El sanchismo no gobierna para resolver el drama de la vivienda: gobierna para sobrevivir. Pedro Sánchez es, sin duda, el principal responsable de una escasez de viviendas que no se corrige con discursos porque durante años ha frenado la oferta, encarecido y desincentivado al propietario, y protegido al moroso y al okupa mientras la demanda se disparaba.
Ahora pretende convencer a los votantes de que la culpa es de la derecha, de los fondos que él llama buitres, y del mercado, como si el Ejecutivo no hubiera invitado a esos fondos a venir a España y no hubiera tenido el poder de construir, desbloquear suelo y dar seguridad jurídica.
El método es el de siempre: crear o agravar el problema y, cuando duele lo bastante, presentarse como quien viene a solucionarlo.
Sánchez cree que no necesita demostrar que su política ha aumentado la oferta; le basta con señalar un enemigo, anunciar un decreto y pedir el voto da las víctimas que él mismo ha creado.
Si el jefe de los chorizos consigue que las próximas elecciones giren en torno a la vivienda y no en torno a la corrupción del sanchismo —decenas de causas abiertas, el entorno imputado, encarcelado o a las puertas de la condena—, la operación habrá triunfado.
No importa que las medidas no construyan las casas que faltan ni devuelvan seguridad al arrendador. Importa que el debate deje de ser el de los juicios, los contratos públicos, la corrupción, la degradación institucional y el fracaso de Ceuta, y pase a ser el de un problema de vivienda que el propio Gobierno ha alimentado para luego venderse como su remedio.
Así gana la mentira, gana la estafa y gana quien convierte la democracia en una mentira permanente.
Mientras la oposición no se sepa explicar la verdad, Sánchez seguirá eligiendo el terreno, el enemigo y el calendario. Y el país seguirá viviendo en la mentira y sufriendo un gobierno de hampones estafadores.
Francisco Rubiales
Ahora pretende convencer a los votantes de que la culpa es de la derecha, de los fondos que él llama buitres, y del mercado, como si el Ejecutivo no hubiera invitado a esos fondos a venir a España y no hubiera tenido el poder de construir, desbloquear suelo y dar seguridad jurídica.
El método es el de siempre: crear o agravar el problema y, cuando duele lo bastante, presentarse como quien viene a solucionarlo.
Sánchez cree que no necesita demostrar que su política ha aumentado la oferta; le basta con señalar un enemigo, anunciar un decreto y pedir el voto da las víctimas que él mismo ha creado.
Si el jefe de los chorizos consigue que las próximas elecciones giren en torno a la vivienda y no en torno a la corrupción del sanchismo —decenas de causas abiertas, el entorno imputado, encarcelado o a las puertas de la condena—, la operación habrá triunfado.
No importa que las medidas no construyan las casas que faltan ni devuelvan seguridad al arrendador. Importa que el debate deje de ser el de los juicios, los contratos públicos, la corrupción, la degradación institucional y el fracaso de Ceuta, y pase a ser el de un problema de vivienda que el propio Gobierno ha alimentado para luego venderse como su remedio.
Así gana la mentira, gana la estafa y gana quien convierte la democracia en una mentira permanente.
Mientras la oposición no se sepa explicar la verdad, Sánchez seguirá eligiendo el terreno, el enemigo y el calendario. Y el país seguirá viviendo en la mentira y sufriendo un gobierno de hampones estafadores.
Francisco Rubiales