita sacudirse esta sombra cuanto antes, porque la lista de desgracias no para de crecer y el agotamiento colectivo ya es insoportable.
Tantas desgracias juntas son metafísicamente imposibles, salvo que un peligroso gafe ande por medio.
Francisco Rubiales