El sanchismo no es progreso: es la hipocresía más repugnante, la maldad más descarada y la corrupción convertida en sistema de gobierno.
Pedro Sánchez y su banda han prostituido la palabra “progresista” para tapar lo que realmente son: cómplices activos de las dictaduras y terroristas más sanguinarios del planeta.
No se puede ser de izquierdas mientras se lamen las botas a tiranías, narcoestados y terrorismos.
Eso no es progresismo, sino traición a cualquier valor decente. Es maldad pura con cara de buena conciencia.
Este Gobierno blanquea a regímenes que violan, torturan y asesinan a disidentes, a mujeres y a homosexuales, mientras en España se pavonean de feministas y defensores de los derechos humanos. Apoyan a Hamás y Hizbulá, que usan niños como escudos humanos, y callan ante la miseria y la represión en Cuba y Venezuela.
El sanchismo no defiende a los oprimidos; los vende al mejor postor a cambio de votos y subvenciones. Progresista de boquilla, verdugo de corazón. Hipócrita hasta vomitar.
Dentro de España, la careta se cae del todo. No se puede ser progresista cuando se pisotea la democracia, se protege la corrupción a escala industrial y se pacta con golpistas catalanes, ex terroristas de Bildu y enemigos declarados de la unidad de España. No se puede atacar a la Justicia, tener a familiares y colaboradores procesados o encarcelados por delitos graves y seguir dando lecciones de moral al país.
Ábalos, Koldo, Armengol, Begoña Gómez, el hermano del presidente y toda la corte de imputados no son accidentes, sino la prueba de que el sanchismo es una mafia con escaños y corrupción, impunidad y traición nacional como método de supervivencia.
El sanchismo no construye nada: destruye España. No es izquierda, es la victoria de la podredumbre moral disfrazada de modernidad.
Mientras siga mandando, España será el vertedero ético de Europa, el paraíso de los tiranos y el hazmerreír de cualquier democracia seria.
Ni el pueblo español, ni Europa, ni Occidente, ni el mundo que ama la libertad se merecen esta pandilla de falsos progresistas con alma de verdugos y manos llenas de odio, división y billetes sucios.
El sanchismo no es el futuro: es la cloaca en la que España se está ahogando. Y hay que sacarlo antes de que nos ahogue del todo.
Francisco Rubiales
Pedro Sánchez y su banda han prostituido la palabra “progresista” para tapar lo que realmente son: cómplices activos de las dictaduras y terroristas más sanguinarios del planeta.
No se puede ser de izquierdas mientras se lamen las botas a tiranías, narcoestados y terrorismos.
Eso no es progresismo, sino traición a cualquier valor decente. Es maldad pura con cara de buena conciencia.
Este Gobierno blanquea a regímenes que violan, torturan y asesinan a disidentes, a mujeres y a homosexuales, mientras en España se pavonean de feministas y defensores de los derechos humanos. Apoyan a Hamás y Hizbulá, que usan niños como escudos humanos, y callan ante la miseria y la represión en Cuba y Venezuela.
El sanchismo no defiende a los oprimidos; los vende al mejor postor a cambio de votos y subvenciones. Progresista de boquilla, verdugo de corazón. Hipócrita hasta vomitar.
Dentro de España, la careta se cae del todo. No se puede ser progresista cuando se pisotea la democracia, se protege la corrupción a escala industrial y se pacta con golpistas catalanes, ex terroristas de Bildu y enemigos declarados de la unidad de España. No se puede atacar a la Justicia, tener a familiares y colaboradores procesados o encarcelados por delitos graves y seguir dando lecciones de moral al país.
Ábalos, Koldo, Armengol, Begoña Gómez, el hermano del presidente y toda la corte de imputados no son accidentes, sino la prueba de que el sanchismo es una mafia con escaños y corrupción, impunidad y traición nacional como método de supervivencia.
El sanchismo no construye nada: destruye España. No es izquierda, es la victoria de la podredumbre moral disfrazada de modernidad.
Mientras siga mandando, España será el vertedero ético de Europa, el paraíso de los tiranos y el hazmerreír de cualquier democracia seria.
Ni el pueblo español, ni Europa, ni Occidente, ni el mundo que ama la libertad se merecen esta pandilla de falsos progresistas con alma de verdugos y manos llenas de odio, división y billetes sucios.
El sanchismo no es el futuro: es la cloaca en la que España se está ahogando. Y hay que sacarlo antes de que nos ahogue del todo.
Francisco Rubiales