Gibraltar es hoy más inglesa que nunca. Con la abertura de la verja, los llanitos ingleses, ganan y España pierde. Esa es la verdad que ocultan el gran mentiroso Sánchez y sus secuaces.
Hasta que los españoles no se liberen de las tribus corrompidas que hoy gobiernan y castran su futuro, no podrán recuperar ni Gibraltar, ni su propia dignidad como pueblo soberano.
Los gibraltareños, por su parte, no muestran deseo alguno de convertirse en españoles, y los habitantes del Campo de Gibraltar tampoco parecen ansiosos por ver marchar a los ingleses.
La realidad es tozuda: una España degradada, moralmente exhausta y gobernada por quienes anteponen sus intereses partidistas y agendas globalistas al bien común no inspira confianza ni lealtad.
Mientras imperen el clientelismo, la corrupción institucionalizada y el desprecio por las raíces y la identidad nacional, Gibraltar seguirá siendo un símbolo de humillación.
Antes de soñar con banderas españolas ondeando en la Roca, los españoles deben enfrentarse a la batalla interna: desmantelar las bandas que degradan sus instituciones, sus leyes y su economía.
Recuperar la libertad, la soberanía real y el orgullo patrio es la condición indispensable para cualquier proyecto de envergadura nacional.
Solo una España dignificada, unida en torno a sus valores históricos y morales, podrá negociar desde la fuerza y no desde la súplica. Mientras el poder esté secuestrado por quienes premian la deslealtad y castigan el patriotismo, el país seguirá siendo un gigante dormido, incapaz de defender sus fronteras físicas o culturales.
La reconquista de Gibraltar exige, primero, la reconquista del alma española.
Cuando España se ponga en manos de Dios y de su destino histórico, liberada de las cadenas que hoy la oprimen, todo será posible. Entonces, con un pueblo regenerado, una clase dirigente ejemplar y una nación fuerte y respetada, la Roca volverá a ser lo que siempre debió ser: territorio español.
Pero ese día solo amanecerá tras una profunda purga interna, un renacimiento moral y una recuperación de la soberanía verdadera.
España puede recuperar Gibraltar, sí, pero solo después de recuperarse a sí misma.
Francisco Rubiales
Hasta que los españoles no se liberen de las tribus corrompidas que hoy gobiernan y castran su futuro, no podrán recuperar ni Gibraltar, ni su propia dignidad como pueblo soberano.
Los gibraltareños, por su parte, no muestran deseo alguno de convertirse en españoles, y los habitantes del Campo de Gibraltar tampoco parecen ansiosos por ver marchar a los ingleses.
La realidad es tozuda: una España degradada, moralmente exhausta y gobernada por quienes anteponen sus intereses partidistas y agendas globalistas al bien común no inspira confianza ni lealtad.
Mientras imperen el clientelismo, la corrupción institucionalizada y el desprecio por las raíces y la identidad nacional, Gibraltar seguirá siendo un símbolo de humillación.
Antes de soñar con banderas españolas ondeando en la Roca, los españoles deben enfrentarse a la batalla interna: desmantelar las bandas que degradan sus instituciones, sus leyes y su economía.
Recuperar la libertad, la soberanía real y el orgullo patrio es la condición indispensable para cualquier proyecto de envergadura nacional.
Solo una España dignificada, unida en torno a sus valores históricos y morales, podrá negociar desde la fuerza y no desde la súplica. Mientras el poder esté secuestrado por quienes premian la deslealtad y castigan el patriotismo, el país seguirá siendo un gigante dormido, incapaz de defender sus fronteras físicas o culturales.
La reconquista de Gibraltar exige, primero, la reconquista del alma española.
Cuando España se ponga en manos de Dios y de su destino histórico, liberada de las cadenas que hoy la oprimen, todo será posible. Entonces, con un pueblo regenerado, una clase dirigente ejemplar y una nación fuerte y respetada, la Roca volverá a ser lo que siempre debió ser: territorio español.
Pero ese día solo amanecerá tras una profunda purga interna, un renacimiento moral y una recuperación de la soberanía verdadera.
España puede recuperar Gibraltar, sí, pero solo después de recuperarse a sí misma.
Francisco Rubiales