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El sanchismo no es progreso; es hipocresía, corrupción y maldad



El sanchismo no es progreso; es todo lo contrario, un saco lleno de hipocresía, maldad y corrupción.

No se puede ser progresista cuando se asesina la democracia interna de su partido y se apoya la tiranía cubana, el terrorismo de Hizbulá y Hamás, el régimen asesino de los Ayatolás, los narcoestados de la Venezuela chavista, la Colombia de Petro, la Cuba hambrienta de los Castro y otras tiranías criminales y corruptas, como hace el sanchismo.

Lo que se ve en el vídeo publicado por The Objective es revelador: un Sánchez cargado de soberbia y odio, intentando un fraude en su propio partido, tensionándolo hasta el extremo y asesinando la democracia interna.

No hay progreso al despreciar la democracia, amparar la corrupción, cerrar alianzas para gobernar con golpistas, ex terroristas y enemigos de España, atacar la Justicia independiente, despilfarrar, mentir y tener a familiares y colaboradores procesados o encarcelados.

El progreso es justo lo contrario de lo que hace Sánchez: aliarse con los países demócratas que aman la libertad, combatir el terrorismo, luchar contra la corrupción, decir siempre la verdad, blindar los valores, respetar la Justicia independiente y anteponer siempre el bien común a los intereses de los partidos y de los corruptos con poder.
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El sanchismo no es progreso: es la hipocresía más repugnante, la maldad más descarada y la corrupción convertida en sistema de gobierno.

Pedro Sánchez y su banda han prostituido la palabra “progresista” para tapar lo que realmente son: cómplices activos de las dictaduras y terroristas más sanguinarios del planeta.

No se puede ser de izquierdas mientras se lamen las botas a tiranías, narcoestados y terrorismos.

Eso no es progresismo, sino traición a cualquier valor decente. Es maldad pura con cara de buena conciencia.

Este Gobierno blanquea a regímenes que violan, torturan y asesinan a disidentes, a mujeres y a homosexuales, mientras en España se pavonean de feministas y defensores de los derechos humanos. Apoyan a Hamás y Hizbulá, que usan niños como escudos humanos, y callan ante la miseria y la represión en Cuba y Venezuela.

El sanchismo no defiende a los oprimidos; los vende al mejor postor a cambio de votos y subvenciones. Progresista de boquilla, verdugo de corazón. Hipócrita hasta vomitar.

Dentro de España, la careta se cae del todo. No se puede ser progresista cuando se pisotea la democracia, se protege la corrupción a escala industrial y se pacta con golpistas catalanes, ex terroristas de Bildu y enemigos declarados de la unidad de España. No se puede atacar a la Justicia, tener a familiares y colaboradores procesados o encarcelados por delitos graves y seguir dando lecciones de moral al país.

Ábalos, Koldo, Armengol, Begoña Gómez, el hermano del presidente y toda la corte de imputados no son accidentes, sino la prueba de que el sanchismo es una mafia con escaños y corrupción, impunidad y traición nacional como método de supervivencia.

El sanchismo no construye nada: destruye España. No es izquierda, es la victoria de la podredumbre moral disfrazada de modernidad.

Mientras siga mandando, España será el vertedero ético de Europa, el paraíso de los tiranos y el hazmerreír de cualquier democracia seria.

Ni el pueblo español, ni Europa, ni Occidente, ni el mundo que ama la libertad se merecen esta pandilla de falsos progresistas con alma de verdugos y manos llenas de odio, división y billetes sucios.

El sanchismo no es el futuro: es la cloaca en la que España se está ahogando. Y hay que sacarlo antes de que nos ahogue del todo.

Francisco Rubiales

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Sábado, 25 de Abril 2026
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