Información y Opinión

El falso progresismo arruina el mundo



La gran mentira progre ha infectado Occidente como un cáncer moral.

En España, el falso progresismo, capitaneado por el PSOE de Pedro Sánchez, cuya familia más cercana y colaboradores principales están en la cárcel o cerca de ella, inunda el país de corrupción, elude el debate parlamentario, ataca la Justicia independiente, miente, compra medios de comunicación, maltrata a sus trabajadores, desprestigia al país y cambia, sin permiso del Congreso, las alianzas y el posicionamiento de España en el mundo, vinculándonos con China y a otras naciones totalitarias.

Las ideas progresistas no son vanguardia ni avance; son la herramienta más perversa de degeneración ética y cultural que ha conocido la humanidad en siglos.

Bajo la máscara hipócrita del “progreso”, esta agenda destructora ha declarado la guerra a todo lo que nos hizo grandes, fuertes y civilizados. No busca liberar, busca pervertir; no busca igualdad, busca borrar fronteras naturales; no busca felicidad, ni libertad, busca esclavitud emocional y espiritual.
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Algunos miembros destacados de la falsa y perversa "progresía" mundial
Indigna ver cómo la ideología tóxica del falso progresismo ha convertido la decencia en delito y la verdad en odio.

La agenda progre pretende feminizar a los hombres hasta convertirlos en seres débiles y avergonzados de su propia masculinidad; masculinizar a las mujeres hasta robarles su esencia y su rol natural; sexualizar a los niños desde la infancia con propaganda obscena y libros pervertidos; confundir la identidad hasta que nadie sepa quién es ni de dónde viene; destruir la familia tradicional, pilar de toda sociedad sana, reemplazándola por un caos de egoísmos y contratos temporales; apartarnos de Dios y de toda trascendencia para dejar al ser humano solo, vacío y manipulable; medicar emociones con pastillas y terapias que convierten el sufrimiento normal en patología crónica; e inundarnos con distracciones idiotas y nocivas —redes sociales, pornografía, consumismo— para que nadie piense, nadie sienta y nadie luche.

Esto no es progreso, es decadencia, es el suicidio de la civilización, disfrazado de liberación.

Esta degeneración es un plan deliberado para desarmar al ser humano, para que no pueda defenderse, para que acepte la tiranía como libertad y la miseria moral como virtud. Mientras los progres se autoproclaman salvadores, destruyen todo lo que nos elevó por encima de la barbarie: el honor, la responsabilidad, el sacrificio, la fe, la familia, la patria y, sobre todo, el amor.

Han convertido la cultura en un estercolero, la educación en adoctrinamiento y la política en arma contra el pueblo decente.

¡Qué traición a las generaciones que lucharon y murieron por la libertad, por valores eternos y por conquistas que ahora disfrutamos!

Es hora de recuperar la moral y los valores que nos hicieron grandes, fuertes y civilizados. Hay que rechazar con furia esta agenda decadente y volver a lo que siempre funcionó: hombres y mujeres orgullosos de su naturaleza complementaria, niños protegidos en su inocencia, familias unidas como núcleo sagrado, Dios como brújula moral, emociones forjadas en la libertad y la resistencia al abuso y no en la química, y una vida con propósito real en vez de pantallas vacías.

La verdadera grandeza no está en el falso futuro "progre", sino en nuestro pasado glorioso, el que liberó a la mujer, generó la democracia, estableció las votaciones libres, el Estado de Derecho, la abolición de la esclavitud, la igualdad ante la ley y un largo etcétera de verdadero progreso y civilización.

La ciudadanía decente, la que aún cree en la verdad, la belleza y el bien, debe levantarse sin piedad contra esta podredumbre y restaurar el orden natural.

Solo así España —y Occidente— podrá resurgir de las cenizas de esta decadencia suicida de la que forma parte destacada el sanchismo.

Francisco Rubiales

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Miércoles, 15 de Abril 2026
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