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España puede recuperar Gibraltar, pero antes debe reconquistar su propia alma



La verja de Gibraltar ya ha sido desmontada, algo que provoca indignación en los patriotas españoles, que temen que el acuerdo de Pedro Sánchez con los británicos contenga clausulas secretas que rocen la traición a España.

Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, habla de éxito y de que en Europa ha caído el último muro, pero no dice que con la retirada de la verja, el dominio británico sobre esa colonia se fortalece y consolida.

Los españoles pueden recuperar Gibraltar, pero antes deben recuperar a la propia España. Mientras el país permanezca sumido en la debilidad, el descrédito y la división interna que hoy lo atenazan, cualquier aspiración sobre la Roca resultará quimérica e inútil.

España es hoy demasiado frágil y poco respetada en el concierto internacional para exigir con autoridad la devolución de un territorio que lleva siglos bajo control británico.

España está en manos de antiespañoles que la han convertido en tierra inhóspita invadida por corruptos y liberticidas, donde se persigue al honrado y se recompensa al criminal con impunidad y prebendas.
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Gibraltar es hoy más inglesa que nunca. Con la abertura de la verja, los llanitos ingleses, ganan y España pierde. Esa es la verdad que ocultan el gran mentiroso Sánchez y sus secuaces.

Hasta que los españoles no se liberen de las tribus corrompidas que hoy gobiernan y castran su futuro, no podrán recuperar ni Gibraltar, ni su propia dignidad como pueblo soberano.

Los gibraltareños, por su parte, no muestran deseo alguno de convertirse en españoles, y los habitantes del Campo de Gibraltar tampoco parecen ansiosos por ver marchar a los ingleses.

La realidad es tozuda: una España degradada, moralmente exhausta y gobernada por quienes anteponen sus intereses partidistas y agendas globalistas al bien común no inspira confianza ni lealtad.

Mientras imperen el clientelismo, la corrupción institucionalizada y el desprecio por las raíces y la identidad nacional, Gibraltar seguirá siendo un símbolo de humillación.

Antes de soñar con banderas españolas ondeando en la Roca, los españoles deben enfrentarse a la batalla interna: desmantelar las bandas que degradan sus instituciones, sus leyes y su economía.

Recuperar la libertad, la soberanía real y el orgullo patrio es la condición indispensable para cualquier proyecto de envergadura nacional.

Solo una España dignificada, unida en torno a sus valores históricos y morales, podrá negociar desde la fuerza y no desde la súplica. Mientras el poder esté secuestrado por quienes premian la deslealtad y castigan el patriotismo, el país seguirá siendo un gigante dormido, incapaz de defender sus fronteras físicas o culturales.

La reconquista de Gibraltar exige, primero, la reconquista del alma española.

Cuando España se ponga en manos de Dios y de su destino histórico, liberada de las cadenas que hoy la oprimen, todo será posible. Entonces, con un pueblo regenerado, una clase dirigente ejemplar y una nación fuerte y respetada, la Roca volverá a ser lo que siempre debió ser: territorio español.

Pero ese día solo amanecerá tras una profunda purga interna, un renacimiento moral y una recuperación de la soberanía verdadera.

España puede recuperar Gibraltar, sí, pero solo después de recuperarse a sí misma.

Francisco Rubiales

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Sábado, 18 de Julio 2026
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