Pedro Sánchez ha salido a defender el voto por correo con sorprendente fuerza y furia después de que Isabel Díaz Ayuso pidiera «a todo el mundo que ni se le ocurra votar por correo», de que Santiago Abascal animara a no fiarse «de absolutamente nada» que pueda hacer el presidente y de que Alfonso Rueda reclamara ser «muy estrictos, visto lo visto» con las papeletas de Correos.
Millones de españoles recelan del voto por correo y lo expresan con claridad a través de las redes sociales. Los socialistas, manejando Correos, hacen que el voto que utiliza esa ruta sea sospechoso.
La respuesta de Moncloa está siendo política, no técnica: «absoluta tranquilidad» con un sistema «garantista», y la puntilla de que quienes dicen tener la victoria segura «a lo mejor no lo ven tan evidente». Félix Bolaños lo cerró llamando al voto postal «seguro cien por cien».
El mensaje es nítido. Cuestionar ese canal equivale, en el relato del Gobierno, a recortar el derecho al voto de quien no pueda acudir a la urna.
El PSOE y sus parásitos mediáticos han salido en tromba defendiendo la pulcritud del voto por correo porque Sánchez se juega mucho si esa ruta del voto queda desacreditada.
La verdad es que el sistema de Correos no es "garantista" en absoluto. Pueden utilizar para defraudar papeletas marcadas, anulaciones improcedentes, nombres falsos y otros trucos y suciedades, como ha quedado demostrado.
Personalmente tengo una experiencia sólida del fraude de Correos. Juro que a mí Correos me ha alterado mi voto y me ha hecho pucherazo y estoy dispuesto a contarle lo que me ocurrió al juez que me lo demande.
El recelo no nace de un bulo inventado. Hay causas vivas por compra y manipulación del sufragio postal.
La Guardia Civil lleva años investigando el fraude postal en España y se han detectado indicios o pruebas en Mojácar, Albudeite, Albaida del Aljarafe, Melilla y otros puntos.
Detrás de ese caudal de sospechas estaban Juan Manuel Serrano, exjefe de gabinete de la ejecutiva federal del PSOE, como presidente de Correos, y Leire Díez, luego expulsada del partido y señalada como fontanera, como directiva con poderes de representación y firma en certificados de envíos electorales.
Hay en España una sensación de inseguridad generalizada, creciente y casi imparable en torno al voto por correo.
No hay sentencia que establezca un fraude postal organizado desde Moncloa en unas generales. Lo que sí hay es una desconfianza sólida hacia un gobierno de Sánchez que miente, engaña, incumple y utiliza los poderes y el dinero del Estado para comprar votos y fortalecer su poder, todo sin un gramo de transparencia.
La izquierda quiere usar la vivienda como ariete; la derecha está empujando como ariete la desconfianza en el sanchismo mentiroso, manipulador y corrupto.
No sabemos quien ganará, pero sí sabemos que, pase lo que pase, España seguirá siendo la perdedora, con su democracia herida, sus ciudadanos divididos y cargados de odio y con una clase política dirigente que merece más ser juzgada que elegida.
Francisco Rubiales
Millones de españoles recelan del voto por correo y lo expresan con claridad a través de las redes sociales. Los socialistas, manejando Correos, hacen que el voto que utiliza esa ruta sea sospechoso.
La respuesta de Moncloa está siendo política, no técnica: «absoluta tranquilidad» con un sistema «garantista», y la puntilla de que quienes dicen tener la victoria segura «a lo mejor no lo ven tan evidente». Félix Bolaños lo cerró llamando al voto postal «seguro cien por cien».
El mensaje es nítido. Cuestionar ese canal equivale, en el relato del Gobierno, a recortar el derecho al voto de quien no pueda acudir a la urna.
El PSOE y sus parásitos mediáticos han salido en tromba defendiendo la pulcritud del voto por correo porque Sánchez se juega mucho si esa ruta del voto queda desacreditada.
La verdad es que el sistema de Correos no es "garantista" en absoluto. Pueden utilizar para defraudar papeletas marcadas, anulaciones improcedentes, nombres falsos y otros trucos y suciedades, como ha quedado demostrado.
Personalmente tengo una experiencia sólida del fraude de Correos. Juro que a mí Correos me ha alterado mi voto y me ha hecho pucherazo y estoy dispuesto a contarle lo que me ocurrió al juez que me lo demande.
El recelo no nace de un bulo inventado. Hay causas vivas por compra y manipulación del sufragio postal.
La Guardia Civil lleva años investigando el fraude postal en España y se han detectado indicios o pruebas en Mojácar, Albudeite, Albaida del Aljarafe, Melilla y otros puntos.
Detrás de ese caudal de sospechas estaban Juan Manuel Serrano, exjefe de gabinete de la ejecutiva federal del PSOE, como presidente de Correos, y Leire Díez, luego expulsada del partido y señalada como fontanera, como directiva con poderes de representación y firma en certificados de envíos electorales.
Hay en España una sensación de inseguridad generalizada, creciente y casi imparable en torno al voto por correo.
No hay sentencia que establezca un fraude postal organizado desde Moncloa en unas generales. Lo que sí hay es una desconfianza sólida hacia un gobierno de Sánchez que miente, engaña, incumple y utiliza los poderes y el dinero del Estado para comprar votos y fortalecer su poder, todo sin un gramo de transparencia.
La izquierda quiere usar la vivienda como ariete; la derecha está empujando como ariete la desconfianza en el sanchismo mentiroso, manipulador y corrupto.
No sabemos quien ganará, pero sí sabemos que, pase lo que pase, España seguirá siendo la perdedora, con su democracia herida, sus ciudadanos divididos y cargados de odio y con una clase política dirigente que merece más ser juzgada que elegida.
Francisco Rubiales