Información y Opinión

El pueblo español boicotea a Marruecos



El pueblo español no era anti marroquí, pero después del asalto a Ceuta está aprendiendo a serlo y eso tendrá graves consecuencias.

Como el gobierno de Pedro Sánchez no quiere responder a Marruecos como merece por invadir Ceuta, violando la integridad de España, el pueblo ha tomado la iniciativa y ha decidido boicotear todo lo que huela a marroquí, desde viajes turísticos a productos de consumo.

Las redes sociales españolas se llenan de llamamientos a boicotear a Marruecos y a sus productos, que aparecen con el código de barras encabezado por el número 611.

Es la reacción popular airada, tras la invasión de Ceuta.

Algunos mensajes destacan que “para que viajar a un país del que sus propios hijos huyen”.

A juzgar por la indignación popular ante la invasión y la abundancia de llamamientos y argumentos, el boicot será de gran tamaño.



Uno de las miles de llamadas al boicot
Cuando un Gobierno es incapaz de responder con la firmeza que una nación espera ante una crisis que afecta a su integridad territorial, la sociedad española reacciona por sus propios medios.

Eso es lo que empieza a ocurrir en España tras la gravísima crisis de Ceuta. Las visitas turísticas de españoles a Marruecos se desploman y los productos marroquíes son rechazados en tiendas y supermercados.

La entrada masiva registrada a finales de julio ha abierto una investigación judicial sobre una posible actuación organizada de Marruecos y sobre sus eventuales responsabilidades.

Ante semejante escenario, muchos españoles pueden preguntarse qué margen les queda para expresar su rechazo si consideran insuficiente la respuesta de sus gobernantes. Y uno de los instrumentos más poderosos de cualquier ciudadano es su decisión de comprar —o no comprar— y viajar —o no viajar—.

De ahí que cobre sentido el boicot ciudadano a Marruecos: no viajar al país, cancelar unas vacaciones si las circunstancias personales lo permiten, escoger otros destinos y evitar voluntariamente productos marroquíes.

No se trata de hostilidad contra los marroquíes ni contra quienes viven y trabajan legalmente en España. Se trata de una protesta económica y pacífica contra determinadas políticas y comportamientos del Estado marroquí.

El ciudadano sabe que su dinero tiene poder y lo está empleando como castigo al invasor.

El Ministerio de Exteriores, de hecho, mantiene actualmente una recomendación de viajar con precaución a Marruecos.

La cuestión de fondo es mucho más profunda. España mantiene con Marruecos una relación económica extraordinariamente intensa: comercio, inversiones, agricultura, automoción, turismo, seguridad y migración forman una red de intereses difícil de romper.

Cuando una parte considerable de la ciudadanía percibe que las instituciones han reaccionado tarde o débilmente, puede utilizar su capacidad económica para reclamar una política más firme en defensa de Ceuta, Melilla y la soberanía española.

El mensaje sería sencillo: Ceuta no está sola y España tampoco debería estarlo. La defensa de una nación no corresponde únicamente al Gobierno, al Parlamento, a la Justicia, a las Fuerzas Armadas o a las Fuerzas de Seguridad; también corresponde a una ciudadanía consciente de que sus decisiones tienen consecuencias.

Si el Ejecutivo de Pedro Sánchez no convence a una parte importante de los españoles con su respuesta a la crisis de Ceuta —el 72% de los encuestados en un sondeo reciente considera insuficiente o responsabiliza al Gobierno en alguna medida—, la sociedad puede hacer oír su voz mediante procedimientos democráticos, legales y pacíficos.

El boicot comercial y turístico es una forma de decir algo que ningún Gobierno debería ignorar: la defensa de España también depende de sus ciudadanos.

Francisco Rubiales


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Martes, 8 de Septiembre 2026
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