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El sanchismo, rebosante de odio, prepara una gran estafa contra España



Fin de semana indignante en el que un felón llamado Pedro Sánchez meditaba si le conviene a él (no a España) convocar elecciones. Al final ha decidido convocar la consulta el próximo 29 de noviembre.

Ese día, si gana Sánchez España continuará destruyéndose en la pocilga, pero si pierde comenzará la regeneración y el país se salvará.

El presidente está furioso porque el poder se le escapa y eso, para él, significa ruina y probablemente cárcel.

El inmoral quiere gresca y empieza a sentirse a gusto porque la tensión y el odio toman las calles contra el drama de la vivienda, que el propio Sánchez ha provocado.

Es un psicópata malvado que sabe que solo puede ganar si el país está en llamas.

Cuando un país está sereno, el pueblo escucha el lenguaje de la razón, pero cuando el país está agitado y envuelto en rencor, el lenguaje de las verduleras y los mafiosos, que es el de la izquierda española, tiene las de ganar.

Sánchez ha reflexionado no sobre como solucionar los problemas de España, sino sobre qué debe hacer para seguir gobernando. Es un depredador herido, no un político al servicio de su pueblo.

A él no le interesa el servicio al pueblo, sino el Falcon, el palacio de la Moncloa y el poder que le enriquece y le colma de privilegios.

Está utilizando con habilidad y trampas el desahucio de Mari Carmen, cuando el único desahucio que España necesita con urgencia es el suyo y el de su gobierno.

El sanchismo quiere seguir gobernando trucando las elecciones, mantenerse en el poder mediante una operación bastarda y mafiosa, cargada de mentira y estafa contra la sociedad española.

Sánchez es, sin duda, el principal culpable del drama de la vivienda en España, pero quiere convencer a los votantes de que la culpa es de la derecha. Durante ocho años no ha construido las viviendas que España necesitaba y en ese tiempo ha asustado a pequeños propietarios e inversores, logrando que el precio de la vivienda y de los alquileres suba como la espuma.

Está poniendo en marcha el método sanchista, que consiste en crear un problema y después presentarse como quien quiere solucionarlo.

Para que ese sistema estafador triunfe se necesita un pueblo estúpido y dispuesto a ser engañado. Los jóvenes, víctimas principales de la escasez de viviendas y del precio elevado de los alquileres, son ahora ese pueblo descerebrado capaz de tragarse la estafa de Sánchez.

El capo de los chorizos quiere seguir destrozando nuestra nación y eso es motivo más que suficiente para tener miedo y rezar.

Si consigue que las elecciones giren en torno al problema de la vivienda y no sobre la realidad corrupta del sanchismo, con decenas de juicios pendientes y con el entorno de Sánchez encarcelado o a punto de ser condenado, entonces habrán ganado Sánchez, la mentira, la estafa y la antidemocracia.

Pobre España, un país donde la oposición es tan imbécil que no sabe hacerle daño al gobierno, ni hacer valer la verdad ante el pueblo.

El PP habla en campaña como un despacho de abogados, mientras que el PSOE habla con el lenguaje de las verduleras y de la mafia, con argumentos falsos, pero eficaces, sentimientos falsos, simulaciones hipócritas y trucos de todo tipo.
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El sanchismo no gobierna para resolver el drama de la vivienda: gobierna para sobrevivir. Pedro Sánchez es, sin duda, el principal responsable de una escasez de viviendas que no se corrige con discursos porque durante años ha frenado la oferta, encarecido y desincentivado al propietario, y protegido al moroso y al okupa mientras la demanda se disparaba.

Ahora pretende convencer a los votantes de que la culpa es de la derecha, de los fondos que él llama buitres, y del mercado, como si el Ejecutivo no hubiera invitado a esos fondos a venir a España y no hubiera tenido el poder de construir, desbloquear suelo y dar seguridad jurídica.

El método es el de siempre: crear o agravar el problema y, cuando duele lo bastante, presentarse como quien viene a solucionarlo.

Sánchez cree que no necesita demostrar que su política ha aumentado la oferta; le basta con señalar un enemigo, anunciar un decreto y pedir el voto da las víctimas que él mismo ha creado.

Si el jefe de los chorizos consigue que las próximas elecciones giren en torno a la vivienda y no en torno a la corrupción del sanchismo —decenas de causas abiertas, el entorno imputado, encarcelado o a las puertas de la condena—, la operación habrá triunfado.

No importa que las medidas no construyan las casas que faltan ni devuelvan seguridad al arrendador. Importa que el debate deje de ser el de los juicios, los contratos públicos, la corrupción, la degradación institucional y el fracaso de Ceuta, y pase a ser el de un problema de vivienda que el propio Gobierno ha alimentado para luego venderse como su remedio.

Así gana la mentira, gana la estafa y gana quien convierte la democracia en una mentira permanente.

Mientras la oposición no se sepa explicar la verdad, Sánchez seguirá eligiendo el terreno, el enemigo y el calendario. Y el país seguirá viviendo en la mentira y sufriendo un gobierno de hampones estafadores.

Francisco Rubiales

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Lunes, 5 de Octubre 2026
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