Cuentan que el Papa se quedó estupefacto ante semejante reacción. No comprendía cómo quienes acaban de recibir una bofetada moral directa podían ovacionarle con tanto entusiasmo. Uno de sus colaboradores, según se relata, le explicó la cruda realidad: “Santidad, esa gente no entiende de ideas ni de principios. Solo les interesa el poder”.
Esa frase, si fuera cierta, debería grabarse a fuego porque define con precisión quirúrgica el nivel intelectual y ético del hemiciclo: un vivero de ineptos ignorantes, incapaces de procesar argumentos serios, obsesionados únicamente con mantener el sillón, el sueldo y las prebendas.
La realidad confirmó pronto la bajeza que reina en el hemiciclo. Horas después del discurso papal, Pedro Sánchez y la oposición se ensalzaron en una refriega de insultos repugnantes, ante la sorpresa del pueblo español y del mismo Papa, que comprobó de ese modo la suciedad reinante en la España de los políticos.
Las ideas y recomendaciones del Papa son la antítesis pura de lo que los políticos españoles han practicado durante décadas: rechazo frontal al odio tribal, a las mentiras sistemáticas, a la corrupción endémica, a la polarización artificial y a la violación de derechos humanos básicos como el del no nacido.
Sin embargo, todos aplauden. PSOE y socios, PP, Vox y el resto del arco parlamentario se unieron en una ovación unánime.
¿Qué significa esto? Una sola cosa, clara y demoledora: en la política española actual no caben las ideas ni los principios. Solo cabe el poder por el poder. Los valores son atrezo, la coherencia un estorbo y la verdad un lujo que nadie se puede permitir.
España merece algo mejor que esta pandilla de mediocres sin convicciones. El aplauso de siete minutos no fue un gesto de respeto, sino la prueba definitiva de su vacuidad moral.
Mientras el Papa hablaba de regeneración espiritual y defensa de la vida, ellos aplaudían sabiendo que al día siguiente seguirán haciendo exactamente lo contrario.
El Congreso no está lleno de adversarios ideológicos; está plagado de oportunistas sin alma. Y los españoles, cada vez más, lo ven con claridad.
Francisco Rubiales
Esa frase, si fuera cierta, debería grabarse a fuego porque define con precisión quirúrgica el nivel intelectual y ético del hemiciclo: un vivero de ineptos ignorantes, incapaces de procesar argumentos serios, obsesionados únicamente con mantener el sillón, el sueldo y las prebendas.
La realidad confirmó pronto la bajeza que reina en el hemiciclo. Horas después del discurso papal, Pedro Sánchez y la oposición se ensalzaron en una refriega de insultos repugnantes, ante la sorpresa del pueblo español y del mismo Papa, que comprobó de ese modo la suciedad reinante en la España de los políticos.
Las ideas y recomendaciones del Papa son la antítesis pura de lo que los políticos españoles han practicado durante décadas: rechazo frontal al odio tribal, a las mentiras sistemáticas, a la corrupción endémica, a la polarización artificial y a la violación de derechos humanos básicos como el del no nacido.
Sin embargo, todos aplauden. PSOE y socios, PP, Vox y el resto del arco parlamentario se unieron en una ovación unánime.
¿Qué significa esto? Una sola cosa, clara y demoledora: en la política española actual no caben las ideas ni los principios. Solo cabe el poder por el poder. Los valores son atrezo, la coherencia un estorbo y la verdad un lujo que nadie se puede permitir.
España merece algo mejor que esta pandilla de mediocres sin convicciones. El aplauso de siete minutos no fue un gesto de respeto, sino la prueba definitiva de su vacuidad moral.
Mientras el Papa hablaba de regeneración espiritual y defensa de la vida, ellos aplaudían sabiendo que al día siguiente seguirán haciendo exactamente lo contrario.
El Congreso no está lleno de adversarios ideológicos; está plagado de oportunistas sin alma. Y los españoles, cada vez más, lo ven con claridad.
Francisco Rubiales