Las imágenes que muestra el vídeo de The Objective son brutales: gritos, protestas, Susana llorando, dos bandos enfrentados y el rostro implacable y desencajado de un Sánchez que da miedo.
La votación secreta en la urna de Sánchez tuvo que suspenderse por tramposa. Al final se votó a mano alzada y Sánchez perdió por amplia mayoría (132 votos en contra), viéndose obligado a dimitir como secretario general.
Aquel día quedó grabado en la memoria socialista como el vergonzoso “Comité Federal de Puerto Hurraco”, donde el mismo hombre que hoy predica sobre “calidad democrática”, que acusa a los demás de querer “pucherazos” y que gestiona el Estado con mano de hierro, ya entonces demostró su verdadera naturaleza corrupta y tiránica.
Si Sánchez y su equipo fueron capaces entonces de intentar manipular una votación interna del PSOE —su propio partido, donde se jugaba su supervivencia política—, ¿qué no estarán dispuestos a hacer ahora, cuando controlan el poder, con las instituciones del Estado, con las elecciones generales o con la justicia?
La historia posterior —regularizaciones masivas por motivos electorales, pactos con independentistas a cambio de impunidad, control de medios y erosión del Estado de derecho— encaja perfectamente con aquel gesto de fría suficiencia que se le ve en las imágenes.
España merece saber la verdad: Pedro Sánchez no es un demócrata, sino un maquiavélico que ya intentó hacer trampas cuando aún no controlaba todo el poder.
El vídeo que ha salido a la luz no es una anécdota del pasado; es la radiografía de su carácter. Es lícito pensar que quien hace pucherazo en Ferraz, lo repetirá en Moncloa.
Los españoles ya han visto suficiente: la ley, la transparencia, el respeto al voto y la democracia misma no son compatibles con el sanchismo.
Francisco Rubiales
La votación secreta en la urna de Sánchez tuvo que suspenderse por tramposa. Al final se votó a mano alzada y Sánchez perdió por amplia mayoría (132 votos en contra), viéndose obligado a dimitir como secretario general.
Aquel día quedó grabado en la memoria socialista como el vergonzoso “Comité Federal de Puerto Hurraco”, donde el mismo hombre que hoy predica sobre “calidad democrática”, que acusa a los demás de querer “pucherazos” y que gestiona el Estado con mano de hierro, ya entonces demostró su verdadera naturaleza corrupta y tiránica.
Si Sánchez y su equipo fueron capaces entonces de intentar manipular una votación interna del PSOE —su propio partido, donde se jugaba su supervivencia política—, ¿qué no estarán dispuestos a hacer ahora, cuando controlan el poder, con las instituciones del Estado, con las elecciones generales o con la justicia?
La historia posterior —regularizaciones masivas por motivos electorales, pactos con independentistas a cambio de impunidad, control de medios y erosión del Estado de derecho— encaja perfectamente con aquel gesto de fría suficiencia que se le ve en las imágenes.
España merece saber la verdad: Pedro Sánchez no es un demócrata, sino un maquiavélico que ya intentó hacer trampas cuando aún no controlaba todo el poder.
El vídeo que ha salido a la luz no es una anécdota del pasado; es la radiografía de su carácter. Es lícito pensar que quien hace pucherazo en Ferraz, lo repetirá en Moncloa.
Los españoles ya han visto suficiente: la ley, la transparencia, el respeto al voto y la democracia misma no son compatibles con el sanchismo.
Francisco Rubiales