Negligencia mortal y cadáveres en las vías férreas españolas
Coger un tren en España durante el mandato de Pedro Sánchez se ha convertido en una auténtica ruleta rusa, donde la vida de los pasajeros pende de un hilo, debido a la negligencia sistemática del Gobierno.
El reciente accidente en Adamuz, con más de 40 fallecidos en un choque de trenes de alta velocidad, no es un hecho aislado, sino el trágico clímax de un caos ferroviario que se arrastra desde hace años.
Hay negligencia y culpa. Por mucho que las circunstancias del accidente sean "extrañas", como ha declarado el presidente de RENFE, es incontrovertible que ADIF, la empresa responsable de las vías, notificó al menos ocho incidencias técnicas en el tramo de Adamuz durante los últimos quince meses.
El descarrilamiento del tren de IRYO se produjo tras saltar el raíl número 23117. La investigación ha confirmado que la soldadura del raíl en el kilómetro 318,7 cedió.
Fallos constantes, retrasos crónicos y averías inexplicables han transformado el que debería ser un sistema de transporte moderno en una lotería mortal, donde la suerte decide si llegas a tu destino o terminas en las noticias como una estadística más del sanchismo.
Aunque no existe todavía un diagnóstico definitivo de las causas, la más probable del desastre en Adamuz apunta directamente a un deficiente mantenimiento de las vías férreas, con investigaciones preliminares revelando uniones rotas en los raíles que podrían haberse detectado y reparado a tiempo.
Advertencias previas de sindicatos como SEMAF sobre desgastes graves en las infraestructuras, incluyendo baches y desequilibrios en las líneas, fueron ignoradas por el Ministerio de Transportes.
Este fracaso no es solo técnico, sino político: otro tropiezo de Sánchez y sus secuaces, que priorizan agendas ideológicas y alianzas partidistas sobre la seguridad de los ciudadanos, perpetuando el mayor caos ferroviario en la historia reciente de España.
Mientras el Gobierno recauda impuestos como salvaje, exprimiendo a los españoles con cargas injustas y subidas constantes, el dinero público se desvanece en regalos a amiguetes, subvenciones dudosas y proyectos faraónicos que no benefician al bien común. No invierten suficiente en mantener las infraestructuras ni en mejorar los servicios esenciales, dejando que el ferrocarril se deteriore hasta el punto de la tragedia.
España, bajo el caos del sanchismo, se hunde en la ineficiencia y el desprecio por la vida humana, donde la propaganda oculta la realidad de un país al borde del colapso. Y ahora, ¡oh sorpresa!, el accidente más grave de la alta velocidad en la historia de España ocurre en una vía "renovada" hace meses con 700 millones de euros de nuestro dinero, en una recta perfecta, con trenes "prácticamente nuevos" y sin fallo humano aparente.
Sánchez y los ministros, abrumados bajo el peso de su responsabilidad, piden "no especular" con el accidente y prometen encontrar la verdad en un país donde la verdad siempre está escondida. Mejor no especular con que el mantenimiento era una broma, los controles un chiste y la seguridad una víctima más del postureo sanchista.
¡Bravo por el Gobierno del cambio!: de la ruleta rusa al entierro colectivo en tiempo récord.
Francisco Rubiales
El reciente accidente en Adamuz, con más de 40 fallecidos en un choque de trenes de alta velocidad, no es un hecho aislado, sino el trágico clímax de un caos ferroviario que se arrastra desde hace años.
Hay negligencia y culpa. Por mucho que las circunstancias del accidente sean "extrañas", como ha declarado el presidente de RENFE, es incontrovertible que ADIF, la empresa responsable de las vías, notificó al menos ocho incidencias técnicas en el tramo de Adamuz durante los últimos quince meses.
El descarrilamiento del tren de IRYO se produjo tras saltar el raíl número 23117. La investigación ha confirmado que la soldadura del raíl en el kilómetro 318,7 cedió.
Fallos constantes, retrasos crónicos y averías inexplicables han transformado el que debería ser un sistema de transporte moderno en una lotería mortal, donde la suerte decide si llegas a tu destino o terminas en las noticias como una estadística más del sanchismo.
Aunque no existe todavía un diagnóstico definitivo de las causas, la más probable del desastre en Adamuz apunta directamente a un deficiente mantenimiento de las vías férreas, con investigaciones preliminares revelando uniones rotas en los raíles que podrían haberse detectado y reparado a tiempo.
Advertencias previas de sindicatos como SEMAF sobre desgastes graves en las infraestructuras, incluyendo baches y desequilibrios en las líneas, fueron ignoradas por el Ministerio de Transportes.
Este fracaso no es solo técnico, sino político: otro tropiezo de Sánchez y sus secuaces, que priorizan agendas ideológicas y alianzas partidistas sobre la seguridad de los ciudadanos, perpetuando el mayor caos ferroviario en la historia reciente de España.
Mientras el Gobierno recauda impuestos como salvaje, exprimiendo a los españoles con cargas injustas y subidas constantes, el dinero público se desvanece en regalos a amiguetes, subvenciones dudosas y proyectos faraónicos que no benefician al bien común. No invierten suficiente en mantener las infraestructuras ni en mejorar los servicios esenciales, dejando que el ferrocarril se deteriore hasta el punto de la tragedia.
España, bajo el caos del sanchismo, se hunde en la ineficiencia y el desprecio por la vida humana, donde la propaganda oculta la realidad de un país al borde del colapso. Y ahora, ¡oh sorpresa!, el accidente más grave de la alta velocidad en la historia de España ocurre en una vía "renovada" hace meses con 700 millones de euros de nuestro dinero, en una recta perfecta, con trenes "prácticamente nuevos" y sin fallo humano aparente.
Sánchez y los ministros, abrumados bajo el peso de su responsabilidad, piden "no especular" con el accidente y prometen encontrar la verdad en un país donde la verdad siempre está escondida. Mejor no especular con que el mantenimiento era una broma, los controles un chiste y la seguridad una víctima más del postureo sanchista.
¡Bravo por el Gobierno del cambio!: de la ruleta rusa al entierro colectivo en tiempo récord.
Francisco Rubiales